La violencia es siempre inútil (3)

http://www.jornada.unam.mx/2006/09/03/sem-mauricio.html

Mauricio Schoijet

De la historia y significado
de la desobediencia civil

El 20 de agosto, el periódico Reforma publicó dos artículos, uno de Isabel Turrent, y el otro, de Mario Melgar Adalid, funcionario de la unam. La primera pretende deslegitimar a la resistencia civil encabezada por Andrés Manuel López Obrador, negando que tenga relación alguna con la que encabezó Mohandas Gandhi en India, en el período que va desde 1918 hasta la independencia de ese país en 1947. El segundo, aunque le reconoce algún mérito a López Obrador por "su compromiso y entrega a su causa", reproduce las ilusiones de la burguesía trasnacionalizada sobre una solución suave a la crisis política, y presenta una versión minimizada del movimiento dirigido por Martin Luther King contra la discriminación racial en Estados Unidos, en la década de 1960. Además, la profesora cae en la pedantería al acusar a López Obrador de ignorante y egocéntrico, en lo que concuerda con los académicos de la burguesía que enfatizan supuestos aspectos de la personalidad de los dirigentes para esquivar el análisis de fuerzas sociales. ¿De veras le consta que Martin Luther King leyó todo lo que supuestamente debía leer sobre Gandhi, o que lo que supone que no leyó López Obrador tiene mucha importancia para el caso?

Turrent sólo le reconoce un paralelismo en los supuestos errores del indio, lo que es una manera falsa de plantear el problema, porque el punto esencial está en si un movimiento social puede caracterizarse principalmente por sus errores y no por sus objetivos y su táctica. Hay una coincidencia esencial que consiste en que Gandhi y King encabezaron acciones ilegales que desafiaban a instituciones legales pero ilegítimas, y que López Obrador hace lo mismo, exponiendo en los tres casos a sus seguidores a la violencia gubernamental. Seguramente Gandhi y King cometieron errores, y creo que también López Obrador, pero lo que la profesora parece no advertir es que en los movimientos sociales es normal que los haya, y que los de Gandhi y de King no deslegitimaron sus acciones. Parece pertinente mencionar que el segundo era totalmente consciente de haberlos cometido. Escribió que "todos sabíamos que los retrocesos formarían parte de la labor que nos traíamos entre manos. No existe teoría de la táctica alguna que sea tan buena que se pueda ganar la lucha revolucionaria […] simplemente apretando una fila de botones […], los seres humanos deben cometer errores y aprender de ellos, cometer más errores y volver a aprender […] los únicos maestros son el tiempo y la acción". (Citado por Doug Mc Adam en Los movimientos sociales: una perspectiva comparada, Istmo, 1999, subrayados en el original.)

El punto central de la crítica de Turrent está en la falta de espíritu conciliador en López Obrador, que Gandhi sí habría tenido. López Obrador debería negociar con los fraudulentos la posibilidad de elecciones limpias en algún futuro.

Turrent se quedó corta, ya que no sólo fue Gandhi un conciliador con el imperialismo británico, fue durante veinte años un agente activo de éste, y sólo en sus últimos años lo enfrentó de una manera intransigente. Después de estudiar en Inglaterra, vivió en Sudáfrica, que era una colonia británica que contaba con una importante población de origen indio, y que era víctima de la discriminación racial. En 1899 estalló la guerra anglo-boer, en que el imperialismo británico liquidó las Repúblicas independientes de Transvaal y Orange de los afrikaners blancos de origen holandés. Gandhi organizó un cuerpo indio de voluntarios auxiliares médicos del ejército imperialista, en que él mismo participó. Regresó a India en 1915, cuando ya había estallado la primera guerra mundial, y llamó a los indios a apoyar a Gran Bretaña y a incorporarse al ejército británico.

Sólo hasta 1918 comenzó Gandhi su lucha contra la dominación imperialista. En efecto, mostró su espíritu negociador al participar en una conferencia sobre el futuro de India convocada por las autoridades británicas en Londres, en 1931, que no sirvió para nada. Turrent defiende al imperialismo británico, porque la represión que costó miles de muertos y que encarceló a cien mil indios no afectó la libertad de prensa, una forma de disculpar el salvajismo colonialista en nombre de los altos valores de la democracia. También critica a Gandhi por haber continuado su movimiento en 1942, cuando Gran Bretaña estaba en guerra con Japón. Estaba totalmente en su derecho, y la posición que tuvo en ese momento puede considerarse como una reversión de la que mostró durante la primera guerra mundial; y era totalmente correcta, porque desde el punto de vista de India no era justo que sus habitantes dieran su sangre para apoyar la continuación de la dominación británica. No por casualidad Turrent critica a Gandhi, cuando hubiera debido criticar a los británicos que aun en esas circunstancias tan difíciles continuaban aferrándose al colonialismo, negándose a otorgar la independencia inmediata a India.

Melgar Adalid sostiene que la violación de derechos de terceros es una "salvajada", y que "el costo que deberá pagarse será muy alto", aparentemente dando por sentado que el pan, Calderón y la gran burguesía no tienen por qué pagar nada. Trata de blanquear a los fraudulentos; por supuesto que no hubo fraude, los problemas se deben "al encono político" (¿caído del cielo?); a "la novatez" de las instituciones, por supuesto que no a la persistencia de prácticas arraigadas durante muchas décadas y a la supuestamente casual "incapacidad del Estado para conducir los procesos políticos". Sugiere que la protesta se irá extinguiendo y las cosas irán tendiendo a la "normalidad", o sea que muestra una incapacidad radical para entender que el desafío a las instituciones, dentro del contexto de un enorme descontento de decenas de millones, podría tener el potencial para terminar con Calderón o cualquier otra solución espúrea que el "partido" del "orden" pretenda imponer. Evoca posibilidades que podrían resultar inoperantes, como la de que este "partido" podría llamar a no pagar impuestos, lo que seguramente no impresionaría a los que protestan; o la de destituir al Jefe de Gobierno del df, lo que probablemente no legitimaría una eventual represión.

La dimensión del conflicto estadunidense es reducida por Melgar Adalid a un aspecto menor, el del apoyo del poder judicial a las acciones del movimiento. Olvida lo esencial: que por medio de acciones ilegales masivas, que tuvieron que aguantar una represión brutal, el movimiento de Martin Luther King convenció al gobierno de Kennedy, inicialmente renuente a definirse a favor de los negros y cómplice de los racistas, que tenía mucho que perder, tanto en términos de imagen a nivel internacional como de influencia del Partido Demócrata sobre las masas; y que ese cambio de posición del gobierno fue decisivo para acabar con la segregación racial.

Las posibles ilusiones de Melgar Adalid son probablemente reflejo de la soberbia y el cinismo de la gran burguesía mexicana y de sus operadores políticos, que creen poder seguir con las prácticas fraudulentas que seguramente operaron desde que hubo elecciones en México, sin convencerse de que el país ha cambiado lo suficiente como para que resulten peligrosas. La lucha contra el fraude se inscribe en la gran lucha de los pueblos de América Latina contra el neoliberalismo y por la democracia, cuyos puntos más altos fueron la liquidación, mediante grandes rebeliones populares, de los gobiernos de De la Rúa en Argentina, en 2001, y de Sánchez de Lozada, en Bolivia, en 2003. La situación de Oaxaca podría prefigurar acontecimientos a nivel nacional, y Felipe Calderón y la fuerza social que trata de imponerlo harían bien en reflexionar sobre la forma en que terminaron los gobiernos mencionados.

Martín Luther King retó a las autoridades racistas a reprimir las manifestaciones contra el racismo, como López Obrador está respondiendo a la agresión de las instituciones viciadas contra el pueblo, desafiando al "partido" del "orden" a reprimir a los que defienden la democracia. Se vale que el pueblo agredido por instituciones que han perdido legitimidad perturbe actividades escolares, políticas y fiestas patrias, si se está dispuesto a pagar el precio. Se vale hacerles pagar por la campaña sucia y por el fraude. Así como la acción de masas acabó con un aspecto inicuo, es decir, con el racismo de la democracia institucionalizada en Estados Unidos, la legítima resistencia popular podría conquistar la democracia real que hace falta.

 

http://www.jornada.unam.mx/2006/10/19/052o1soc.php

 

 

Navegaciones

Pedro Miguel

"Cuando vinieron por mí"…

Invención y anonimato
La polémica vida de Martin Niemöller

El pastor

El texto ha rebotado de aquí para allá, en foros libertarios, publicaciones democráticas, discursos admonitorios y pesadillas personales, asociado a un nombre que no es el correcto. Dice más o menos así:

Cuando los nazis vinieron por los comunistas / me quedé callado; / yo no era comunista. / Cuando encerraron a los socialdemócratas / permanecí en silencio; / yo no era socialdemócrata. / Cuando llegaron por los sindicalistas / no dije nada; / yo no era sindicalista. / Cuando vinieron por los judíos / No pronuncié palabra; / yo no era judío. / Cuando vinieron por mí / no quedaba nadie para decir algo.

Qué honor: un día escribes o dices algo de validez universal, como las historias que involucran a zorras y uvas, o a cigarras y hormigas, y ya tienes al resto de la Humanidad repitiendo eternamente lo que pensaste, y cada cual lo expresa a su manera porque ni siquiera existe un texto para citar, con fidelidad o sin ella. Los hacedores de fábulas, de letrillas, de epopeyas y de refranes son los más gloriosos porque se diluyen en la gente y acaban inmortalizados por más que nadie tenga la menor idea de su identidad. Tomen el caso del clip, un invento que todo mundo conoce, aunque muy pocos reconozcan el nombre del noruego Johan Vaaler, falso o verdadero inventor de ese adminículo que terminó convertido en símbolo de la resistencia nacional frente a los ocupantes nazis; o el de la ley, una porquería utilísima de la que todos hablan con reverencia sin detenerse a recordar a Hammurabi, su primer codificador conocido; o el de la rueda, instrumento imprescindible para prácticamente todos los seres humanos que en el mundo han sido (así fuera para jugar y hacer juguetes, como en el caso de los americanos precolombinos), pero cuyo inventor se ha perdido para siempre en las tinieblas de los milenios idos. A la inmortalidad le gusta el anonimato.

http://en.wikipedia.org/wiki/Johan_Vaaler

http://en.wikipedia.org/wiki/Paperclip

http://inventors.about.com/library/inventors/blpaperclip.htm

http://www.earlyofficemuseum.com/paper_clips.htm

http://clio.rediris.es/fichas/hammurabi.htm

El probable autor del pensamiento arriba citado permanece en la memoria colectiva también por otras cosas. Alguien, sin embargo, inventó que la paternidad correspondía al dramaturgo comunista Bertolt Brecht, acaso porque la idea es manifiestamente brechtiana. Pero no: al parecer, se le ocurrió a Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, quien distaba mucho de ser un dramaturgo comunista. Era, en cambio, pastor protestante.

http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Niem%C3%B6ller#_note-bio

http://members.fortunecity.com/literatura2/bio/brecht.html

Hasta la fecha , su personalidad es carne de polémica. Nacido en Lippstadt en 1892, capitán de submarinos en la contienda de 1914-1918 y héroe de esa guerra, el hombre optó por la teología y se ordenó en 1931. Hasta entonces había sido un resuelto partidario de Hitler y lo siguió siendo unos años más, hasta que el incipiente Tercer Reich trató de uncir las iglesias protestantes a su proyecto político y ordenó que los judíos, incluso los conversos, debían ser expulsados de las organizaciones religiosas alemanas. Todavía en 1933, Niemöller describía el nacionalsocialismo como "un movimiento de renovación basado en fundamentos morales cristianos", y en 1935 sostenía que los judíos seguirían sufriendo en tanto no se convirtieran: el castigo del pueblo de David era la prueba de que Dios es Cristo, el hombre llevado al martirio por los hebreos.

Sin embargo, el tipo creía en la redención y se opuso a los designios del gobierno de expulsar de las organizaciones religiosas a todos los judíos, incluidos los conversos. Al mismo tiempo, Niemöller se escandalizó por los empeños del Führer de uncir a su proyecto político las iglesias protestantes de Alemania y de nombrar "obispo del Reich" al nauseabundo Ludwig Muller. Empezó a disentir y criticó en sus sermones la detención de algunos religiosos que se opusieron a la medida, y en julio de 1937 fue arrestado, hallado culpable de "abusar del púlpito" y condenado a pagar una multa de 2 mil marcos. En cuanto salió de la corte fue detenido por la Gestapo y enviado al campo de concentración de Sachsenhausen para ser "reducado". Al año siguiente Joseph Goebbels instó a Hitler a ejecutar al crítico, pero el Führer desestimó la idea. En cambio, Niemöller fue enviado a Dachau, donde permaneció preso hasta las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí, en 1939, envió una carta en la que se ofrecía para servir en la armada alemana. La oferta fue desestimada, pero el gobierno dio a conocer la misiva a fin de desprestigiar al religioso. La resistencia reclamó que el documento era falso y, desde su encierro, el hombre empezó a convertirse en símbolo del rechazo al nazismo. Más tarde, los medios y los gobiernos estadunidenses y británicos, faltos de un héroe alemán poshitleriano, le dieron el papel a Niemöller.

El dramaturgo

Tras su liberación por los aliados, el pastor horrorizó a sus admiradores cuando declaró, en una conferencia de prensa en Nápoles, que la carta de 1939 era auténtica y que él nunca había estado en desacuerdo con Hitler en cuestiones políticas, y que sus diferencias con el nazismo eran meramente religiosas.

Con todo, Niemöller promovió la Declaración de culpabilidad de Stuttgart, firmada por diversos líderes del protestantismo alemán, en la que se reconocía que las iglesias no habían hecho lo suficiente para combatir el nazismo. En 1961 fue elegido presidente del Consejo Mundial de Iglesias. Durante la guerra fría, Niemöller desempeñó un papel preponderante en los movimientos pacifistas europeos y siguió diciendo cosas provocadoras; por ejemplo, que para construir la fraternidad humana había que aplastar a los ricos. Luego declaró que el bombardeo nuclear de Japón convertía a Harry Truman en "el peor asesino del mundo después de Hitler", y suscitó la furia del gobierno estadunidense cuando, en 1965, en plena guerra de Vietnam, se reunió en Hanoi con Ho Chi Minh. En 1982, en su 90 aniversario, dijo que había empezado su carrera política "como un ultraconservador que aspiraba al regreso del káiser y ahora soy un revolucionario; si llego a los cien años, es posible que me convierta en anarquista".

http://www.history.ucsb.edu/faculty/marcuse/projects/niem/StuttgartDeclaration.htm

http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/GERniemoller.htm

http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Niem%C3%B6ller#_note-bio

http://en.wikipedia.org/wiki/Leon_Blum

Ahora bien: aquello de "Cuando vinieron por mí…" no es de Brecht, pero ¿es o no de la autoría de Niemöller? Unos dicen que sí, otros que no, y la verdad es que quién sabe. Si les parece, el domingo continuamos por la pista de ese texto, si es que antes, claro (el teclado se me haga chicharrón), no vienen por nosotros. De aquí a entonces, nos escribimos en el blog.

navegaciones@yahoo.com http://navegaciones.blogspot.com

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