Nombres, sobrenombres, apócopes, apodos …

Con cariño y en dedicatoria a una Lolita imaginaria, musa etérea que motiva estas reflexiones íntimas. Quisiera tener el genio de Dante y fueras tú la amada Beatriz que guiara mis pasos a través del Paraíso.

 

He starts to shake

He starts to cough

Just like the old man

In that famous book by Nabokov.

 

"Don’t stand so close to me ’86"

The Police

 

 

Lo que yo recientemente percibí como una escaramuza de juegos mentales, y que no son más que juegos fatuos (una vez más mi mentecita jugándome malas pasadas ?O no?) me ha hecho traer recuerdos gratos a la memoria. No es esto  muy frecuente para un neurótico convencido, que ve la vida como si trajera un cristal de doce sombras, como aquellos que llevan las caretas que solíamos usar en el taller de soldadura de la secu. Irónicamente, estos ?inofensivos? juegos son pretexto para explorar una faceta latente que no había ejercitado.

 

Me cuenta mi mamá (bueno, yo le pregunté; dicen por ahí que soy muy Chona, y me gusta saber más de lo estrictamente necesario) que mi nombre, lo sugirió mi prima Ana Melba, una vez al nacer; dizque en honor a Marco Antonio Muñiz. Mmmmm. No me hace mucha gracia la referencia al tipo ese, pero sí en cambio la bendita recomendación. Me place mucho.

 

En realidad, de los cuatro hermanos que somos, yo soy el único que tiene dos nombres a la usanza latinoamericana, tipo telenovela chafa de Televisa. Al primogénito, lógico había que honrar al patriarca familiar, el nombre a ese loco consentido le viene por mi abuelo paterno: Francisco  y le llamamos Pancho. A Rodolfo, el segundo de nosotros, que lleva el mismo nombre de mi papá, le intentaron llamar rorro como a él -sí, ya sé que suena medio melcochón pero así le llamaba mi abuela Ana-, pero el menso de Pancho no podía pronunciarlo y le llamaba Yoyo, por más que le insistían, no, rorro, terco con Yoyo, así que, para terminar en paz con eso, se le dejó Yoyo. Ricardo es el más chico de nosotros, a ese es fácil, mi papá le llama Rico y mi mamá solía llamarle Riquis cuando chico, espero que no siga haciéndolo a estas alturas, ja.

 

Por lo que a mi respecta – habrán concluido que soy el tercero de 4 varones- mi familia más cercana, me llama Tony. No tengo idea porqué no se les ocurrió llamarme Toño, aunque para ser sincero, ese forma nunca me hubiera agradado; no sé, suena vulgar, sin clase. !Ah! ya me acordé, seguramente me llaman Tony porque nací en una típica familia clasemediera citadina, con supuestos lazos españoles. Entonces hay que darle un sobrenombre que dé status, whatever that means. Yo más bien pienso que es la clásica aspiración arribista de escalar clases. En todo caso, Tony es el que más me evoca recuerdos félices que van desde el sincero amor materno, pasando por el franco de mi abuela Concha, a la repetición ínsipida de mi abuela Ana. Muy pocos amigos o conocidos en realidad saben que está forma de llamarme es en verdad la más cálida para mi, y llegan a sorprenderse cuando soy llamado así por mis más cercanos familiares. Por eso, cuando el "Chaco" (uno de los que buscaban la velocidad y el peligro cuando pequeños, según la versión de su tía) me acompaño a Matamoros (en "El pulguitas" que aguantó todo el trayecto desde Cuernavaca sin protestar) para juntarle documentos probatorios al Conacyt antes de venirme a Inglaterra, sólo atinó a decir: ?Apoco te dicen Tony?  

 

Por supuesto, hay diferentes variantes a este caluroso Tony, de acuerdo con las intenciones de quién lo pervierte. Lo más que mis pensamientos puden remontarse al pasado llegan a la temprana infancia, tres o cuatro años de edad cuando mucho. Los recuerdos evocan a mis maravillosos tíos maternos: Beto y Luis, ambos ya fallecidos. Sin duda alguna, fueron ellos quiénes más influyeron en mi afición por el fut. Pero ese tema, para no aburrir a una que otra femina que llegue a este espacio, será motivo de otro "blog". Por ahora baste saber que ellos solían llamarnos con la terminación sesentera-setentera "iza", así tenemos: La Panchiza, La Yoyiza, La Toniza, but of course, y la Ricardiza supongo, porque la neta no registro esa. Suele decir mi mamá que su deporte favorito -aparte del pambol- era hacernos desatinar; después del trabajo pasaban a nuestra casa (cuando aún vivíamos en la colonia Tamaulipas, junto con tíos y abuelos) a jugar bruscamente con los varoncitos, pero eran tan pesados , añade ella, que frecuentemente nos dejaban en bola llorando. Esto contradice la teoría de que los hombrecitos no lloran. Muy interesante.

 

En este mismo tono chacotero, nosotros mismos entre hermanos solíamos bromearnos, you know how bad boys get, por ejemplo al yoyo, le fregaba con la Yoya (por cierto se me antojaron las Tortas de la barda de la yoya junto al recinto portuario en Tampico, únicas en todo México) y pues el me la regresaba con la tonga. A Pancho, no acabo de acordarme porqué pero le pusé "El Sócrates" creo por cabezón, pero la relación con Sócrates ni idea, también obvio la Pancha y con más razón que enfrente de la casa vendían unos tacos con ganas que toda la gente llamaba de Doña Pancha por la matriarca de la casa, los tacos eran de chicharron, arroz con carne, huevo, chin se me volvieron a antojar, y no es porqué esté embarazado, ya los viera a ustedes sufriendo el infumable "full english breakfast", !ah! y pues Francisco me regresaba en pago con la "Tonina Jackson". Ricardo nunca tuvo predilección por nuestros juegos rudos, y no lo culpo. No recuerdo hacerle burla por el nombre ni que el me regresara algo sangrón como Pancho o Yoyo.

 

Como toda buena familia clasemediera con pretensiones, se nos vendió la idea (y parece que al final funcionó, como en el caso del mito de la identidad mestiza mexicana) que eramos una gran familia. Bueno, espérense, esto aplica por parte del apellido Salas, de los Flores es una historia en lo exterior más sencilla, pero como se los adelanté un poco con mi tío Beto y Luis, mucho más vívida. Por la familia Salas es cierto pasamos innumerables fines de semana increíbles.Tengo recuerdos muy presentes de la forma en que tíos, primos, y demás familia en primer grado solía llamarme. Para muestra basta un botón:

 

Tono tortólo

cabeza de bolo

calzon colorado

camisa de palo.

 

Esa rima no se si es la brillante creatividad de mi primo Daniel o se la pirateo de por ahí, pero es bastante singular, ?no creen? A él mismo Pato (el Daniel) también a veces se refería a mi como Toro miofo. Esto de toro, me lo acomodraron porque mi papá, para sublimar sus fracasos futboleros, aparte de haber sido árbitro de fut, más de una vez organizó un equipo de fut de niños, pero Pancho y Yoyo me llevan 4 y 3 años en edad respectivamente; no importaba yo jugaba con los grandes, mi papá me hacía jugar de lateral izquiero, y nadie pasaba por ahí porque a la menor provocación salía corriendo y moles la barrida, si supieran esto los mexicanos del equipo de 6-a-side acá ya no me haría tanta burla tildándome de asesino por mis barridas.

Liliana, hermana de Daniel (compañera de salón en la secundaria, y jefa de grupo antes que yo), es la única que hizo diminutivo el Tony, para reducirlo a un, aunque cariñoso, verdaderamente meloso Tonito. En general, con excepción, tal vez de Tono de Doris, soy conocido como Tony por la familia cercana.

 

Pero Liliana ha encendido un interrruptor en mi memoria: son los años de la secundaria. Un rápido recuento me hace recordar, al Chilango, los cuates, la loba, el jalapelos, la cookie, Cristina, Poncho Macías, el Pitufo, el Maya, !uf! mejor le paro. Ustedes deben saber que en la vida académica temprana de lo que se trata es de despojarnos de toda singularidad y masificarnos; así hay que buscar la forma de ser llamados sin hacer alusión a lo humano; así somos muchas veces llamados por nuestros apellidos, a menos que haya varios y pus ya entra el nombre, o el tuyo sea muy raro y es más fácil utilizarlo que el apellido. Recuerdo que se me llamaba Salas, hasta recuerdo que una subdirectora, como siempre fui bueno -hasta que llegaste a prepa wey, me recuerda socarronamente el subconsciente- en calificaciones, se tomó el atrevimiento de llamarme Salitas.

 

Bueno, aún mis mejores amigos los cuates (Julio César y Juan Ramón), me decían Salas, andele, también Salitas, acuérdate era verdaderamente una familia de gigantes, unos años después que regresé a su casa, la niña Mily ya sobrepasaba con mucho mi estatura, lo cual no es muy difícil de conseguir, por cierto. Sólo Julio un tiempo después, por la amistad que todavía nos une, fué capaz de llamarme Tony de entre los amigos que dejé en la secu. Claro bobos, Liliana es mi prima hermana y no cuenta.

 

… Continuará 

 

P.D. Por cierto, !Qué hermosas pestañotas! La combinación perfecta para esos preciosos ojos castaños.

 

 

 

 

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