México Fragmentado

http://www.jornada.unam.mx/2006/08/08/040a1cap.php 

Nora Patricia Jara

Una historia conocida

¿Qué pasaría si un político de izquierda llega a presidir un gobierno? La interrogante, producto de la literatura fantástica o de la política ficción, es tema para realizar una novela como la que da vida a Harry Perkins, trabajador del acero de tercera generación, que piensa que puede promover el cambio social por medio del sistema democrático en la era de Margaret Thatcher.

A very british coup o Un golpe muy británico es una historia de Chris Mullin, periodista y escritor inglés, defensor de las victimas de la injusticia y opositor del acortamiento de los derechos civiles en su país, la cual se llevó a las pantallas de la televisión pública del Reino Unido, con gran aceptación, por cierto, por Chanel Four en 1988, y recién se exhibió en el Centro Cultural KLANK que dirige el historiador y periodista belga Frank Silkens, en la colonia Roma.

El autor concibió el libro en octubre de 1980, luego de su regreso en tren de una reunión del Partido Laborista en Blackpool, donde se discutía el establecimiento de un gobierno de izquierda y las posibles reacciones que se podrían manifestar, cuando Gran Bretaña y Estados Unidos planeaban la instalación de misiles de travesía en bases británicas. La amplia experiencia de Mullin en temas políticos y sociales lo llevaron a editar la obra en 1982, tiempo en que los laboristas definían la dirección que debían tomar, planteando el dilema entre la radicalización hacia una política de izquierda o una moderada o de centro.

En el filme, de producción independiente, Harry Perkins, trabajador socialista originario de la ciudad de Sheffield, interpretado por el actor irlandés Rayo Mcanally, gana las elecciones para primer ministro con amplio margen sobre su rival conservador, e intenta hacer una agenda de trabajo, con prioridad en la eliminación de las diferencias de clase y los privilegios, el desarme nuclear unilateral y un gobierno abierto con atención especial en la alimentación, la educación y la salud para las mayorías.

Con la misma ingenuidad que lo hace caminar desde los suburbios donde habita hasta la residencia ministerial de Down Street, en medio una prensa que observa sorprendida y burlona su sencillez rústica, trata de formar un gabinete donde prevalecen feministas, activistas políticos radicales, socialistas y economistas moderados. Con su arribo al gobierno inglés, comienza el acoso y los escándalos mediáticos, que se confabulan con los servicios secretos estadunidenses para derrocarlo de manera subrepticia, ante sus intenciones manifiestas de terminar con la escalada bélica, y de forma particular contra los monopolios que manipulan la información.

El drama dirigido por Mick Jackson, maestro de la escuela de Palmer, de la Universidad de Southampton, y con guión de Chapista Alan Fréderick, escritor de radio, tv, teatro y cine, con reconocimientos y grados honorarios de la Universidad de Northumbria, Newcastle, como haber sido nombrado comandante de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la dramaturgia, impulsó el debate sobre la verdad de los servicios de seguridad británicos y estadunidenses, permitiendo la revisión pública de casos como la conspiración para deponer el gobierno de Harold Wilson en la década de los setenta.

Johann Hari, periodista y escritor escocés, miembro del Partido Laborista y uno de sus grandes críticos, columnista de The Independent y articulista de Le Monde Diplomatique y del periódico Ha’aretz, reseñó que la película "ofrece una penetración contemporánea del pensamiento en la facción del ala radical del Partido Laborista, liderada por Benn Tony", en los años 70 y 80.

En esta historia destaca la lucha por el control del país y la sobrevivencia de un político que enfrenta a los líderes de los sindicatos corruptos, que realizan huelgas masivas para obtener favores que alimenten los privilegios del hampa sindical, junto con falaces denuncias de supuesta corrupción, ideadas por los servicios de inteligencia, en colaboración con los barones de la prensa, para lograr su dimisión.

Desde su aparición en la televisión pública e independiente, producto de la liberalización de la industria de la radio y la tv británicas, la serie ocupó la atención de millones de televidentes, promovió el debate de ideas y enfrentó las condenas de los periódicos conservadores como The Sun y Daily Mirror, que la calificaron de "propaganda socialista". A very british coup puede ser ahora, tal vez, ¿por qué no?, ese golpe de Estado mediático del que da cuenta en Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet, en su articulo México Fragmentado, o aquí cualquier semejanza puede ser una mera coincidencia.

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