“¿hay democracia en México?” (2)

Diego Valadés: Yo había previsto hacer una rápida
revisión de los indicadores que la ciencia política estadounidense, y que son
muy útiles para quienes nos dedicamos al derecho constitucional, ha venido
elaborando a partir de los años ochenta, y que luego actualizó, en 1996, el
Banco Mundial, y en 2004, la OCDE. Desde luego, en los tres casos la
orientación dominante ha sido, en primer lugar, hacia
la cuantificación, hacia la medición de los elementos que pueden indicar la
calidad de la democracia, y en segundo lugar, también ha habido una
significativa orientación para dar un peso particularmente dominante a los
temas de naturaleza económica o que tienen impacto en la economía.

 

Por mi parte, yo también he venido desarrollando
mis propios indicadores, digamos adecuándolos, para ver cuál es la posibilidad
de adaptar algunos mecanismos o instrumentos de medición en un Estado
constitucional como el nuestro. De esto pensaba hablar con ustedes, pero cambié
de opinión porque justamente quiero aprovechar cuanto se ha dicho. En
particular, quiero adoptar el esquema de cinco
indicadores de calidad de la democracia aportado por Leonardo Morlino y
sintetizado por César Cansino para intentar evaluar la democracia en México.

 

En primer lugar, por lo que se refiere
a los derechos y su ampliación, es el aspecto en el que al parecer estamos más
desarrollados en el país.
A ello ha contribuido decisivamente la
acción del Poder Judicial Federal, fundamentalmente, y también de los órganos
que coadyuvan en la tutela de los derechos fundamentales, como son las
diferentes comisiones de derechos humanos. Es
evidente que el país ha hecho un gran esfuerzo en la materia, y en los
resultados debemos valorar también que tenemos —como decía Muñoz Ledo—, una
ciudadanía de alta intensidad, que no sólo ha proyectado su acción en el orden
de la democracia electoral, sino que también lo ha hecho en el orden de la
defensa de los derechos fundamentales. De los cinco rubros del esquema de
Morlino, si en alguno se pudiera poner una alta calificación, sería
precisamente en éste.

 

En segundo lugar, por lo que se refiere
a la progresiva ampliación de una mayor igualdad política, social y económica,
las cifras que se dan son tristes o alegres. Las tristes son ciertas y las
alegres ficticias. Las tristes y ciertas es que tenemos un país con un 50 por
ciento de pobres, con un precario acceso a la justicia y, por supuesto, con un
mínimo acceso a la riqueza. Las cifras alegres que se dan y que son ficticias,
se refieren a la disminución de la pobreza.
Ciertamente han
bajado mucho las cifras de pobreza, entre otras cosas porque hemos exportado
pobres a Estados Unidos y ya no los tenemos en la contabilidad mexicana. Pero
además estamos exportando personas que salen del
marginalismo económico al marginalismo social en el país vecino.
De
suerte que nuestra contribución a la miseria es una contribución asidua,
constante e infatigable. En este punto nuestra calificación es reprobatoria.

 

En tercer lugar, por lo que respecta al
Estado de Derecho, lo que concierne a la acción del Poder Judicial tiene una
calificación óptima, pero en el Poder Judicial Federal, pues subsisten graves
asimetrías en el país en los poderes judiciales en las entidades federativas.
En el
orden del Estado de Derecho, vivimos en un sistema dual, porque tenemos un
nivel de profesionalismo, de receptividad y de tramitación expedita y objetiva
de los problemas, como es el Poder Judicial Federal, y nos encontramos que la
situación en los ámbitos estatales es variopinta: desde tribunales de
excelencia hasta aquellos que son todavía víctimas del tratamiento caciquil de
los gobernantes que padecen. De manera que somos
ciudadanos duales que podemos tener defendidos adecuadamente nuestros derechos
ante la justicia federal, pero después de que han sido estropeados por la
justicia local.
En casi la mitad de los poderes judiciales del país,
por ejemplo, no hay consejos de la judicatura, que son los órganos de
administración de los poderes judiciales. Entonces, en este rubro también
estaríamos reprobados.

 

Pero en este rubro sobre el Estado de Derecho, el
poder también tiene que ser un poder desconcentrado, como apunto muy bien Muñoz
Ledo. Pero en el país tenemos una concentración
extrema en el orden constitucional, y se reproduce en el orden fáctico de la
política, de suerte que ahora que se ha perdido el centralismo político que
convertía al presidente de la República en el jefe de los gobernadores, y los
gobernadores se han convertido también —no todos, por supuesto— en nuevos
barones titulares de feudos políticos.
Y si antes el dedazo se daba
en cuanto al presidente por el presidente que salía, y los mini dedazos con
relación a los gobernadores que entraban, ahora los gobernadores salientes han
reivindicado para sí lo que antes era el derecho de los presidentes, o sea el
de dejar sucesor. Esto nos hace pensar que también en este punto estamos
reprobados.

 

Otro aspecto delicado de nuestro Estado
de Derecho es que seguimos usando el terror fiscal y la amenaza del Ministerio
Público.
Éste es un órgano de coacción que depende de los jefes de
gobierno federal o estatales, y la coacción fiscales una tributo que depende de
los órganos gubernamentales federal o local. Son muchos los particulares que
cuando han presentado opiniones disidentes ya no son reprimidos en el orden
político ni golpeados, no se ven afectados sus derechos humanos, pero ahora
simplemente se les mandan auditorías. Ese es otro déficit de nuestro Estado de
Derecho. También en ese rubro estamos reprobados.

 

En cuarto lugar, por lo que respecta a
la rendición de cuentas, los ciudadanos no tenemos todavía en México control
sobre nuestros representantes. De hecho, nuestro sistema político no es de
representación política, no es un sistema representativo, sino un sistema de
gestión, porque quienes actúan en nuestro nombre no son responsables ante
nosotros.
En Gran Bretaña, por poner un ejemplo, se acuñó desde la
Edad Media el aforismo King do not wrong (el Rey no se equivoca). Claro,
avanzaron las instituciones británicas y hoy la reina tampoco se equivoca, pero
hay una diferencia entre la reina inglesa del siglo XXI y los reyes ingleses
del siglo XIV: la reina es hoy jefa de Estado pero no jefa de gobierno. En México podemos decir también—perdonen el anglicismo— The
President do not wrong (el presidente nunca se equivoca), porque si se equivoca
es como si no se hubiera equivocado: no le pasa nada. Nada más que la
diferencia es que el presidente de México no se parece a la reina británica del
siglo XXI, sino al rey inglés del siglo XIV, porque es jefe de Estado y jefe de
gobierno. Por lo tanto, hay inmunidad para el jefe de gobierno, no hay control;
luego entonces, estamos reprobados.

 

Finalmente, por lo que respecta a la reciprocidad o
capacidad de respuesta de las instituciones, las cosas tampoco son muy
halagüeñas.Ciertamente, ya estamos en la era de la transparencia y en teoría
podemos saber todo lo que las dependencias gubernamentales hacen con nuestros
impuestos, pero no podemos saber todavía lo que hacen con nuestros impuestos los
partidos políticos. Ahí no hay transparencia. Entonces, resulta que los órganos de intermediación entre nosotros
los ciudadanos y los órganos del poder, no son accesibles a nuestro escrutinio.
Estamos reprobados.

 

Hemos visto cómo en el país se desarrollan
precampañas —el ministro Cossío hizo referencia a este tema—, y vemos cómo muchos políticos han hecho campañas millonarias en los
horarios triple A.
Bueno, ¿de dónde sacan esos señores el dinero y
por qué no nos dicen cuáles son sus fuentes de riqueza que les están
permitiendo hacer estas precampañas? Al no existir
una disposición que los obligue a declarar cuál es el origen de los dineros,
pues están haciendo lo que les place.
Estamos reprobados.

 

Y en cuanto a los partidos políticos y sus alianzas
peculiares, hemos visto todo tipo de combinaciones. Ha habido elecciones donde
el partido A y el partido B se aliaron para combatir al partido C; pero al
mismo tiempo, el A y el C se aliaron en otra selecciones para combatir al B, y
en otros el B y el C, para combatir al A. Eso puede no ser ilegal, pero en
cualquier parte sería inmoral, también entre nosotros. Estamos reprobados.
César Cansino: México ha vivido un largo proceso de transición democrática que
tuvo en la alternancia política del 2000 su principal punto de inflexión. Con
la alternancia, México dejó atrás más de setenta años de hegemonía de un solo
partido que prácticamente ocupó todos los espacios del poder público. Sin
embargo, la alternancia como constatación del
avance de un nuevo pluralismo partidista en el país y de la afirmación de
nuevos equilibrios y reglas para la competencia democrática, venía
presentándose tiempo atrás en varios estados y municipios.

 

En efecto, desde que la oposición ganó su primera
gubernatura en 1989 hasta la fecha, tres partidos mayoritarios se han venido
sucediendo en el poder de los distintos estados de la federación, pintando el
mapa político del país de varios colores. A ello hay que sumar el ascenso
vertiginoso de la pluralidad política en prácticamente todo el país, al grado
de que la figura de “gobierno dividido” se ha multiplicado en todas partes. Lo
mismo puede decirse de estados donde un partido puede ocupar la gubernatura
pero donde otros ocupan las presidencias municipales de las ciudades de más
peso en la propia entidad. Finalmente, también en muchas localidades se han
dado alianzas políticas entre los partidos, por lo que tenemos “gobiernos de
coalición”. Desde finales de los años ochenta podemos observar todas las
combinaciones posibles en una democracia presidencialista en lo que al reparto
del poder se refiere. Con la democratización ha terminado por imponerse un
pluralismo efectivo y una idea más clara entre los ciudadanos de lo que supone
la representación política y el valor del sufragio. Claro está que falta mucho por hacer y por avanzar para aproximarnos
siquiera a las condiciones mínimas de una democracia consolidada, empezando por
el establecimiento de nuevas reglas que hagan tabla rasa de una vez por todas
de las reglas autoritarias del pasado, cuya pervivencia en el nuevo régimen
post autoritario no sólo son contradictorias con la dinámica de una democracia,
sino que la inhiben y ponen en peligro. En suma, falta una reforma del Estado y
un nuevo pacto fundacional que ponga al día todo nuestro entramado
institucional en clave democrática.

 

Quizá por ello, es decir por la
ausencia de reformas institucionales que den cuerpo, coherencia y rumbo a
nuestra transición democrática, se ha impuesto en amplios sectores de la
población una sensación de desánimo o hasta de escepticismo sobre los alcances
de la propia alternancia política.

 

Más allá de las percepciones, una cosa
es cierta: la alternancia por sí sola no ha bastado para afirmar y asentar un arreglo
democrático en el país, por más que el pluralismo sea el signo de los nuevos
tiempos.
En efecto, sin un rediseño institucional profundo de todo
nuestro entramado normativo, es decir una reforma constitucional, no sólo
nuestra incipiente democracia estará amenazada permanentemente, sino que puede
albergar en su seno inercias autoritarias absolutamente incompatibles con la
lógica de funcionamiento de cualquier democracia: discrecionalidad en las
decisiones, abusos de autoridad, centralismo desmedido, corrupción ilimitada,
ausencia real de pesos y contrapesos, ineficacia, etcétera. Por todo ello, resulta interesante investigar hasta qué punto realmente la
alternancia política, ahí donde se ha presentado, ha sido un factor decisivo
para la transformación de la política en los ámbitos estatales, asumiendo que
el reemplazo de cualquier poder hegemónico, en este caso un partido gobernante,
por un nuevo pluralismo acompañado de alternancia, con lleva necesariamente a
situaciones inéditas de ejercicio del poder en teoría incompatibles con las
prácticas autoritarias del pasado.

 

En efecto, en este punto la lógica sugiere que la
alternancia política desde un régimen de partido hegemónico se traduce invariablemente
en transformaciones en el ejercicio del poder, es decir, en las formas de tomar
decisiones, en las interacciones del gobierno con los demás poderes y actores
políticos, en el apego a las reglas escritas, en la rendición de cuentas, en la
comunicación social, en el

 

Tal parece que la
transición mexicana llegó a un punto en el que ya no puede avanzar a menos que
se introduzcan cirugías mayores en el andamiaje institucional y normativo
vigente.

 

uso de los recursos públicos, en la
profesionalización del sector público y en un interminable número de aspectos. En algún sentido, con la alternancia y el pluralismo la
política se desintoxica de los usos y las costumbres largamente dominantes en el
pasado y comienzan a emerger lógicas de acción gubernamentales más acordes

 

Concibo entonces una sociedad en la que
todos, mirando a la ley como obra suya, la amen y se sometan a ella sin
esfuerzo; en la que, al considerarse a la autoridad del gobierno como cosa necesaria
y no como divina, el respeto que se otorgue al jefe del Estado no constituya
una pasión, sino un sentimiento razonado y tranquilo, gozando cada uno de sus
derechos y seguro de conservarlos, se establecería entre todas las clases una
confianza viril y una especie de condescendencia recíproca tan distante del
orgullo como de la bajeza. Conocedor de sus verdaderos intereses, el pueblo
comprendería que para aprovechar los bienes de la sociedad hay que someterse a
sus cargas. La asociación libre de ciudadanos vendría a reemplazar entonces al
poder individual de los nobles y el Estado se hallaría al abrigo de la tiranía
y de la licencia.
Sé que en un estado democrático así constituido la
sociedad no permanecerá inmóvil, pero los movimientos del cuerpo social podrán
ser regulados y progresivos; si se halla ahí menos brillo que en el seno de una
aristocracia, también se encontrará en ella menos miseria. los placeres serán
más limitados y el bienestar más general, las ciencias menos profundas, pero
más rara la ignorancia; los sentimientos menos enérgicos y las costumbres más
dulces; se observarán más vicios, pero menos crímenes a las normales y
cotidianas en las democracias.

 

A este proceso inherente a la alternancia de
reconversión de las prácticas políticas, de inclusión real o simbólica de la
nueva pluralidad en el ejercicio público, de configuración de nuevos pesos y
contrapesos políticos, bien puede llamársele “oxigenación política”. En efecto, un aparato de poder anquilosado por la ausencia
de cambios y desafíos, dominado por prácticas consuetudinarias inamovibles
heredadas de una generación a otra, de un gobierno a otro, de un cacique a
otro, se ve de pronto sacudido por nuevos aires políticos que van poco a poco
ocupando y sustituyendo los espacios de poder antes incólumes y aireando las
viciadas prácticas del pasado.

 

Sin embargo, para el caso de México, todo indica
que este proceso de oxigenación no ha avanzado más allá de las muchas
expectativas que en un momento se crearon al respecto. En efecto, al no ir acompañada la alternancia política de
modificaciones drásticas en el ordenamiento institucional y normativo vigente,
la supuesta oxigenación de la política que conlleva termina contaminándose de
las viejas prácticas e inercias autoritarias que aparecen y reaparecen
protegidas por leyes e instituciones que las siguen cobijando.
De
ahí que la alternancia termina pervirtiéndose o asfixiándose sin siquiera haber
podido desarrollar lógicas de gobierno alternativas medianamente virtuosas.

 

Tal parece que la transición mexicana llegó a un
punto en el que ya no puede avanzar a menos que se introduzcan cirugías mayores
en el andamiaje institucional y normativo vigente. Si se aspira a consolidar la
democracia en México, ese desenlace sería simplemente imposible con lo que hay.
Ni la alternancia, ni el nuevo pluralismo, ni el
entusiasmo por las transformaciones de los últimos años han sido suficientes
para erradicar las inercias autoritarias del pasado, los usos y las prácticas
del viejo régimen priista, los cuales aparecen y reaparecen gracias a los
vericuetos y opacidades legales que los propician y alientan.

 

 

* – * – * – * – * – * – * –
* – * – * – * – * – * – * – *

 

 

Como “la palabra se cumple”, VAAA. Coincido totalmente con Porfirio Muñoz
Ledo, la democracia en realidad nunca se instaló en México; simple y llanamente
hubo un intento de crear los mecanismos para asegurar la supuesta “efectividad”
del sufragio. Sin embargo, tal y como lo experimentamos el 2 de Julio de 2006,
estas “graciosas” concesiones fueron solo espejismos en el paisaje desértico,
que es la incipiente “Democracia a la Mexicana”.

 

Con todas sus imperfecciones, los procesos democráticos alrededor del mundo
son fácilmente identificables. A la mayoría de los Mexicanos se les vendió la
idea de que habíamos arribado por fin a la modernidad, y por ende, gozaríamos
de los “lujos” de los países más desarrollados del mundo, entre ellos, la
libertad de elegir a nuestros gobernantes. A la distancia, lo que el análisis
crítico nos muestra es que las elecciones de 1994 y 2000 fueron sólo
concesiones porque así convenían a los grandes intereses, principalmente económicos,
que son los que verdaderamente gobiernan la República Mexicana. Basta con
apuntar que en el ’94 un mediocre con suerte se sienta en la silla presidencial
sin proponérselo; en sentido estricto con la revelación de que el chaparrillo,
peloncillo había pasado la charola entre los empresarios Regiomontanos, era razón
suficiente para anular esa candidatura. Caso parecido tenemos en el año 2000,
el caso del oscuro financiamiento desde el exterior controlado por un grupo de
delincuentes electorales llamados “Amigos de Fox”, y que fue destapado por el
JACKO a unos días de que se llevaran a cabo las elecciones, supondría otra
anulación de un candidato presidencial. Como los Mexicanos estamos más que
versados en los conceptos básicos de lo que significa una Democracia,
consideramos tales resbalones “pecata minuta”.

 

Hace menos de una semana platicaba con un estudiante Africano que estudia
las condiciones básicas para que sea instalada una Democracia. El nació en
Malawi, pero actualmente vive y trabaja en Noruega, a donde va a regresar en
cuanto terminen sus estudios; por lo que entiende bien las diferencias entre
una democracia bien establecida de las más desarrolladas del mundo y una en
construcción. Me comentaba que para entender el andamiaje básico de una
democracia, debemos también diferenciar entre los diferentes tipos de
democracias, por ejemplo entre la Democracia Liberal y la Social Democracia.
Una y otra tienen diferentes mecanismos por los que intentan acceder a los
espacios de poder y desde ahí comenzar las transformaciones necesarias de
acuerdo a su ideología. Como planeo traerles más tarde estos conceptos solo me
detendré un poco en comentarles que las Democracias Sociales pretenden los
cambios empezando desde abajo desde lo que en el idioma inglés es llamado
Grassroots; por cierto un proceso muy conocido y mentado para los que hemos
seguido el movimiento Zapatista en México. Ahora, su plática enriqueció mis
percepciones, más noté dos debilidades en lo que me expresaba. Primero, tuve que
recordarle el caso Estadunidense que algunos analistas llaman Corporate
Democracy
, que básicamente consiste en que las grandes transnacionales cabildean
para dirigir las elecciones en ese país. Hace ya un rato ví un documental sobre
el tema en PBS (Public Broadcasting System, que por cierto, los Republicanos
poco a poco quieren desaparecer de los EUA, reduciéndole su presupuesto. ¿Porqué
será, tú?). En el segundo error algunos progresistas caen frecuentemente, que
es traicionar sus convicciones y doblegarse ante cualquier guiño de ojo$$$. Al
final parece que este Africano se había decidido por el camino más fácil, que
es intentar las transformaciones desde arriba, en lugar del abajo y a la
izquierda Zapatista.

 

Actualmente, cuando los imperialistas pensaban que con la jerga de la
Globalización era suficiente para homogeneizarnos o aniquilarnos, e instalar un
gobierno mundial; dos grandes movimientos se abren paso en la geografía
mundial. Así, identificamos una marea izquierdosa en muchas partes de Latinoamérica
(que es lo que pretendíamos en México), principalmente en el cono Sur; y un
movimiento conservador (Bulldozer Facho) en algunas regiones de Europa, por
ejemplo. La gran diferencia entre uno y otro es que, por su propia esencia, la
marea es viscosa, y por lo tanto, maleable; en tanto que el tanque derechista
es sólido en su estructura y muy renuente al más mínimo cambio. Como los
cambios recientes han sido vertiginosos, y los bloques regionales se están
definiendo, es momento que decidamos nuestro futuro como nación. El movimiento
globalizador está moribundo, sólo le falta la estocada final. Ese sistema de
explotación descarado de la mayoría por una minoría pudiente y parasitaria debe
ser desmantelado a la brevedad si es que deseamos sobrevivir.

 

Una cosa es cierta: mientras existan condiciones atroces de desigualdad, es
imposible hablar de democracias. Es inconcebible que los países Escandinavos imaginen
siquiera que en sus países contaran con uno de los hombres más ricos del mundo
mientras el 50% de la población vive por debajo de los niveles de pobreza. Este
es un buen caso, Carlos Slim no es un self-made man ni nada que se le parezca.
En el sexenio en que ibamos a llegar al primer mundo el súper estadista que
tuvimos como presidente le dio todas las ventajas para que se convirtiera en un
hiper millonario. Sin embargo, si es que ha llegado a la top list de los más
ricos del planeta no es por su brillantez de pensamiento (caso contrario al oráculo
de Omaha) sino por los incentivos fiscales que así lo permiten en México. Échense
un clavado y comparen los impuestos que pagan en sus respectivos países los
tres más ricachones del mundo. Seguramente notarán ustedes el porqué ahora Slim
se acerca peligrosamente a ser coronado rey en la lista de Forbes. En países
como el nuestro lo que menos desean los del gran billete es una democracia, por
ello, casi sin excepción, todos los de arriba, apoyaron sin reserva alguna la
campaña sucia mediática antes de la jornada electoral del 2 de Julio de 2006.

 

El fin de semana pasado platicaba con un cuate Danés. Al preguntarme sobre
las condiciones en general en México, inevitablemente tuvimos que llegar a las
comparaciones entre su país y el nuestro. Al retroalimentarnos sobre la
escalada de violencia en parte gracias al gobierno Republicano en los EUA,
coincidimos en que durante gobiernos conservadores siempre hay retrocesos en
las condiciones de vida de los ciudadanos en general. Este amigo me comentaba
sobre la experiencia Danesa durante este tipo de gobiernos derechistas, y la
forma de sacudirse de ellos. Habiendo crecido en una sociedad progresista me
platicaba que la vía electoral siempre es una forma de castigar el descontento;
en lo que coincido totalmente. Sin embargo, me costó trabajo explicarle que hay
cosas inaceptables que no serían permitidas en las democracias establecidas
como eso de que el cuñado de uno de los candidatos sea socio de la empresa que
tiene el contrato para contar “digitalmente” los votos de tu elección. El me
decía que, hasta hoy, el sistema de conteo en Dinamarca es manual, y que además,
si alguien es pillado en una trapacería (ya ven que ahora tenemos que hablar
con el Español Penínsular) las penas son durísimas. A una persona que fue lo
que nosotros llamaríamos funcionario de casilla se le encontró modificando las
actas. A este “delincuente electoral” se le aplicaron 20 años de cárcel. Así
es, 20 años por lo que, a lo mejor algunos de los magistrados de la Suprema
Corte, considerarían un “errorcillo”.

 

Hace casi exactamente 13 años que visité “conscientemente” Ciudad
Universitaria para presentar el examen de admisión para cursar la Maestría en
Ingeniería Hidráulica. Antes de entrar al salón donde iba a llevarse a cabo, andaba
bobeando como es mi costumbre. Una fotocopia a un artículo de una de las
revistas científicas de prestigio llamó mi atención. Trataba de racionalizar la
conveniencia de aplicar la discriminación intelectual. Realmente como creo que
todo el ser humano puede desarrollar lo mejor de sus potencialidades si se le
dan las condiciones adecuadas, hasta el día de hoy, no comulgo con esos
pensamientos. Recuerdo también que en 2002 antes de venir a Inglaterra, estaba
viendo TV UNAM en Cuernavaca; en un programa entrevistaban a un joven que había
hecho un doctorado en el extranjero, este con mucha humildad reconocía que a
veces la vida es injusta, ya que había tenido como condiscípulo en la primaria
a un niño realmente brillante pero que la muerte de uno de los padres lo había
orillado a hacerse cargo del negocio familiar, truncando entonces su formación
escolar. En democracias desarrolladas las desgracias familiares, y por lo tanto
económicas, no detienen necesariamente la formación de sus ciudadanos.

 

Sin embargo, como ya lo hemos abordado en el blog, hay faros que nos guían
en nuestras travesías. Tales personas sólo lo pueden lograr después de un arduo
entrenamiento. Muy pocos, a pesar de ello, conjuntan erudición y compromiso
social; he ahí una de las grandes diferencias entre los intelectuales orgánicos
y los gigantes de la izquierda; para la mayoría de estos últimos la vida
pública esta estrechamente ligada con las causas de los sectores más
desfavorecidos. Es por ello, que el intelectual de izquierda debe preparar a
aquellos que no conocen los requisitos básicos de una democracia como los que
nos explican con mucha atingencia los miembros de este panel. Por supuesto, que
el ciudadano común y corriente tiene el derecho de informarse acerca de sus derechos
básicos en el país, pero es verdad que este proceso de aprendizaje es acelerado
si lo conocemos de primera mano por quienes diariamente tienen que lidiar con
ellos.

 

Hay varios supuestos en este artículo que se daban por hecho después de la
elección del 2000 y que fueron pulverizados, sobre todo después de la elección
de 2006. Como eso de la probidad pero sobre todo independencia del Poder
Judicial Federal, específicamente la Suprema Corte. Ahora sabemos que las
condiciones básicas de la Democracia en México fueron vilmente prostituidas, y
que el dinero manda en todos los niveles. Ustedes lo van a observar muy pronto;
esos cambios en los “mandos” de la AFI y la PFP son cosméticos, los verdaderos
hampones son sus jefes que son los que transan con la delincuencia organizada.
Ya se los dije, ¡cómo quisiera que en México tuvieramos un John Perkins o un David Kelly! De tal manera
que supieramos con toda claridad quienes tienen realmente al país en vilo. Sueños
guajiros, comp@s.

 

Mientras tanto, no se olviden que el objetivo final de todo este movimiento
PACIFICO es tirar lo que no solo es ajeno, sino además es ilegal. Solo entonces
podremos refundar el Estado Mexicano e instalar La Democracia desde cero.

 

 

 

 

 

M@rconteo-ciudadano;

 

Norwich, G(ran) B(oleta Electoral);

 

26/6/07.

 

 

 

P.D.ADORMILADA. "…I’m
gonna start a REVOLUTION from my BED…" – Don’t look back in ANGER
(Oasis).

 

P.D.CHISTINA. "…CREO…en mis tonterías para hacer tu RISA
estallar…" – Lucha de GIGANTES (Nacha Pop).

 

P.D.CARDIACA. "…para que no vean con los OJOS y entiendan con el
CORAZON…" – Juan 12:40 (Cipriano de Valera, 1569).

 

 

 

 

 

 

… a successful cancer treatment.

 

 

 

 

 

http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/architect/rove/

The
mastermind

 

http://www.democracynow.org/article.pl?sid=06/11/24/1442258

Howard
Zinn on The Uses of History and the War on Terrorism

 

 

 

 


 

 


 

 


 


 


 

 


 

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