“…el valor de escribir la verdad aunque la desfigure por doquier,…”

 

 

El que quiera
luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tendrá que
vencer por lo menos cinco dificultades. Tendrá que tener el valor de escribir
la verdad aunque la desfigure por doquier, la inteligencia necesaria para
descubrirla, el arte de hacerla manejable como un arma, el discernimiento
indispensable para difundirla.

 

Tales dificultades son enormes para los que escriben bajo
el fascismo, pero también para los exiliados y los expulsados, y para los que
viven en las democracias burguesas.

 

 

http://www.jornada.unam.mx/2006/12/31/sem-cinco.html

 

Las cinco
dificultades para decir la verdad

Bertolt Brecht

 

 

El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la
verdad, tendrá que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendrá que tener el
valor de escribir la verdad aunque la desfigure por doquier, la inteligencia
necesaria para descubrirla, el arte de hacerla manejable como un arma, el
discernimiento indispensable para difundirla.

 

Tales dificultades son enormes para los que escriben bajo el fascismo, pero
también para los exiliados y los expulsados, y para los que viven en las
democracias burguesas.

 

I. EL VALOR DE
ESCRIBIR LA VERDAD

 

Para mucha gente es evidente que el escritor debe escribir la verdad, es
decir, no debe rechazarla ni ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante
los poderosos, no debe engañar a los débiles. Pero
es difícil resistir
a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles. Incurrir en la
desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es
renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa
frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello se necesita
mucho valor.

 

Cuando impera la
represión más feroz
,
gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando
se necesita valor para hablar de las cosas pequeñas y vulgares, como la
alimentación y la vivienda de los obreros.
Por doquier aparece la consigna: "No hay pasión más noble que el amor al sacrificio."

 

En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de
máquinas y de abonos que facilitarían el trabajo que se ensalza.
Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es
mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse
el interrogante: ¿Mejor para quién?
Cuando se habla de razas perfectas y razas
imperfectas, el valor está en decir: ¿Es que el hambre, la ignorancia y la
guerra no crean taras?

 

También se necesita
valor para decir la verdad sobre sí mismo cuando se es un vencido.
Muchos perseguidos pierden la facultad de
reconocer sus errores; la persecución les parece la injusticia suprema; los
verdugos persiguen, luego son malos; las víctimas se consideran perseguidas por
su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una
bondad débil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la
bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad.
Decir que los buenos fueron vencidos, no porque eran buenos, sino porque
eran débiles, requiere cierto valor.

 

Escribir la verdad
es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y
ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El
mentiroso se reconoce por su afición a las generalidades, como el hombre
verídico por su vocación a las cosas prácticas, reales, tangibles.
No se necesita un gran valor para deplorar
en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad, ni para anunciar
con estruendo el triunfo del espíritu en países donde éste es todavía
concebible. Muchos se creen apuntados por cañones cuando solamente gemelos de
teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de
amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido
nunca. También reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte
habitual del botín. En síntesis,
sólo admiten una verdad:
la que les suena bien.

 

Pero si la verdad
se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada,
ya no sabrán qué hacer.
Tal verdad no los exalta. Del hombre veraz sólo tienen la apariencia. Su
gran desgracia es que no conocen la verdad.

 

II. LA INTELIGENCIA NECESARIA PARA DESCUBRIR LA VERDAD

 

Tampoco es fácil
descubrir la verdad. Por lo menos la que es fecunda. Así, según opinión
general, los grandes Estados caen uno tras otro en la barbarie extrema. Y una
guerra intestina que se desarrolla implacablemente puede degenerar en cualquier
momento en un conflicto generalizado que convertiría nuestro continente en un
montón de ruinas. Evidentemente, se trata de verdades.
No se puede negar que llueve hacia abajo:
numerosos poetas escriben verdades de este género. Son como el pintor que
cubría de frescos las paredes de un barco que se estaba hundiendo. Haber
resuelto nuestra primera dificultad les procura una cierta dificultad de
conciencia. Es cierto que no se dejan engañar por los poderosos, pero ¿escuchan
los gritos de los torturados? No; pintan imágenes. Esta actitud absurda les
sume en un profundo desconcierto, del que no dejan de sacar provecho; en su
lugar, otros buscarían las causas.
No creáis que es cosa
fácil distinguir sus verdades de las vulgaridades referentes a la lluvia; al
principio parecen importantes, pues la operación artística consiste
precisamente en dar importancia a algo. Pero mirad la cosa de cerca: os daréis
cuenta que no dejan de decir: no se puede impedir que llueva hacia abajo.

 

También están los
que por falta de conocimientos no llegan a la verdad. Y, sin embargo,
distinguen las tareas urgentes y no temen a los poderosos ni a la miseria. Pero
viven de antiguas supersticiones, de axiomas célebres a veces muy bellos. Para
ellos el mundo es demasiado complicado: se contentan con conocer los hechos e
ignorar las relaciones que existen entre ellos.

 

Me permito decir a
todos los escritores de esta época confusa y rica en transformaciones que hay
que conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia.
Tales conocimientos se adquieren en los
libros y en la práctica si no falta la necesaria aplicación. Es muy sencillo
descubrir fragmentos de verdad, e incluso verdades enteras.
El que busca necesita un método, pero se puede encontrar sin método, e
incluso sin objeto que buscar.
Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicación de la
verdad: los que la lean serán incapaces de transformar esa verdad en acción.
Los escritores que se contentan con acumular pequeños hechos no sirven para
hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene otra
ambición.
Por consiguiente,
esos escritores no están a la altura de su misión.

 

III. EL ARTE DE HACER LA VERDAD MANEJABLE COMO ARMA

 

La verdad debe
decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben.

 

Hay verdades sin consecuencias prácticas. Por ejemplo, esa opinión tan
extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie
que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural. Así,
al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una
tercera fuerza: el fascismo. Para mí, el fascismo es una fase histérica del
capitalismo,
y, por
consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo
existe solamente como fascismo.
Combatirlo es combatir el
capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más
engañosa.

 

Josep Renau, Chicago´s Miss
beefsteak, 1960-1966

 

Entonces, ¿de qué sirve decir la
verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el
capitalismo que lo origina?
Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica.

 

Estar contra el
fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace
de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a
sacrificarlo.

 

Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus
vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan
que tales métodos se practican también en sus propios países.

 

Ciertos países logran todavía conservar sus formas de propiedad gracias a
medios menos violentos que otros. Sin embargo,
los monopolios
capitalistas originan por doquier condiciones bárbaras en las fábricas, en las
minas y en los campos.
Pero mientras que las democracias burguesas
garantizan a los capitalistas, sin recurso a la violencia, la posesión de los
medios de producción, la barbarie se reconoce en que los monopolios sólo pueden
ser defendidos por la violencia declarada.

 

Ciertos países no
tienen necesidad, para mantener sus monopolios bárbaros, de destruir la
legalidad instituida, ni su confort cultural (filosofía, arte, literatura);
de ahí que acepten perfectamente oír a los
exiliados alemanes estigmatizar su propio régimen por haber destruido esas
comodidades. A sus ojos, es un argumento suplementario en favor de la guerra.

 

¿Puede decirse que
respetan la verdad los que gritan: "Guerra sin cuartel a Alemania, que es
hoy la verdadera patria del ‘mal’, la oficina del infierno, el trono del
anticristo?" No.
Los que así gritan son tontos, impotentes gentes peligrosas. Sus discursos
tienden a la destrucción de un país, de un país entero con todos sus
habitantes, pues los gases asfixiantes no perdonan a los inocentes.

 

Los que ignoran la
verdad se expresan de un modo superficial, general e impreciso.
Peroran sobre el "alemán",
estigmatizan el "mal", y sus auditorios se interrogan: ¿Debemos dejar
de ser alemanes? ¿Bastará con que seamos buenos para que el infierno
desaparezca?
Cuando manejan sus tópicos sobre la barbarie salida de la
barbarie resultan impotentes para suscitar la acción. En realidad no se dirigen
a nadie.
Para
terminar con la barbarie se contentan con predicar la mejora de las costumbres
mediante el desarrollo de la cultura. Eso equivale a limitarse a aislar algunos
eslabones en la cadena de las causas y a considerar como potencias
irremediables ciertas fuerzas determinantes, mientras que se dejan en la
oscuridad las fuerzas que preparan las catástrofes. Un poco de luz y los
verdaderos responsables de las catástrofes aparecen claramente: los hombres. Vivimos
una época en que el destino del hombre es el hombre.

 

El fascismo no es
una plaga que tendría su origen en la "naturaleza" del hombre. Por lo
demás, es un modo de presentar las catástrofes naturales que restituyen al
hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa.

 

El que quiera
describir el fascismo y la guerra, grandes desgracias, pero no calamidades
"naturales", debe hablar un lenguaje práctico: mostrar que esas
desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de
producción contra masas obreras. Para presentar verídicamente un estado de
cosas nefasto, mostrad que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la
desgracia tiene un remedio, es posible combatirla.

 

IV. CÓMO SABER A QUIÉN CONFIAR LA VERDAD

 

Un hábito secular,
propio del comercio de la cosa escrita, hace que el escritor no se ocupe de la
difusión de sus obras.
Se figura que su editor, u otro intermediario, las distribuye a todo el
mundo. Y se dice: yo hablo, y los que quieren entenderme, me entienden.
En la realidad, el escritor habla, y los que pueden pagar, lo entienden. Sus palabras jamás llegan a todos, y los
que las escuchan no quieren entenderlo todo.

 

Josep Renau, American celebrities…, 1956-1965

 

Sobre esto se han dicho ya muchas cosas, pero no las suficientes. Transformar
la "acción de escribir a alguien" en "acto de escribir" es
algo que me parece grave y nocivo.
La verdad no puede ser
simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa
utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos.

 

Para ser revelado,
el bien sólo necesita ser bien escuchado, pero la verdad debe ser dicha con
astucia y comprendida del mismo modo. Para nosotros, escritores, es importante
saber a quién la decimos y quién nos la dice; a los que viven en condiciones
intolerables debemos decirles la verdad sobre esas condiciones, y esa verdad
debe venirnos de ellos. No nos dirijamos solamente a las gentes de un solo
sector: hay otros que evolucionan y se hacen susceptibles de entendernos.
Hasta los verdugos son accesibles, con tal
que comiencen a temer por sus vidas. Los campesinos de Baviera, que se oponían
a todo cambio de régimen, se hicieron permeables a las ideas revolucionarias
cuando vieron que sus hijos, al volver de una larga guerra, quedaban reducidos
al paro forzoso.

 

La verdad tiene un
tono. Nuestro deber es encontrarlo.
Ordinariamente se adopta un tono suave y
dolorido: "Yo soy incapaz de hacer daño a una mosca." Esto tiene la
virtud de hundir en la miseria a quien lo escucha. No trataremos como enemigos
a quienes emplean este tono, pero no podrán ser nuestros compañeros de lucha.
La verdad es de naturaleza guerrera, y no sólo es enemiga de la mentira,
sino de los embusteros.

 

V. PROCEDER CON ASTUCIA PARA DIFUNDIR LA VERDAD

 

Orgullosos de su
valor para escribir la verdad, contentos de haberla descubierto, cansados sin
duda de los esfuerzos que supone hacerla operante, algunos esperan impacientes
que sus lectores la disciernan. De ahí que les parezca vano proceder con astucia
para difundir la verdad.

 

Confucio alteró el texto de un viejo almanaque popular cambiando algunas
palabras: en lugar de escribir: "El maestro Kun hizo matar al filósofo
Wan", escribió: "El maestro Kun hizo asesinar al filósofo Wan.".
En el pasaje donde se hablaba de la muerte del tirano Sundso, "muerto en
un atentado", reemplazó la palabra "muerto" por
"ejecutado", abriendo la vía a una nueva concepción de la historia.

 

El que en la
actualidad reemplaza "pueblo" por "población", y
"tierra" por "propiedad rural", se niega ya a acreditar
algunas mentiras, privando a algunas palabras de su magia.
La palabra "pueblo" implica una
unidad fundada en intereses comunes; sólo habría que emplearla en plural,
puesto que únicamente existen "intereses comunes" entre varios
pueblos. La "población" de una misma región tiene intereses diversos
e incluso antagónicos. Esta verdad no debe ser olvidada. Del mismo modo, el que
dice "la tierra", personificando sus encantos, extasiándose ante su
perfume y su colorido, favorece las mentiras de la clase dominante. Al fin y al
cabo, ¡qué importa la fecundidad de la tierra, el amor del hombre por ella y su
infatigable ardor al trabajarla!: lo que importa es el precio del trigo y el
precio del trabajo. El que saca provecho de la tierra no es nunca el que recoge
el trigo, y "el gesto augusto del sembrador" no se cotiza en la
Bolsa. El término justo es "propiedad rural".

 

Cuando reina la
opresión, no hablemos de "disciplina", sino de "sumisión"
pues la disciplina excluye la existencia de una clase dominante. Del mismo
modo, el vocablo "dignidad" vale más que la palabra
"honor", pues tiene más en cuenta al hombre. Todos sabemos qué clase
de gente se precipita para tener la ventaja de defender el "honor" de
un pueblo, y con qué liberalidad los ricos distribuyen el "honor" a
los que trabajan para enriquecerlos.

 

La astucia de Confucio es utilizable también en nuestros días. También la
de Tomás Moro. Este último describió un país utópico idéntico a la Inglaterra
de aquella época, pero en el que las injusticias se presentaban como costumbres
admitidas por todo el mundo.

 

Cuando Lenin,
perseguido por la policía del Zar, quiso dar una idea de la explotación de
Sajalín por la burguesía rusa, sustituyó Rusia por Japón y Sajalín por Corea. La
identidad de las dos burguesías era evidente, pero como Rusia estaba en guerra
con el Japón, la censura dejó pasar el trabajo de Lenin.

 

Hay una infinidad de astucias posibles para engañar a un Estado receloso. Voltaire
luchó contra las supersticiones religiosas de su tiempo escribiendo la historia
galante de La Doncella de Orléans: describiendo en un bello estilo aventuras
galantes sacadas de la vida de los grandes. Voltaire llevó a éstos a abandonar
la religión (que hasta entonces tenían por caución de su vida disoluta). De
repente se hicieron los propagadores celosos de las obras de Voltaire y
ridiculizaron a la policía que defendía sus privilegios. La actitud de los
grandes permitió la difusión ilícita de las ideas del escritor entre el público
burgués, hacia el que precisamente apuntaba Voltaire.

 

Decía Lucrecio que
contaba con la belleza de sus versos para la propagación de su ateísmo
epicúreo. Las virtudes literarias de una obra pueden favorecer su difusión
clandestina.
Pero hay
que reconocer que a veces suscitan múltiples sospechas. De ahí la necesidad de
descuidarlas deliberadamente en ciertas ocasiones. Tal sería el caso, por
ejemplo, si se introdujera en una novela policíaca, género literario
desacreditado, la descripción de condiciones sociales intolerables. A mi modo
de ver, esto justificaría completamente la novela policíaca.

 

En la obra de Shakespeare se puede encontrar un modelo de verdad propagada
por la astucia: el discurso de Antonio ante el cadáver de César. Afirmando
constantemente la respetabilidad de Bruto, cuenta su crimen, y la pintura que
hace de él es mucho más aleccionadora que la del criminal. Dejándose dominar
por los hechos, Antonio saca de ellos su fuerza de convicción mucho más que de
su propio juicio.

 

Jonathan Swift propuso en un panfleto que los niños de los pobres fueran
puestos a la venta en las carnicerías para que reinara la abundancia en el
país. Después de efectuar cálculos minuciosos, el célebre escritor probó que se
podrían realizar economías importantes llevando la lógica hasta el fin. Swift
jugaba al monstruo. Defendía con pasión absolutista algo que odiaba. Era una
manera de denunciar la ignominia. Cualquiera podía encontrar una solución más
sensata que la suya, o al menos más humana; sobre todo, aquellos que no habían
comprendido a dónde conducía este tipo de razonamiento.

 

Militar a favor del
pensamiento, sea cual fuere la forma que éste adopte, sirve a la causa de los
oprimidos. En efecto, los gobernantes al servicio de los explotadores
consideran el pensamiento como algo despreciable.
Para ellos lo que es útil para los pobres es
pobre. La obsesión que estos últimos tienen por comer, por satisfacer su
hambre, es baja. Es bajo menospreciar los honores militares cuando se goza de
este favor inestimable: batirse por un país cuando se muere de hambre. Es bajo
dudar de un jefe que os conduce a la desgracia. El horror al trabajo que no
alimenta al que lo efectúa es asimismo una cosa baja, y baja también la
protesta contra la locura que se impone y la indiferencia por una familia que
no aporta nada. Se suele tratar a los hambrientos como gentes voraces y sin
ideal, de cobardes a los que no tienen confianza en sus opresores, de
derrotistas a los que no creen en la fuerza, de vagos a los que pretenden ser
pagados por trabajar, etcétera. Bajo semejante régimen, pensar es una actividad
sospechosa y desacreditada.
¿Dónde ir para aprender a
pensar? A todos los lugares donde impera la represión.

 

Sin embargo, el
pensamiento triunfa todavía en ciertos dominios en que resulta indispensable
para la dictadura. En el arte de la guerra, por ejemplo, y en la utilización de
las técnicas.
Resulta
indispensable pensar para remediar, mediante la invención de tejidos
"ersatz", la penuria de lana. Para explicar la mala calidad de los
productos alimenticios o la militarización de la juventud no es posible
renunciar al pensamiento. Pero
recurriendo a la astucia
se puede evitar el elogio de la guerra, al que nos incitan los nuevos maestros
del pensamiento.
Así,
la cuestión ¿cómo orientar la guerra? lleva a la pregunta: ¿vale la pena hacer
la guerra? Lo que equivale a preguntar: ¿cómo evitar la guerra inútil? Evidentemente,
no es fácil plantear esta cuestión en público hoy. Pero ¿quiere decir esto que
haya que renunciar a dar eficacia a la verdad? Evidentemente, no.

 

Josep Renau, The sage and the beasts, 1957

 

Si en nuestra época
es posible que un sistema de opresión permita a una minoría explotar a la
mayoría, la razón reside en una cierta complicidad de la población, complicidad
que se extiende a todos los dominios. Una complicidad análoga, pero orientada
en sentido contrario, puede arruinar el sistema.
Por ejemplo, los descubrimientos biológicos de
Darwin eran susceptibles de poner en peligro todo el sistema, pero solamente la
Iglesia se inquietó. La policía no veía en ello nada nocivo.
Los últimos descubrimientos de la física implican consecuencias de orden
filosófico que podrían poner en tela de juicio los dogmas irracionales que
utiliza la opresión.
Las investigaciones de Hegel en el dominio de la lógica facilitaron a los
clásicos de la revolución proletaria, Marx y Lenin, métodos de un valor
inestimable. Las ciencias son solidarias entre sí, pero su desarrollo es
desigual según los dominios; el Estado es incapaz de controlarlos todos. Así,
los pioneros de la verdad pueden encontrar terrenos de investigación
relativamente poco vigilados. Lo importante es enseñar el buen método, que
exige que se interrogue a toda cosa a propósito de sus caracteres transitorios
y variables. Los dirigentes odian las transformaciones: desearían que todo
permaneciese inmóvil,
a ser posible durante un milenio: que la Luna se detuviese y el Sol
interrumpiese su carrera. Entonces nadie tendría hambre ni reclamaría
alimentos.
Nadie respondería cuando ellos abriesen fuego; su salva
sería necesariamente la última.

 

Subrayar el
carácter transitorio de las cosas equivale a ayudar a los oprimidos. No
olvidemos jamás recordar al vencedor que toda situación contiene una
contradicción susceptible de tomar vastas proporciones. Semejante método –la
dialéctica, ciencia del movimiento de las cosas– puede ser aplicado al examen
de materias como la biología y la química, que escapan al control de los
poderosos, pero nada impide que se aplique al estudio de la familia; no se
corre el riesgo de suscitar la atención. Cada cosa depende de una infinidad de
otras que cambian sin cesar; esta verdad es peligrosa para las dictaduras.

 

Pues bien, hay mil maneras de utilizarla en las mismas narices de la
policía. Los gobernantes que conducen a los hombres a la miseria quieren evitar
a todo precio que, en la miseria, se piense en el Gobierno. De ahí que hablen
de destino. Es al destino, y no al Gobierno, al que atribuyen la
responsabilidad de las deficiencias del régimen. Y si alguien pretende llegar a
las causas de estas insuficiencias, se le detiene antes de que llegue al
Gobierno.

 

Pero en general es posible reclinar los lugares comunes sobre el destino y
demostrar que el hombre se forja su propio destino. Ahí tenéis el ejemplo de
esa granja islandesa sobre la que pesaba una maldición. La mujer se había
arrojado al agua, el hombre se había ahorcado. Un día, el hijo se casó con una
joven que aportaba como dote algunas hectáreas de tierra. De golpe, se acabó la
maldición. En la aldea se interpretó el acontecimiento de diversos modos. Unos
lo atribuyeron al natural alegre de la joven; otros a la dote, que permitía, al
fin, a los propietarios de la granja comenzar sobre nuevas bases. Incluso
un poeta que describe un paisaje puede servir a la causa de los oprimidos
si incluye en la descripción algún detalle relacionado con el trabajo de los
hombres. En resumen: importa emplear la astucia para difundir la verdad.

 

CONCLUSIÓN

 

La gran verdad de
nuestra época, conocerla no es todo, pero ignorarla equivale a impedir el
descubrimiento de cualquier otra verdad importante, es ésta: nuestro continente
se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producción
se mantiene por la violencia. ¿De qué sirve escribir valientemente que nos
hundimos en la barbarie si no se dice claramente por qué? Los que torturan lo
hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producción.

 

Ciertamente, esta
afirmación nos hará perder muchos amigos: todos los que, estigmatizando la
tortura, creen que no es indispensable para el mantenimiento de las formas
actuales de propiedad.

 

Digamos la verdad
sobre las condiciones bárbaras que reinan en nuestro país; así será posible
suprimirlas, es decir, cambiar las actuales relaciones de producción. Digámoslo
a los que sufren del statu quo y que, por consiguiente, tienen más interés en
que se modifique: a los trabajadores, a los aliados posibles de la clase
obrera, a los que colaboran en este estado de cosas sin poseer los medios de
producción.

 

 

* – * – * – * – * –
* – * – * – *

 

 

 

M@rconfucio;

 

Norwich, G(ran) B(urguesía);

 

18/6/07

 

 

 

 

 

P.D.AUTISTA. "…and again, and again,
and again, and again, and again, and again, and again, and again…" – A
Forest (The Cure).

 

 

 

 

… Terra Caliente.

 

 

 

 

 


 

This entry was posted in News and politics. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s