Entre el gran hermano y el perfecto idiota

http://www.voltairenet.org/article147855.html

Por Hernán Brienza (*).- Una buena metáfora de Internet es la que
utilizó Umberto Eco cuando la comparó con Funes, el memorioso, el
personaje de Jorge Luis Borges que recordaba absolutamente todo: todos
los árboles, todas las palabras, todos los rostros, pero que era
incapaz de conceptualizar.

Es decir, para él, había un árbol y
otro y otro, pero no podía aferrar el concepto universal de árbol. Eco
dice de Funes que "debido a su memoria total, era un perfecto idiota".
Con la red de redes podría pasar lo mismo. Es una inmensa telaraña de
información donde, a priori, todos ingresaríamos en un proceso similar
de idiotización, como Funes. Como Eco no es un apocalíptico (y nunca
termina de convertirse en un integrado), rescata el uso de Internet en
tanto logre permitir el proceso de culturalización que se da a través
de la conversación, la conservación y la filtración de la memoria.
Internet, claro, no es como Funes.

Se parece más a la Matrix que a un
"perfecto idiota". Porque detrás del simple doble clic que permite
abrir un navegador hay un sistema de redes amorfo, con intersticios,
con un gran caudal de libertad, pero también con fructíferos negocios,
con ganadores y perdedores y con un Gran Hermano capaz de vigilar hasta
los más mínimos detalles de todo lo que se escribe en un simple email.

Recientemente se presentó en el Centro
Cultural de la Cooperación un documento elaborado por el Grupo
Informática y Sociedad titulado El impacto sociopolítico de Internet
que deja al descubierto algunas trampas de la red. En el encuentro, el
titular del CCC, Juan Carlos Junio, planteó el problema con claridad:
"El fenómeno de Internet siempre estuvo en disputa, siempre fue parte
de la lucha por el poder.

A lo largo de la historia, los sectores
dominantes siempre se propusieron, y básicamente lo lograron desde su
poder, el dominio de la cultura, de la ciencia, de la técnica; y los
sectores populares, que buscan caminos superadores, ven desde un lugar
de desigualdad manifiesta, desde una fuerte asimetría, que hay un
problema de dominio, específicamente el poder económico, político y
cultural, luchas y disputas en el plano de la cultura, de la ciencia y
de la técnica, así como de los medios de comunicación, que son los
elementos estructurales, troncales. Internet es parte de la lucha,
porque el problema no son las nuevas tecnologías, sino quién las
domina, y al servicio de qué intereses sociales, culturales y políticos
están esos instrumentos".

Ricardo Presta, uno de los autores del
documento, definió a Internet "como un campo sociocultural.
Básicamente, concluimos que Internet es una red que conecta muchos con
muchos, que no tiene orden jerárquico, que permite publicar
información, acceder a ella y compartirla, que no tiene fronteras
geográficas y, lo más importante, la información se puede propagar a
una gran velocidad. Es un espacio social, de uso libre, participativo,
transversal, sin limitaciones, es decir, una red cooperativa".

La brecha digital

Pero claro que no todo es una panacea
tecno-libertaria. El mismo Presta asegura que "lo que es necesario
estudiar es la infraestructura de las autopistas de información. Es
decir, dónde están, quién las opera, qué pasa con los nombres en la
red, los dominios, qué significa la virtualidad, dónde está el gobierno
de Internet y, sobre todo, cuál es la brecha digital que se está
formando". Resulta interesante resaltar que las autopistas más
importantes se encuentran en Estados Unidos y en Europa y que
Latinoamérica, por ejemplo, tiene algunas redes con características
particulares: las redes de cableado de fibra óptica submarina están en
manos de dos empresas que no son de la región y que son las que manejan
la trasmisión de Internet por vía terrestre y por fibra óptica de toda
Latinoamérica y el Caribe.

Presta sostiene que "hay que tener
cuidado con qué se cuela en esa red en forma directa o indirecta,
porque justamente estas autopistas de la información tienen una especie
de peaje, lo que genera una red para ricos y una para pobres, porque
esas empresas cobran por el tráfico de la información".

Ese peaje es muy paradigmático,
también, de cómo se maneja la economía de la región. Según los datos
del estudio, en América latina el 78% promedio del tráfico de banda
ancha se paga como tráfico internacional por problemas de
infraestructura de redes de la región. Es decir, solo el 22% queda
dentro de nuestro propio país. "Esto, indudablemente –explica Presta–
genera problemas económicos importantes y una dependencia económica,
tecnológica e informativa.

Esto habla claramente de una muy baja
interconexión regional, una fuerte dependencia de América del Norte y
cuando hablamos de tráfico internacional, hablamos de tráfico que va
hacia Estados Unidos y vuelve, muchas veces para llegar a servidores
vecinos. Es decir, importamos banda ancha para ir y volver. Muchas
veces, para mandar un email a Chile o Uruguay estamos haciendo que ese
correo viaje a EE.UU. y vuelva. Es un negocio importante para algunos y
un encarecimiento innecesario de transporte para otros".

La investigadora Lucila Dughera agrega
que al problema de la dependencia tecnológica se le suma el de la
brecha digital. "Uno de cada seis habitantes –asegura– accede a
Internet. Decimos, entonces, que la brecha digital significa que hay
cinco personas que se están quedando afuera. Además, existe una
diferencia socioeconómica entre aquellas comunidades que acceden a
Internet y aquellas que no pueden hacerlo".

Pero esto no es todo. Además, de las
desigualdades internas, de las peleas empresarias por aparecer en los
metabuscadores y poder incluso cambiar la imagen de una persona y una
compañía mediante la manipulación tecnológica, hay que saber que la red
tiene dueño. Y como no podía ser de otra manera, se trata del gobierno
de la principal potencia mundial, los Estados Unidos.

Nombres y números

Un estudio reciente demostró que 500
empresas gastan 750 millones de euros para engañar a Google (es decir,
para violar la seguridad del metabuscador y que sus nombres aparezcan
en los primeros cinco resultados que aparecen en la pantalla), que
maneja el 80% del mercado en la web (250 millones de visitas mensuales).

Sobre la propiedad de Internet, no
caben dudas, más aún después de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de
la Información (CMSI), que se realizó en Túnez, en 2005, de que el
dueño indiscutido es el gobierno de Estados unidos, que retuvo el
control y el dominio del sistema que ejerce sobre la red de redes a
través de Icann, la Corporación para la Asignación de Nombres y
Números, una empresa dependiente del Departamento de Comercio
estadounidense y que desde 1998 se encarga de asignar los dominios de
Internet a todo el mundo.

El sostén de todo lo que ocurre en la
red lo realiza diariamente el gobierno norteamericano a través del
control de 13 computadoras distribuidas en diferentes países que
dirigen el tráfico de cada página web y email que circulan en el mundo.
Este sistema se llama Domain Name System (DNS) y su cerebro es el
master root server, una megacomputadora ubicada en EE.UU. y manejada
por el Departamento de Comercio. Para tener un ejemplo del poder que
tiene esta agencia, basta decir que si un día Estados Unidos decide
"desenchufar" a un país entero de la red, lo puede efectuar sin que
nadie pueda hacer nada para impedírselo.

Teniendo en cuenta este panorama, las
conclusiones del documento del Grupo Informática y Sociedad recobran un
significado aún mayor. Los autores sostienen que "hoy se vuelve un
imperativo propiciar que la red conserve sus características de
apertura, uso libre y democrático. Los movimientos sociales que
promueven la cooperación y solidaridad deberían tener como bandera el
mantenimiento de las características democráticas y la ampliación de
las potencialidades contestatarias de la red de redes". Es decir, de
ese esfuerzo dependerá que Internet siga siendo un territorio en
disputa o simplemente se convierta en un Gran Hermano que idiotice a
los usuarios y en la principal herramienta del capital global
concentrado.

Nota publicada la Revista Acción número 977 primera quincena mayo 2007

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