Tráfico humano

http://www.socialismo-o-barbarie.org/calamidades_capitalistas/060528_migracionesenelmundo.htm


Tráfico
humano

Por
Adán Salgado Andrade [1]

Para
Socialismo o Barbarie, 21/05/06

Actualmente, todo cuanto
pueda ser comercializado y rinda una muy buena ganancia, pronto se
convierte en un gran negocio. Tal es el caso del tráfico internacional de
personas, el cual, de acuerdo con la Organización Internacional de la
Migración, monta anualmente unos $10,000 millones de dólares, hablando
conservadoramente. Aproximadamente cuatro millones de personas emigran
hacia otros países cada año con tal de hallar una ocupación que les
proporcione un “mejor nivel de vida”, lo que no sucede en sus países
de origen, en los cuales los efectos del neoliberalismo y la globalización
han causado una serie de estragos, entre los que se pueden citar la
pauperización creciente, el abierto desempleo, la reducción a niveles
lamentables de la actividad económica e, incluso, en algunos casos, el
peligro de que esos países desaparezcan como entidades nacionales por los
separatismos que se han ocasionado, como ha sucedido, por ejemplo, con la
ex URSS, Yugoslavia o Checoslovaquia.

Hasta
antes de la desaparición del llamado segundo mundo, encabezado por la Unión
Soviética, las regiones que sobresalían por la mayor cantidad de
emigrantes eran África, Asia y Latinoamérica. Sin embargo, luego de los
cambios geopolíticos surgidos ante la desaparición de la URSS, otros
lugares y países han pasado a ser parte de un creciente tráfico humano
ilegal que, como se señaló, constituye un gran negocio. Mick Keelty, un
funcionario policíaco australiano encargado de los delitos cometidos por
el tráfico ilegal declara. “No hay duda de que el tráfico ilegal de
personas es una actividad del crimen organizado, muy lucrativa, que ha
tendido a incrementarse en los últimos dos o tres años, pues se trata de
una mercancía negociable, como cualquier otra. A los delincuentes
organizados no les importa qué tipo de mercancía se comercie, con
tal de que obtengan buenos dólares por esa actividad. Por eso estamos
viendo que se está cambiando de la venta de droga por la venta de
humanos”.

El
tráfico humano hacia los países ricos crece cada año, a pesar de los
esfuerzos de éstos por impedirlo. Como ejemplo, tómese el caso de los
Estados Unidos, nación que aunque ha querido impedir el paso de
indocumentados latinoamericanos, sobre todo de mexicanos, a su territorio,
con muros triples, aviones vigías robots, muchos guardias fronterizos,
grupos xenofóbicos (los llamados minuteman, por citar algunos) y,
en estos días, de plano con una declarada, infame militarización
ordenada por los halcones y George Bush, aún así, continúa el
exilio hacia allá de necesitadísimas personas que sólo trabajando en
ese país en el campo, o de obreros o de sirvientes o lavando baños, ven
su salvación para salir de la pobreza en que viven.

Y
cada país tiene su área de influencia. Por ejemplo, a Australia se
dirigen emigrantes de Indonesia, a los cuales los traficantes les cobran
entre $600 y $2,500 dólares por persona por llevarlos en bote desde las
playas indonesias hacia ese país[2]. A Estados Unidos,
como señalé, llegan mayoritariamente mexicanos y latinoamericanos. En el
caso de los mexicanos que tratan de cruzar ilegalmente la frontera
ayudados por los “coyotes” pagan actualmente alrededor de $1000 dólares,
en lugar de los $300 que antes les daban a aquellos porque, según los
traficantes, “ahora es más difícil pasarlos”. (y ya no digamos con
la frontera militarizada). Europa occidental está “inundada”, de
acuerdo con sus autoridades, de asiáticos y africanos que buscan en esa
región una mejoría económica para sus desesperadas vidas.

Y
aunque el aumento en el problema de la inmigración se debe a la crisis
económica neoliberal, que los intereses de los países ricos han
contribuido a profundizar, éstos no parecen entenderlo así, y han
emprendido una serie de medidas para detener el tráfico ilegal de
personas, algunas de ellas de corte fascista. En Estados Unidos, por
ejemplo, a raíz de los incidentes del 11 de septiembre del 2001, se han
estado imponiendo medidas mucho más restrictivas a los inmigrantes, aún
cuando éstos sean legales, entre las cuales se contempla crear un banco
de datos que registrará minuciosamente todas las entradas y salidas de
la totalidad de visitantes extranjeros a ese país, aumentar el número de
sus agentes de inmigración, verificar que aquellos con visa de
estudiantes realmente estén inscritos en las escuelas en que tomarán
clases, así como la expedición de pasaportes que cuenten con información
amplia y precisa del inmigrante con sólo escanear la huella digital del
portador, y eso sin contar que cualquier inmigrante que sea o parezca árabe
es sometido a un minucioso interrogatorio, prácticamente policíaco[3]
(todo esto coordinado por el Departamento de Seguridad Doméstica, algo así
como una supersecretaría contra el terrorismo y la
inmigración ilegal). Pero ya desde hace años, los rancheros y
organizaciones xenofóbicas, como los minuteman que viven en la
frontera entre México y EU “cazan” a cuanto mexicano ilegal se atreva
a pisar sus propiedades, aduciendo que ya que el gobierno no hace nada por
parar la entrada de esos “delincuentes”, ellos, por cuenta propia, harán
justicia. Por ejemplo, Miguel Ángel Palafox, el 20 de mayo del 2000,
quien había eludido exitosamente a la patrulla fronteriza a la altura de
Fénix, Arizona, fue descubierto por dos hombres a caballo vestidos de
negro. Uno de ellos le disparó en el cuello. El joven se cubrió la
herida con su camiseta y milagrosamente logró regresar al lado mexicano
en donde le prestaron ayuda, gracias a la cual no murió. En otro caso,
Eusebio de Haro, de 22 años, fue herido en la ingle, sólo porque él y
su acompañante se “atrevieron” a acercarse a un ranchero para pedirle
agua.

En
Italia, varios miembros del gobierno han presionado para que este permita
a sus guardias costeras “disparar a los traficantes”, pues ha habido
algunos decesos de los agentes dado que tienen prohibido hacerlo. Pero la
medida significaría que los agentes podrían disparar
indiscriminadamente, aún a riesgo de matar inmigrantes ilegales. En todo
caso, la presión para adoptar tal medida sería más bien una acción
destinada por los grupos xenofóbicos a detener el tráfico ilegal de
albanos, iraquíes, turcos, kurdos y chinos, principales nacionalidades
que emigran a ese país, los cuales arriban a las costas de Apulia, región
italiana situada en el “talón”, al puerto de Bari, el cual queda a 90
minutos en embarcación del puerto albano de Valona. De todos modos, los
traficantes no corren riesgos y ya cuando están cerca de las costas
italianas, obligan a los ilegales a saltar y “nadar” a tierra firme,
sin importarles si éstos saben hacerlo. Como consecuencia, varios se
ahogan, como fue el caso de dos mujeres chinas que perecieron a principios
no hace mucho cerca de las costas de Giovinazzo, población de Apulia. En
Australia, se trata de combatir el tráfico aplicando penas más severas,
que van desde 20 años de encarcelamiento a los traficantes, hasta multas
de $120,000 dólares.

De
todos modos las modernas prácticas europeas de seguir contando con
“servidumbre”, a la manera medieval, alientan la inmigración. Los
ilegales, principalmente mujeres, son empleados en los hogares
“acomodados” y sometidos a largas jornadas, sin darles vacaciones, ni
lugares decentes en donde dormir, de acuerdo con un reporte del Consejo
Europeo, establecido en Estrasburgo, quien señaló que “las condiciones
de trabajo y de vida (de los inmigrantes) son una afrenta en contra de la
dignidad humana”, el cual estima que alrededor de cuatro millones de
mujeres son vendidas cada año para realizar labores domésticas. “Estas
mujeres trabajan entre 15 y 18 horas diarias sin que se les permita por lo
menos tener un día libre, no poseen cuartos propios y muchas veces deben
comer las sobras de sus empleadores”. Muchos de los empleadores
provienen de África occidental y el
Medio Oriente, pero otros son europeos, asiáticos e, incluso, de
los Estados Unidos. Alrededor de un 20% de ellos son diplomáticos o
poseen puestos especiales, por lo que gozan de inmunidad contra cualquier
acción legal, señala también el reporte. Sin embargo, el grupo privado
“Comité contra la esclavitud moderna”, establecido en París, señala
que se ha encargado de entablar juicio en unos 200 casos contra
empleadores ilegales en Francia, país en donde se estima que miles de
mujeres han trabajado como esclavas domésticas, las cuales provienen de
naciones de África occidental, Madagascar, India, Sri Lanka y las
Filipinas. Como esas mujeres no hablan el idioma del país en que se
“emplean”, no pueden defenderse, además de que en su condición de
ilegales, temen denunciar a su empleador por temor a que las denuncie y
sean deportadas. Y en Europa, la legislación para prohibir este tipo de
“esclavitud moderna” apenas si está en sus comienzos. En todo caso,
como ya se vio, se tratan de imponer medidas, algunas bastante drásticas,
para impedir la inmigración de ilegales.

Sin
embargo, ni esas medidas, ni el peligro que implica para los inmigrantes
trasladarse a otros lugares, impiden que el tráfico humano crezca, así
como las utilidades de los traficantes obtenidas de las tarifas que cobran
por transportar a la gente.

Es
el caso de los traficantes chinos, los llamados “cabezas de
serpiente”, gángsters chinos dedicados al tráfico humano, quienes cada
año obtienen cientos de miles de dólares de ganancia por llevar
ilegalmente ciudadanos chinos a Estados Unidos. Estos traficantes tienen
contacto con todas las comunidades chinas del mundo. Por el equivalente a
$37,000 dólares, los “cabezas de serpiente” prometen a los prospectos
a llevarlos a la ciudad de Nueva York. Se emplean viejas y frágiles
embarcaciones, generalmente cargueros coreanos (de Corea del Norte), para
llevarlos por alta mar desde la provincia de Fujián. En esos barcos no
hay ningún tipo de comodidades y los ilegales viajan como animales dentro
de las bodegas, hacinados, en condiciones totalmente insalubres, con dos
cubetas como “baños, una para hombres y otra para mujeres. Reciben
algunos vegetales, arroz, cacahuates y agua como alimento, pero nada más.
En todo momento son vigilados por guardias armados chinos y coreanos,
quienes, en ocasiones, eligen a algunas mujeres, a las que suben a
cubierta para ser violadas. Nadie puede protestar o reclamar, pues es algo
de lo que los “cabezas de serpiente” reclaman como “parte del
trato”.

En
esas condiciones, durante cinco semanas son trasladados por el océano Pacífico,
recorriendo 14,000 kilómetros. Muchos de los inmigrantes mueren durante
la travesía y los que sobreviven, aún deben de pasar por muchos más
peligros y arriesgados recorridos.

La
primera tierra firme que pisan es la costa de Guatemala, a donde son
trasladados en pequeños botes por gángsters taiwaneses… los que logran
llegar, pues muchos son descubiertos por la policía guatemalteca y
arrestados en el intento. Quienes evitan el arresto son conducidos a casas
de chinos que viven a las afueras de la ciudad de Guatemala, en donde
deben esperar varias semanas hasta que la policía desista de buscarlos.
Después, son escondidos en el piso falso de un camión de carga que
acarree fruta y llevados a México, en donde se la pasan viajando y
escondiéndose en bosques y lugares agrestes, hasta que son contactados
por “coyotes”, quienes obtienen $5,000 dólares por cada chino de los
“cabezas de serpiente” para pasarlos por el desierto a los Estados
Unidos (algunas veces son descubiertos por la policía de inmigración
mexicana estos “cargamentos humanos” chinos). Si todo “sale bien”,
los asiáticos sobrevivientes llegan a Houston, de donde son llevados a
Los Ángeles y de ahí, en avión, a Nueva York. Los gángsters chinos
pueden aumentar la tarifa hasta $50,000 dólares si hay muchos problemas y
reciben el pago únicamente a la llegada a su destino de los ilegales.
Entonces, sus familias en China son avisadas y es allá en donde deben de
pagar. Si la familia no puede hacerlo, los ilegales son puestos a trabajar
para la mafia como vendedores de droga o, en el caso de las mujeres, como
prostitutas hasta que “salden su deuda”. En estas travesías tan
largas y peligrosas, pocos logran llegar a su destino, pues, los más
afortunados, son arrestados y deportados por las autoridades migratorias
de los países que deben cruzar. Los menos afortunados perecen, sin que
nadie, ninguna autoridad haga algo por evitarlo. Y, de nueva cuenta, una
fuerte motivación para los inmigrantes es la cuestión económica.

Tráfico sexual

Una variante muy específica
que toma el tráfico humano en la actualidad, es el tráfico sexual,
en el cual, mujeres de distintas nacionalidades son llevadas ilegalmente a
otros países y obligadas a trabajar, en contra de su voluntad, en bares
ofreciendo favores sexuales a los clientes o como prostitutas. A esas
mujeres se les atrae con el señuelo de un “buen empleo” en países
ricos, mediante anuncios colocados en periódicos o revistas, aprovechándose
los engatusadores de las condiciones de pobreza y miseria de los países
en donde “recolectan” su mercancía humana. Varios países de Europa
oriental se han sumado ahora a las regiones en donde los traficantes de
mujeres operaban tradicionalmente, pues, como ya se dijo, las condiciones
de miseria y caos social en que los colocó la desaparición de la URSS y
la imposición del neoliberalismo han creado crecientes situaciones de
desesperación social que llevan a muchos de sus habitantes a buscar
trabajo en otros lugares. Mujeres como Olga, de 23 años, originaria de
Moldavia[4],
ex república soviética, han sufrido en carne propia las acciones de los
traficantes de sexo, aunque en su caso, logró sobrevivir y contar su
historia. <Mire, yo no estaba tan mal aquí. Tenía un trabajo, más o
menos, como enfermera en mi país y quería salir en plan turístico,
pasarme unas vacaciones en otro lugar. Pensé en ir a Grecia, pero ya sabía
que hay muchos embaucadores que engañan a las mujeres para aprovecharse
de ellas, así que recurrí a una supuesta amiga mía de la infancia, para
que me conectara con una agencia de viajes. Allí me ofrecieron un muy
buen paquete turístico en que por el equivalente a $800 dólares, podría
estarme siete días con todo pagado en Atenas. La mera verdad me entusiasmé
bastante, que hago mis maletas y que me voy, según yo, a Atenas, a
asolearme al Mediterráneo. Me llevaron en un carro alquilado,
supuestamente porque así era como se abarataba el precio. Uno de mis
acompañantes, un joven muy simpático, me ofreció una naranjada y que le
doy un trago… de nada más me acuerdo, sólo de que alguien me despertó
y me gritó: “¡Ya no estás en Moldavia, ya te vendimos!”>

Olga
se la pasó los siguientes cuatro días viajando en distintos autos,
cruzando fronteras, hasta que llegó a un pueblito de Kosovo, en donde fue
vendida por segunda vez a dos albanos, dueños de un bar, llamados Nazif y
Luli. Estos hombres la golpearon y la amenazaron con matarla si no
aceptaba prostituirse con los clientes del bar. Olga tuvo que aceptar y
hasta cuatro hombres por noche pagaban por sus servicios sexuales.

Olga,
llorosa y bastante perturbada por los recuerdos, continúa su relato:
<Esos hombres me golpeaban cada que me atrevía a desobedecerlos.
Incluso, una vez que le pedí a un cliente, un hombre de negocios suizo,
que me ayudara, y que les ofreció $5,000 dólares por mí, casi me matan
de la golpiza… horrible, señor, horrible… de milagro que estoy viva,
en serio… no sabe cuánto sufrí…>

Olga
es de las pocas mujeres que logran escapar de su cautiverio o, mejor,
salir vivas. En una ocasión, dos traficantes la llevaban en auto a otro
lugar, cuando el vehículo fue detenido por soldados rusos de las fuerzas
de paz. Gracias a ellos, fue rescatada.

La
Organización Mundial de la Migración estima que cada año entre 200,000
y 300,000 mujeres procedentes de Europa oriental y de las ex repúblicas
soviéticas son llevadas a Europa occidental y Estados Unidos para
trabajar en prostíbulos y centros nocturnos en contra de su voluntad[5].
Es así la región que más está creciendo en cuanto al tráfico
exclusivamente con meros propósitos sexuales, lo que constituye una forma
de esclavitud moderna, una de las más “desdichadas facetas de la
sociedad contemporánea”, según lo califica la Federación
Internacional de Helsinki de Derechos Humanos. Las mujeres son engañadas
y forzadas con todo lujo de violencia para entregarse a actividades
sexuales de las que solamente sus “dueños” son los que obtienen
grandes ganancias. Estas modernas “esclavas” viven en condiciones
infrahumanas, encerradas en sótanos cuando no están “trabajando”,
durmiendo en el piso o sobre mesas, alimentándose de comida chatarra.
Quienes reclaman su libertad, como Olga, son violadas, golpeadas o
quemadas con cigarrillos. Una mujer de 19 años, también de Moldavia,
recientemente rescatada, declaró no haber visto la luz del día en un
mes. “Son unos animales”, dijo, al borde del colapso.

El
problema se ha acentuado en los Balcanes de manera brutal. Bosnia,
Macedonia, y Serbia (lo que era la antigua Yugoslavia), que alguna vez
fueron las fuentes principales (durante la guerra de refugiados de Kosovo
los traficantes peinaban los campos en busca de “reclutas”), en la
actualidad se han convertido en países de tránsito y destino. Irónicamente
ha sido la llegada de las fuerzas de paz en Bosnia y Kosovo, así como de
administradores y funcionarios de desarrollo de la ONU, quienes han creado
un creciente mercado sexual, cuyas demandas son llenadas justamente por
las mujeres secuestradas. De hecho, ahí son “entrenadas” y de ahí,
esas mujeres son llevadas hacia Albania, Italia y a lugares más hacia el
occidente.

Sin
embargo, a pesar del creciente problema, aún no existe una legislación
efectiva para combatir el tráfico ilegal de mujeres, a quienes, incluso,
se les llega a culpar de haber “sido seducidas” por sus captores. Así,
muchas veces, cuando son arrestadas, a las mujeres, simplemente se les
califica de “prostitutas”, en tanto que a los traficantes se les pone
en libertad.

No
sólo las penas para los traficantes son reducidas, sino, como se señaló,
obtienen fuertes utilidades de la explotación de sus “esclavas
sexuales”. La inversión inicial es pequeña: ropa nueva, quizá algún
trabajo dental, boletos de avión o de tren, pero la ganancia es
excelente. Así, aquéllos obtienen de $1,000 hasta $5,000 dólares por
“venta”, además de las ganancias obtenidas por la prostitución
forzada mientras se realiza dicha venta.

La
Organización Internacional de la Migración estima entre $6,000 y $12,000
millones de dólares anuales la ganancia por tráfico sexual.

Lo
peor de esto es que muchos de los traficantes son mujeres que antes fueron
víctimas de aquéllos y que emplean engañosas ofertas de “buenos
empleos” o “económicos viajes turísticos” para atraer nuevas
mujeres a su negocio. Por ejemplo, en Moldavia, una conocida reclutadora
es la hija de un pastor del pueblo y otra, ¡la esposa de un policía!
Estas mujeres emplean los periódicos locales o el Internet para colocar
anuncios en donde se solicitan “mujeres sin complejos para ganar $800 dólares
por semana”. Y en un país en donde el salario mensual promedio es de
unos $30 dólares, es claro que dicha suma es un gran atractivo. Una
reportera de ese país fingió estar interesada y llamó al teléfono
indicado. Una mujer llamada “Angela” le respondió:

–Sí,
mira, solicitamos mujeres que quieran trabajar acompañando a caballeros.
Les pagamos $500 dólares americanos a la semana a las que nada más les
sirvan de compañía, nada más. Pero si están dispuestas a… tú sabes,
a tener relaciones íntimas con esos caballeros, pues ya te imaginarás
que la paga semanal sube muchísimo…

–¿Oiga…
esto no tiene que ver con lo de las mujeres que secuestran para obligarlas
a prostituirse?

–¡Ah,
no, claro que no, no te preocupes…! Mira, estarás protegida por inmigración…

La
mujer pronunció la palabra inmigración en inglés, no en ruso,
como para dar una mayor seguridad a la reportera, la que finalmente le
dijo que más tarde hablaría.

Pero
a pesar de que una de las mujeres secuestradas que logro ser rescatada
identificó a “Angela” como la persona que la embaucó, la policía no
ha hecho ningún arresto, lo cual mostraría, tanto la falta de interés
de las autoridades locales, así como su complicidad en dicha actividad.

Las
mujeres secuestradas son despojadas de su documentación y se les amenaza
con delatarlas a las autoridades locales como “ilegales”, con lo que
se logra su sumisión. Se les tacha de que están tan “feas” que ni
para prostitutas sirven y que mejor sería matarlas, lo que las
aterroriza, volviéndolas mucho más dóciles en su “desempeño
sexual”. Otras mujeres liberadas han descrito cómo se les desnudó y se
les colocó en fila ante compradores serbios para su “inspección”.
También en Kosovo las amenazan con que por sus rasgos eslavos, las tomarán
por serbias y las asesinarán sin compasión.

Como
se señaló, las autoridades locales se han encargado no sólo de
incentivar el tráfico de mujeres, sino que muchas están en complicidad
con los traficantes. Por ejemplo, en 14 de 40 casos de dicha actividad que
se descubrieron en Bosnia, resultó que la policía local, la policía
internacional, así como los elementos de las fuerzas de paz estaban
implicados, tanto como clientes, así como ¡traficantes! Por eso se
entenderá la tremenda indefensión en que se encuentran las víctimas. Y
cuando esas mujeres logran escapar y acuden a alguna autoridad, varias
veces ésta no las toma en serio y simplemente las deporta. Es el caso de
la república Checa, en donde a esas mujeres, simplemente, se les estampa
en sus pasaportes el sello de “indeseables” y se les echa a la
frontera. Por si fuera poco, entre sus conciudadanos, se considera que
ellas tienen la culpa de lo sucedido cuando logran regresar, como es el
caso de un doctor responsable de la sección de enfermedades venéreas de
un hospital, quien dice que “así es, realmente sus problemas ellas
mismas se los ocasionan”.

Otro
problema es que esas mujeres tienen miedo de declarar en contra de sus
captores, lo cual es razonable, dado que constantemente son amenazadas,
sobre todo después de haber dado su testimonio, como sucedió con una de
ellas que al regresar a Moldavia se atrevió a denunciar a sus
secuestradores. “Si te atreves a atestiguar… cuídate…”, a cada
rato es amenazada telefónicamente.

Y
mientras las autoridades del mundo se ponen de acuerdo en “como hacer
justicia” y detener esa cruel actividad, Olga, muy descorazonada, se
lamenta: <Mire, no sé qué hacer… ya testifiqué en contra de los
que me secuestraron y en contra de mi supuesta amiga Oxana, que fue por la
que me metí en todo esto, pero no se me ha hecho justicia, como si a
nadie le importara mi situación. Se la pasan amenazándome por teléfono
que me va a ir muy mal, que me cuide… yo no sé que va a ser de mí en
el futuro… no crea que no trato de darme ánimos, pero nadie me ayuda…
no puedo olvidar lo que me pasó. No hay justicia aquí, nada…”

Tráfico sexual en Estados Unidos

En este país, alrededor de
50,000 mujeres, víctimas del tráfico ilegal, son “comercializadas”
cada año. Por ejemplo, más de 30 mujeres de México fueron vendidas en
Florida y en las Carolinas entre 1996 y 1998, atraídas por la promesa de
que trabajarían como “servidoras domésticas”. Unas 10 mujeres checas
fueron introducidas en Nueva York, a las cuales se les prometieron empleos
secretariales. En 1995, 70 mujeres tailandesas fueron llevadas a varias
ciudades estadounidenses incentivadas por la promesa de que se les darían
empleos con una muy buena paga. Pero en ningún caso quienes las
embaucaron cumplieron las promesas y las mujeres fueron obligadas a
prostituirse. A muy pocas se les ofreció su libertad, como fue el caso de
las mexicanas. A las tailandesas se les dijo que las liberarían hasta que
pagaran “sus deudas”, una vez que tuvieran sexo con 500 hombres. En
este caso, también a las mujeres se les atrae con anuncios que ofrecen
una “mejor vida”, dice Theresa Loar, directora del Consejo
Interagencial de la Mujer, grupo establecido allá en 1995 para
implementar los mandatos emanados de la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer, auspiciado por la ONU. Los traficantes van a las comunidades
rurales de los países pobres durante las sequías o en las épocas en que
el alimento es escaso y les ofrecen a las familias pobres “comprarles a
sus hijas” por pequeñas cantidades de dinero, se señala en el reporte
de la ONU, en tanto que otras muchachas son raptadas de sus hogares o de
orfanatos.

Y como la legislación
vigente es demasiado suave con los traficantes, se sigue alentando el gran
negocio. La pena máxima por venta humana ilegal en Estados Unidos es de
10 años, empleando una anticuada ley de anti–peonaje, en tanto
que comerciar 10 gramos de LSD o un kilogramo de heroína es condenado
hasta con cadena perpetua, es decir, es mucho más penado allá vender
droga, que vender gente.
Algunos casos de traficantes a los que se ha
enjuiciado muestran la blandura de la ley en contra de ellos. Por ejemplo,
en los Ángeles, en donde una mujer china fue secuestrada, violada y
quemada con cigarros, a los traficantes se les condenó a un total de tres
a cuatro años a cada uno. Un hombre de Bethesda, Maryland, que forzaba a
mujeres rusas y ucranianas a trabajar como prostitutas en su “clínica
de masajes”, simplemente se le multó después de que aquél suplicó
clemencia, prohibiéndosele, además, de que en el futuro “estableciera
un nuevo negocio”. En un caso que tuvo lugar en Florida, en donde varias
mujeres fueron violadas, encerradas, prostituidas y forzadas a abortar, a
los acusados apenas si se les aplicaron penas que fueron de los dos y
medio a los seis y medio años de prisión. Además, las mujeres que
logran escapar a sus secuestradores, tienen muy poca protección del
gobierno, de acuerdo con un reporte de la CIA, pues el Servicio de
Inmigración las trata como cualquier otro ilegal, a pesar de su situación.
Ese organismo, sin embargo, tiene permitido expedir un tipo especial de
visa a las víctimas del tráfico ilegal, para que éstas funjan como
testigos federales en los juicios en contra del los traficantes, pero sólo
puede expedir 200 de esas visas especiales, así que el resto de
las mujeres victimadas son tratadas como simples delincuentes que
“violaron las leyes de inmigración estadounidenses”. Por ello, esas
mujeres difícilmente acuden a las autoridades para denunciar a los
traficantes.

Algunas veces, los casos de
tráfico ilegal logran trascender en los medios y los ofensores reciben
justo castigo, sobre todo porque se trata de importantes personalidades.
Fue muy difundido a principios del 2002 el juicio, en el estado de
Arkansas, contra un grupo de traficantes, entre los que se contaron el señor David Jewell Jones, ex ejecutivo de la cadena
televisiva de Little Rock, actualmente consejero administrativo de la
Universidad de Henderson, el señor Mark Riable, ex representante
republicano de Little Rock, abogado y ex juez civil, el dentista Bob
Newton Rushing, de Fordyce, así como el restaurador Tony Ma, inmigrante
chino, que trabaja como restaurador en Little Rock, y su esposa, la señora
Mary Ta. Todas estas personas, respetables como pudieran parecer, habían
ideado un plan para introducir a mujeres chinas a Arkansas, la tierra del
ex presidente Clinton, con la única finalidad de emplearlas como
trabajadoras sexuales al servicio de Jones. Entre octubre de 1991 y mayo
de 1997 esta banda de “respetables ciudadanos” introdujo a varias
mujeres chinas con ese propósito. Jones arreglaba falsos visados de
estudiantes para las mujeres, en tanto que Riable las “casaba”
falsamente con Rushing. El matrimonio Ma servía como intérprete y, además,
“persuadía” a las mujeres chinas a no denunciar a Jones acerca de los
encuentros sexuales que sostenían con él. Fue tan delicado ese caso, que
el fiscal encargado del caso, el señor Pat Harris señaló que se llevaría
“mucho tiempo”. Sí, sólo cuando los casos de tráfico sexual son tan
trascendentes, merecen toda la atención de las autoridades.

Sin embargo, muchos casos,
la mayoría quedan impunes, alentando, así, que ese gran negocio del tráfico
humano mejore día a día.

Y mientras la enorme pobreza
ocasionada por el neoliberalismo persista y siga creciendo y los
comerciantes de “carga humana” sigan haciendo buen negocio de la
necesidad de los ilegales de todo el mundo, el tráfico humano será otra
lucrativa vertiente de este funesto sistema capitalista. (Contacto:
studillac@hotmail.com
)


[1].– * Profesor de la UNAM
(Universidad Nacional Autónoma de México).

[2].– Por cierto que se
trata de frágiles embarcaciones que muchas veces zozobran antes de
llegar a sus destinos, muriendo tanto los traficantes, como los
inmigrantes ilegales

[3].– Aún en ensayos de
laboratorio está la técnica de escánear el iris del ojo, la cual,
según su promotor, el señor John Daugman, es “extremadamente
segura y confiable”. A todos los pasajeros de los aeropuertos se les
examinaría el iris de uno de sus ojos para comprobar que
efectivamente correspondieran con quien se especificara en sus
pasaportes. Por lo visto, a todos, sin excepción, se les daría trato
de “terroristas en potencia”.

[4].–En este país, por
ejemplo, la economía se ha contraído 50% durante la pasada década y
le salario mensual promedio es de $30 dólares, unos 290 pesos. Al
decir de muchos ciudadanos, están ahora peor que cuando el país era
comunista. Es tan alto es desempleo, que muchas mujeres nada más se
la pasan caminando por las calles. De ahí que tantas de ellas quieran
irse a países ricos, con “más oportunidades de progresar”.

[5].– El Fondo para la
Población dependiente de la ONU estima que al año se trafican
alrededor de cuatro millones de mujeres ilegalmente, de las cuales la
mitad son muchachas entre 5 y 15 años de edad y sus ocupaciones van
desde domésticas, hasta prostitutas.

… el "snoopy" Pérez.



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