“Mi vicio son los animales”




Historias de poder, de traición, de
corrupción…

Julio Scherer García

 

Del fondo de su
historia periodística y aun personal, Julio Scherer García ha sacado y
engarzado las historias que componen su nuevo libro, fiel a la estirpe de otros
suyos, invaluables, enlazados del primero al más reciente por un hilo conductor
inequívoco: el obsesivo afán del autor por desnudar los abusos del poder y de
sus beneficiarios. La terca memoria revela precisamente lo que su título
describe con exactitud: la poderosa decisión del fundador de Proceso de no
olvidar. Julio Scherer García fue aún más allá. Recurrió al mecanismo insólito
que él define como el acto de reportear los recuerdos, para precisar datos,
evocar fechas, afilar el arpón con el que escribe.

 

 

 

 

www.proceso.com.mx

 

 

Historias de poder, de traición, de corrupción…

Julio Scherer García

 

Del fondo de su
historia periodística y aun personal, Julio Scherer García ha sacado y
engarzado las historias que componen su nuevo libro, fiel a la estirpe de otros
suyos, invaluables, enlazados del primero al más reciente por un hilo conductor
inequívoco: el obsesivo afán del autor por desnudar los abusos del poder y de
sus beneficiarios. La terca memoria revela precisamente lo que su título
describe con exactitud: la poderosa decisión del fundador de Proceso de no
olvidar. Julio Scherer García fue aún más allá. Recurrió al mecanismo insólito
que él define como el acto de reportear los recuerdos, para precisar datos,
evocar fechas, afilar el arpón con el que escribe.

 

Como otros de sus muchos trabajos periodísticos, este libro ­editado por
Grijalbo­ está inevitablemente destinado a provocar polémica, por no decir
iracundia. En adelanto exclusivo,
ofrecemos en estas
páginas algunos fragmentos del volumen, en particular aquel que el autor dedica
a Jorge Hank Rhon, uno de los más preclaros cachorros de la corrupción
mexicana.

 

Jorge Hank Rhon
prepara su bebida favorita: Herradura re-posado con una víbora de cascabel, una
cobra, un pene de león, un pene de toro y a veces cabellos finos de osos grises
del Canadá.
En el
vaso pueden quedar residuos de esos ani-males que, a trasluz, se miran como
minúsculos pedazos de tripas bañadas en un líquido amarillento.

 

En Proceso, en un pequeño recuadro, leí la historia hacia el principio del
año y me pareció que correspondía a uno más de los gestos excéntricos
del hijo del Profesor. Ya me había llamado la atención su desplante, “la
mujer es el animal que más me gusta”
, y lo había apartado como tema de un interés periodístico
mayor.

 

En marzo pasado estuve en Tijuana para saber más del personaje de ilustre
apellido. Inmensamente rico, poderosamente instalado en la industria del PRI y
en la industria del juego, heredero de la historia de su padre, Jorge Hank da
de qué hablar como un personaje sin parecido visible.
Es quien es, fruto de sus ideas, pasiones, ansias de poder, notoriedad y
una vida envuelta en el crimen. Es punto obligado para hablar de la nube tóxica
que enferma a buena parte de la población de Tijuana.

 

Apenas el 19 de febrero pasado, Frontera publicó en su primera plana una
foto con un garrafón, nunca vacío, del tequila y sus componentes. La nota,
firmada por los reporteros Jorge Morales y Ana Cecilia Ramírez, incluye un
diálogo breve que inicia el priísta multimillonario en dólares:

 

­Ven, tocayo, te voy a contar el secreto de mi virilidad.

 

­¿Cómo funciona? ­pregunta
el periodista.

 

­El tequila absorbe
el poder de estos animales.

 

­¿Y se acaba el
botellón?

 

­Cuando lo bajo, me
lo van llenando.

 

Convencido de la fuerza sexual de la bebida, lo ofrece a sus
incondicionales, a sus empleados y cómplices. También invita a las señoras a
que mojen sus labios y nutran su cuerpo con el hallazgo que lo enorgullece.

Alejandro Ruiz Uribe, inclinado al PRD y hace algunos años líder
estudiantil de la preparatoria estatal, me cuenta una historia que llama
sencilla, sólo una anécdota y subraya:

 

­Yo fui casi testigo de un suceso que a muchos consta.

 

­¿Y por qué casi testigo?

 

­Mi madre quiso saludar a la señora Rigoberta Menchú en una cena ofrecida
en su honor. La premio Nobel de Guatemala había impartido una conferencia en la
preparatoria y queríamos agradecerle su tiempo y la brillantez de sus palabras.
A mi madre, como es natural, le cedí mi lugar y ella me contó lo que vio y escuchó:

 

“El alcalde, Jorge
Hank Rhon, respondió a uno de sus impulsos y se presentó en la cena sin
invitación. Fue directo a la mesa principal, cambió unas palabras con los
comensales y le habló a nuestra invitada de su tequila vigorizante. Gustoso de
sí mismo, gustoso de su hallazgo, lo ofreció a la ilustre señora. De parte de
Rigoberta Menchú no hubo un gesto, apenas una mirada lejos del presidente
municipal: ‘Gracias’.”

 

Me propuse visitar el fraccionamiento de Hank Rhon, Puerta del Hierro, aún
bajo el régimen de condóminos. “Será difícil ­me habían advertido­, son pocos
los que entran.”

 

Acompañado de Felipe Zárate, vi a la distancia la caseta de vigilancia. Dos
policías privados eran guardianes del fraccionamiento, de uniforme azul
ysombreros de recorta-das alas horizontales.

 

En letras de buen tamaño leí: “Prohibido el paso”.

 

Y luego, atónito:

 

“Por su seguridad,
está siendo videograbado”.

 

Había, en efecto, frontales a la calle de acceso a Puerta del Hierro, dos
cámaras videograbadoras, pequeños, siniestros cañoncitos.

 

Me supe en el centro de un sitio ominoso. “Por su seguridad, está siendo
videograbado”. ¿Y si no soy videograbado? Asistía a un lenguaje mafioso,
vocesgangsteriles.

 

­Permítanos pasar ­dijo Zárate a uno de los vigilantes. La
respuesta se desprendió por sí misma:

 

­El paso está
prohibido. ¿No vio?

 

­Sólo unos minutos.

 

­¿Para qué? ¿Qué quieren?

 

­Mi amigo viene de lejos, quiere conocer Tijuana, y Puerta del Hierro es
también Tijuana.

 

Intervine:

 

­Suba con nosotros. Acompáñenos.

 

­Sólo unos minutos.

 

La calle principal es circular y a la derecha el rojo se impone como el
color del mundo. Una barda interminable de más de dos metros de altura está tapizada
con bugambilias. Entre una y otra flor, apenas si aparecen pequeños espacios
verdes y no se miran ramas, esqueleto de la enredadera. La barda corresponde a
la casa de Hank Rhon.

 

A la izquierda se suceden unas a otras casas impersonales y conjuntos de
materiales corrientes.
Las casas están limpias
pero no vi un jardín, algún lugar plácido.
No vi un mercado, alguna tienda, una peluquería,
una farmacia. No recuerdo una fuente. Las calles laterales tienen nombres de
metales: mercurio, plutonio, estaño. Vi por ahí un aviso:
“Prohibido Peatones”.

 

Fui a Zeta, el
semanario fundado y sostenido con impresionante energía y valor por Jesús
Blancornelas.
Ahí
con-versé con los coeditores de hoy, René Blancornelas y Adela Navarro.
Atractiva, mujer de treinta y ocho años, diecisiete entregados a los amores de
su intimidad y a la revista, escribe una columna: Sortilegioz.

 

­¿Qué ocurre en Tijuana, señora?

 

­Pone en mis manos
su artículo más reciente. “Vulgar”, lo intituló.

 

Pareciera ­escribe­
que entre la clase empresarial y la política, el miedo se está convirtiendo en fascinación.
Es una situación que bien podría encuadrarse en una especie de “sín-drome de Estocolmo”,
donde el secuestrado ha sido de tal manera sometido por sus captores que
termina por enten-derlos y desarrollar lazos afectivos para quienes le cortaron
su libertad y sus derechos.

 

Así se encuentran muchos personajes de Tijuana que ya pasaron del miedo y
pavor hacia la figura del ex alcalde Jorge Hank Rhon y ahora casi casi se han convertido
en sus pro-motores personales.
Terminaron siendo lo que
tanto temieron: lacayos.

 

Un hecho increíble se dio cuando a una de las prominen-tes familias de la
ciudad le secuestraron a su hijo, un chama-co. Dada la cercanía de la familia con
el presidente municipal y el dinero que había invertido en la campaña, decidió
hacerle una llamada de auxilio. El hijo fue puesto en libertad a las pocas horas
y la familia recibió el aviso:
“Ustedes están protegidos,
son gente del alcalde”.

Termino la lectura y la señora pregunta:

 

­¿Lo quiere así o más claro?

 

­Más claro.

 

­La historia la anunciamos en la portada de la revista con
esta cabeza: “Policías Criminales”. Podríamos haberla titulado: “Criminales
Policías”. Son iguales, son lo mismo.
Este hecho terrible ­agrega­ puso en evidencia lo
que para muchos es una realidad: que el equipo cercano a Hank son policías
criminales que tienen el conocimiento de las redes de secuestradores, del
narcomenudeo, de los asaltantes, etcétera.

 

Héctor “El Gato”
Félix Miranda fue asesinado el 20 de abril de 1988. Los crímenes contra el
codirector y director de Zeta pusieron en vilo a Tijuana. No se olvida al Gato
y para muchos no hay manera de sobreponerse a una sensación que perturba. En el
hampa que se ha extendido por la ciudad, la figura de Jorge Hank Rhon cobra la
fuerza de un protagonista.

 

Avivan los rescoldos sucesos que llegan de muy lejos. Jorge Vera Ayala,
hijo de Antonio Vera Palestina, uno de los asesinos materiales del Gato, se
encuentra hoy a cargo de la seguridad del ex alcalde.

 

Dice Adela Navarro:

 

­Existen documentos, hemos publicado reportajes que así lo acreditan. La
policía que encabeza Vera Ayala no pertenece a la estructura de la Secretaría
de Seguridad Pública de Tijuana, pero aparece en el presupuesto como un grupo
de élite […]. El año pasado fueron asesinados veintitrés policías municipales,
inmiscuidos de alguna u otra manera en el narcotráfico. Vera Ayala no está al
margen de la oleada criminal. Pero es ahijado de Jorge Hank Rhon.
Hubo quien se atrevió: “oiga usted, se trata del hijo del que mató al Gato,
¿no?”. “Pues es mi ahijado ­le llegó la respuesta pronto­. Yo lo traje y yo lo traigo”.

 

­¿Cómo llegó Vera Ayala a la posición que actualmente ocupa? ­le pregunto a
la coeditora de Zeta.

 

Hank Rhon ocupó la
alcaldía con un grupo del Estado de México, encabezado por Ernesto Santillana.
Éste llegó a Tijuana con el compromiso o la consigna, como quiera llamársele,
de acabar con el narcomenudeo y los narcopoquiteros, pero en verdad, acabar con
ellos, eliminándolos. Dueño del poder, Santillana organizó un comando negro que
robó, secuestró, mató. El escándalo, ya mayúsculo, seguía creciendo. Hank Rhon
optó por sustituirlos y llamó a Vera Ayala. En cuanto a Santillana, regresó al
Estado de México, su casa. Había trabajado con el Profesor. En el archivo inmenso
de Zeta ­continúa­ conservamos un editorial de Francisco Ortiz Franco, editor
del semanario y unode los hombres más cercanos a Jesús Blancornelas. Es un
editorial que nos enorgullece. Ortiz Franco fue asesinado y el origen profundo
de su muerte permanece en la bruma, como el asesinato del Gato.

 

Ortiz Franco
escribió “Imperativo Ético”, avalado por Blancornelas en letras cursivas al
término del artículo. Dijo Blancornelas: “Este espacio refleja el criterio
editorial de Zeta”.

 

En cuanto al texto, me dijo:

 

­No es una decisión precipitada. Tampoco visceral. Al contrario, fue
suficientemente analizada.
El dilema fue entre la
función profesional del medio y la obligación moral. No figuró en absoluto lo
comercial.
Finalmente,
la decisión de Zeta es no aceptar publicidad-propaganda a favor del precandidato
del Partido Revolucionario Institucional, Jorge Hank Rhon.
Consideramos que no es ético prestar este servicio a quien fue patrón de
los asesinos materiales del codirector de Zeta, Héctor Félix Miranda.
Su conducta de patrón está más que probada
e incluso fue aceptada públicamente por el precandidato priísta.
Más allá de lo profesional y lo legal, está la obligación moral que tenemos
con quien perdió la vida el 20 de abril de 1988 por publicar sus ideas en las
páginas de este semanario.

 

No se detiene la señora. Cuenta con naturalidad, sin énfasis en la voz, el
cuerpo quieto, cuenta de Tijuana, inseparable de su propia vida:

 

­Uno de los hijos de Hank Rhon, Alberto, se encon-traba en una disco y de
repente, como en una ráfaga, un instante que contenía horas, se vio enfrascado
en un pleito por una muchacha.
Dos energúmenos se
disputaban, más que a la muchacha, su amor propio.
Los dos la habían visto y se habían sentido
atraídos por ella. Eso había sido todo. El rival de Alberto Hank, Pablo
Francisco Duarte, rompió una botella y el pleito llegó lejos. Alberto sufrió heridas
en la cara, creo recordar que también en el cuerpo. En medio de la noche, los
guardaespaldas se lo llevaron a un hospital. A su contrincante le llovieron golpes,
una terrible zarandeada. Permaneció en el hospital tres meses. Sus padres
midieron los alcances del pleito y lo protegieron largo tiempo mandándolo a los
Estados Unidos. Los hechos se habían olvidado y el muchacho regresó a Tijuana
el 29 de agosto de 2006.

 

Al día siguiente del pleito no hubo rastro de Pablo Francisco Duarte. Un
día después se extendió la noticia de su muerte, el cuerpo abandonado cerca de
la Clínica Número Uno del Seguro Social.
Fue golpeado con puños,
pies, bats y rematado con un tiro de gracia.

 

A la tragedia no la
acompañó investigación alguna. Pocos tuvieron noticia en Tijuana de que el
pleito a muerte se había iniciado en el restaurante bar TRSZ, propiedad de Nico
Nacif, compadre de Hank Rhon.

 

­Señora, Hank Rhon sostiene que no tiene problema alguno con el gobierno de
Estados Unidos. Cita que de la investigación conocida como “White Tiger”, salió
limpio, cerrado el expediente.

 

­Hank Rhon dice parcialmente la verdad: “White Tiger” es
una pesquisa congelada, pero eso no significa que el caso esté cerrado. Oculta
el ex presidente municipal, en cambio, la humillación a que lo someten nuestros
vecinos.
[…] Hank
Rhon ­explica­ posee cuarenta automóviles a su estilo. Todos son de lujo, doscientos
cincuenta mil o quinientos mil dólares, cada uno con placas de los Estados
Unidos. Cuando así lo estima conveniente, en alguno de sus vehículos, escoltado
siempre, se traslada a las zonas que pesan y a las barriadas de la ciudad. Es
su manera de hacer sentir su personalidad, unidas la riqueza económica y la
prepotencia política. Hombres de temple lo pueden todo, es el mensaje que
transmite. Así ganó las elecciones para la presidencia municipal, al frente la marea
roja, sus guaruras, sus incondicionales, sus empleados, sus cómplices, todos
púrpura y dispuestos a hacer sentir su poder. Se gastó en dólares y la votación
fue ínfima, como se sabe. […] Existen en la ciudad veinticuatro garitas para
cruzar la “línea”.
El gobierno de los
Estados Unidos ideó un acceso especial que llamó “Sentri”, un paso VIP. Si
usted se presenta en las oficinas correspondientes de aquel lado, muestra sus
estados de cuenta, declaración de impuestos, comprobante de residencia
impecable, documentos transparentes, el FBI, que lo investigó hasta la minucia,
autoriza para usted una tarjeta y lo registra en “Sentri”. […] A Hank Rhon el
FBI lo investigó y le negó la tarjeta.
Pienso que para su personalidad egocéntrica,
aspirante a los más altos puestos de la política ­el tiempo es mío, ha dicho
más de una vez­, no puede existir humillación comparable al rechazo del FBI.
Hank Rhon, sus coches, sus guaruras, sus placas de los Estados Unidos, todo él
ha de someterse y transitar por una de las veintitrés líneas por las que todos
cruzamos para ir a los Estados Unidos y regresar a nuestro trabajo y al abrazo
que siempre nos aguarda.

 

El casino Caliente
reúne a hombres y mujeres que se evaden del mundo, los ojos inmóviles en la
pantalla donde cruzan apuestas con el azar.
Los salones se escuchan silenciosos, concentrados
los jugadores en imágenes abstractas. Algunas mujeres jóvenes de falda oscura y
saco blanco, ajustado con cuatro botones dorados, van y vienen atentas a lo que
pudiera ofrecerse a la clientela.

 

Existen amplios espacios con fotografías de carreras de caballos y perros,
escenas fijas y partidos febriles de futbol, beisbol, futbol americano, basquetbol,
encuentros de box, de lucha libre.
Si hubiera carreras de
hormigas o batallas entre hormigas rojas y hormigas negras, ahí estaría un público
ansioso de emociones reservadas a la torturante expectativa de ganar o perder.

 

A corta distancia de las pantallas y los salones con fo-tografías,
subsisten las viejas tribunas de un verde informe para seguir al caballo
favorito en su galopar desenfrenado. Las grandes pistas desaparecieron hace
catorce años y hoy existen veredas por las que corren los galgos, diversión
pueril frente a los majestuosos pura sangre. Un olor sucio invade la zona
semiabandonada.

 

Cerca del casino se presta a la añoranza la derruida plaza de toros. El ex
alcalde, Jorge Hank Rhon, decidió terminar con la tradición de los domingos taurinos.
El redondel es hoy sólo un espacio vacío que, se dice, algún día pudiera
albergar un casino de verdad, con ruletas y crupiers, evocación de Las Vegas.
Desde las tribunas se atisba apenas un ángulo del zoológico. Las jirafas, los
leones, los tigres, los hipopótamos semejan juguetes.
“Mi vicio son los animales”, ha dicho Hank Rhon más de una vez. Su pasión
por ellos o la llamada fascinación por el horror lo ha llevado a cruzar hembras
y machos incompatibles.

 

Acceden al zoológico sólo las personas que obtienen la aprobación del
hombre importante de Tijuana. Hay una excepción: los niños. Una vez a la
semana, seleccionados por sus profesores, recorren en camión la maravilla del
espectáculo a su alcance. Hay especies que están por desapare-cer, como los
osos grises del Canadá, los tigres siberianos, blancos y de ojos azules ­según
se dice­, y las aves del Diluvio.

 

La felicidad de los niños tiene límite. Observan, pero hasta ahí. Tienen
prohibido caminar por las zonas protegidas del zoológico. Explican, nacidas
muertas sus palabras, que quisieran mirarse, así fuera sólo eso, en los ojos
vacíos de los animales, ejemplares inofensivos.

 

A las dos horas de iniciado, el viaje termina.

 

 

 

* – * – * – * – * –
* – * – * – * – * – * – * – *

 

 

 

M@rcatedrático;

 

 

Norwich, G(reat) B(ear);

 

 

19/6/07

 

 

P.D.Escolapia. “…Hey Teacher, leave the kids
alone!…” – Another brick in the WALL (Part 2). (PINK FLOYD).

 

 

 

… ¡Qué bueno (que)
ya aprendiste a hacerlo!

 

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