“Las plumas compradas por Dios jurarán…”

Felipe el mediocre

Publicado por Tomás Mojarro en 16th Mayo 2007

Felipe IV de España,
mis valedores, uno más de los pequeñajos que han trepado al poder. Al
que vivió entre las fechas 1605 y 1665 aludí aquí mismo el pasado
viernes; que como rey fue un irremediable mediocre y que en una de esas
tanto le pesó la corona que entregó las llaves del gobierno a un tal Conde-Duque de Olivares, el Camilo Mouriño
de aquel entonces. Que el mediocre falleció de pura tristeza, según las
crónicas, destino que es de los pobres de espíritu, y eso cuando no les
da por compensar su enanismo jugándole al dictador. Macabro. En
aumentativo.

Este Felipe IV mediocre de facha, intelecto y carácter, iba a ser el destinatario del célebre Memorial que en la mesa del augusto comedor le deslizó a lo subrepticio aquel mi señor don Francisco de Quevedo y Villegas, genio de genios del Siglo de Oro español. Léanlo, y verán si exagero.

En los pareados del Memorial, Quevedo echa en cara al parvo Felipe
ser el causante de achaques y tribulaciones que chicoteaban al noble
pueblo español, y que iban del enriquecimiento inexplicable de algunos
voraces Slim a la extrema miseria de los entenados del reino. Esto, a mediados del XVII español. Males fueron aquellos que la España del Cid soportaba desde los inicios de tan funesta dinastía. El Memorial iba a llevar de la mano a Quevedo hasta acogedora mazmorra del rey, rencoroso como todos los de su alzada, vengativos que son. Mis valedores.

Muchas excelencias se le advierten al Memorial, entre ellas una para nosotros fundamental: las acusaciones con que Quevedo
chicotea la cara al monarca son las que nosotros pudiéramos enderezar
contra cualquiera que haya posado sus reales en el sillón de Los Pinos.
Lean, reflexionen y aplíquense al ejercicio de la comparación,
aleccionadora; porque nunca las comparaciones, más allá del dicharajo
embustero, resultan odiosas. Vale

Católica, sacra y real majestad – que Dios en la tierra os hizo deidad; -Un paisano pobre,
sencillo y honrado – humilde os invoca y os habla postrado.

El honrado, pobre y buen caballero – de plano, no alcanza ni pan ni
carnero. -Perdieron su esfuerzo pechos españoles -porque se sustentan
con tronchos y coles – Cebada que sobra los años mejores – de nuevo la
encierran los revendedores. – Madrid a los pobres pide mendicante – y en gastos perdidos es Roma triunfante. – En vano es que agosto nos colme de espigas –

si más lo almacenan logreros que hormigas. – En vegas de pasto realengo vendido -ya todo ganado se da por perdido.

Perpetuos se venden oficios, gobierno – que es dar a los pueblos verdugos eternos.
– Si a España
pisáis, apenas os muestra -tierra que ella pueda deciros que vuestra.
-Los que tienen puestos, lo caro lo encarecen – y los otros lloran,
revientan, perecen.
Crecen los palacios, ciento en cada cerro -y al pobre del pueblo, castigo y encierro.

Ved tantas miserias como se han contado – teniendo las costas del
papel sellado. – Plazas de madera costaron millones, – quitando a los
pobres vigas y tablones. – Un ministro, en paz, se come de gajes – más
que en guerra pueden gastar diez linajes. – Nunca tales gastos son
migajas pocas, – porque se las quitan muchos de las bocas. – Los ricos
repiten por mayores modos: – ya todo se acaba, pues robemos todos. – Y asi en mil arbitros se enriquece el rico, – y todo lo pagan el pobre y el chico.

El vulgo es, sin rienda, ladrón y homicida – Burla del castigo, da
coz a la vida. – ¿Qué importan mil horcas, dice algunas vez, – si es
muerte más fiera hambre y desnudez? – Si el rey es cabeza del reino,
mal pudo – lucir la cabeza de un cuerpo desnudo. – Consentir no pueden
las leyes reales – pechos más injustos que los desiguales.

Loa plumas compradas por Dios jurarán – que el palo es
regalo, y las piedras, pan. – Contra lo que vemos, quieren proponernos
– que son paraíso los mismo infiernos.
– La fama, ella misma, si es digna, se canta – no busca en ayuda algazara tanta – Del mérito propio sale el resplandor, – y no de la tinta del adulador.
– Y así, de esas honras no hagáis caudal – mas honrad al vuestro, que
es lo principal. – Servicios son grandes las verdades ciertas. – Las
falsas lisonjas son flechas cubiertas. Porque por lo demás todo es
cumplimiento -de gente servil, que vive del viento.

Si en algo he excedido, merezco perdones. – ¡Dolor tan del alma no afecta razones..!

¿Encontraron ustedes algún parecido entre la España de ayer y el México de hoy? Y la crueldad de los débiles: apenas leer el Memorial, Felipe el mínimo ordena ¡A la mazmorra con el acusador! ¡Con mi señor don Francisco de Quevedo y Villegas, genio de genios del Siglo de Oro español. Porque así se escribe la historia Válganos Dios. (Felipe.)

* – * – * – * – * – * – * – * – * – * – * – * – * – *

M@rquevedo;

Norwich, U(n) K(amilo);

18/5/07


… Shut up and learn.


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