… hundieron en la angustia al Tlatoani.

http://www.jornada.unam.mx/2007/03/18/sem-bazar.html

Hugo Gutiérrez Vega

UN CORAZÓN CHILANGO

Hay,
en estos tiempos descoyuntados, chilangos del sur, del norte, del
oriente y del poniente; chilangos de los asentamientos y pueblos
devorados por el monstruo tentacular y algunos, muy pocos, chilangos de
verdad: me refiero a los que viven, gozan los misterios y consejas, las
delicias gastronómicas y las glorias arquitectónicas del centro
histórico de esta ciudad que han descrito y cantado don Bernardo de
Balbuena, Cervantes de Salazar, don Artemio, Gutiérrez Nájera, Facundo,
Micrós, Salvador Novo, León Portilla, Guillermo Tovar y Carlos
Monsiváis, entre otros muchos centrochilangos.

"De la famosa México el asiento". Así comienza la Grandeza mexicana,
de don Bernardo de Balbuena. Ángeles González Gamio, filomexicana desde
hace varias generaciones, nos entrega en este libro una especie de
tercera grandeza mexicana. El título nos lleva a terrenos contrastados:
"Ay, eres mala y traicionera, tienes corazón de piedra", dice el
bolero. Sí, mala y traicionera, sobrepoblada y violenta, sujeta a los
horrores del tráfico y a las torpezas y contubernios de muchas de sus
autoridades, pero entrañable, dueña de una historia riquísima en hechos
y anécdotas y con una gigantesca carga de vida. En fin, que en el
corazón de la ciudad hay hermosos latidos que revitalizan la piedra de
las calles, los edificios y, a veces, a las conciencias y al espíritu
de solidaridad de sus habitantes (recordemos la epopeya social que
floreció en los días del terremoto del ’85).

Ángeles González Gamio, en
este hermoso libro y con su elegante y directa prosa, nos descubre
muchos momentos y lugares de la ahora interminable ciudad. La veo
caminando por el centro, entrando a los palacios, algunos ruinosos, de
épocas pasadas, y registrando los cambios y daños, pero sobre todo lo
permanente en la capital de los aztecas y del Virreinato de la Nueva
España.

Tenemos en las manos un
libro de historia y de lo que José Luis González llamaba microhistoria.
El personaje es la ciudad, sus fantasmas y sus actuales habitantes, la
gastronomía y las tradiciones, las fiestas ("ocasiones de contento",
decía don Bernardo) y los lutos, las reconstrucciones y las bárbaras
demoliciones. Todo esto queda registrado en un libro ya indispensable
para conocer esta moderna y antigua, opulenta y miserable, benévola y
cruel corte de los milagros que es y seguirá siendo el
México-Tenochtitlán que las aztecas sentían como eterno y triunfador
sobre todos sus enemigos, los de dentro y los que llegaron en las casas
navegantes de los conquistadores que hundieron en la angustia al
Tlatoani, obligándolo a pedir que cesara la furia del dios del espejo
humeante, el mal parado Tezcatlipoca.

Da la impresión de que
Ángeles sabe todo lo que hay que saber sobre esta ciudad. Busca en
medio de las ruinas y de los desfiguros las perlas escondidas, las saca
a la luz, las limpia cuidadosamente con su enorme y siempre discreta
erudición y nos las entrega con todos sus resplandores. Viene a mi
memoria su elogio del rebozo, esa prenda milenaria que es cuna,
canasta, monedero y mortaja ("en el hoy y el mañana y ayer junto
pañales y mortaja", decía Quevedo). En este hermoso artículo no se
limita a hablar de los rebozos de museo sino de los de todos los días,
de los que cubren todavía a las mujeres de nuestros pueblos indígenas y
de las habitantes de las barriadas. Este es un buen ejemplo de la
función que cumple este libro lleno de información y de, como decían
los cronistas del xix, de "cosa curiosas y de hechos extraordinarios"
que tenemos frente a nuestros ojos y que no siempre registramos. Se
necesita que una cronista ejemplar como Ángeles nos hable de ellos y
nos haga verlas mejor y, sobre todo gozarlas. Por eso el libro Corazón de piedra está lleno de gozos de todos los sentidos.

Váyamos con Ángeles al
viejo Zócalo en el que se concentran la protesta civil y el entusiasmo
por las causas políticas. En su fondo late ese corazón de piedra que
perdurará como lo querían los fundadores de México-Tenochtitlán.

jornadasem@jornada.com.mx

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Un bastión azul en el extranjero, se va a creer todo, borderline, el nuevo mundo, la miseria humana, de 4 a 1, una alegoría incomprendida, un envío transatlántico, la ironía fina, evadiendo la confrontación directa, un dictador apreciado, una compañía gélida, un sabelotodo incauto, una desconfianza infinita, una fiesta de despedida, una pasión malsana, una olla presto, una pirámide invertida, una frase incoherente, un homofobo cobarde, un callejón sin salida político, Tom Lasorda, Etchohuaquila, un ciclo centenario, una plática decembrina, San Pascual bailón, Atocha, un lote lunar, los senos de Sabá, transparencia total es la clave, nunca a plena luz del día, la oncena titular, la musa inconclusa, berliner-philharmoniker, Seven Samurai, el pueblo unido, un goya sincero, un Picasso taurino, una lengua viperina, voces de ultratumba, los murmullos, el padrón electoral, el Oaxaco y tú, la única invasión a Gringolandia, PCA, NWS, Fogs of war, perlas a los chanchos, un silencio exasperante, a freir neuronas, napalm death, mesa verde, the inspiration point, Noviembre del ’99, el "magic" Johnson, el gancho "espacial", indios verdes – Universidad, fotos recicladas, un burro blanco de acople.

Trivia : Para los "lectores". ¿Cuál de todas estas musas realmente existió?

a) Dulcínea
b) Beatriz
c) Susana San Juan
d) Ninguna

M@rcorazón de León,

Norwich, U(n) K(orazón),

18/3/07

… un mural de Rivera.




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