El PRD perdió el rumbo

El PRD perdió el rumbo

sara lovera lópez
México, D.F., 28 de junio (apro-cimac).-En las zonas de tolerancia se
ejerce la explotación sexual, el secuestro, el maltrato, la violencia a
las que ahí son obligadas a "trabajar": las mujeres.

http://www.proceso.com.mx/analisis_int.html?an=51974

El PRD perdió el rumbo

sara lovera lópez
México, D.F., 28 de junio (apro-cimac).-En las zonas de tolerancia se
ejerce la explotación sexual, el secuestro, el maltrato, la violencia a
las que ahí son obligadas a "trabajar": las mujeres.

“Y en las zonas de tolerancia, ¿qué buscan? No se pretende que sólo se
limite a esa zona. ¿No es en realidad la formación de un gueto que
viola de facto todo derecho humano vigente? ¿Acaso se desconoce que las
zonas de tolerancia están estrechamente ligadas a las redes de
explotación y a la trata de personas, de lo cual sólo se beneficia el
sistema neoliberal y capitalista que nos imponen los de arriba?”

Este es un párrafo elaborado por un grupo de mujeres de Apizaco, que
llegaron al zócalo capitalino a protestar porque Reyes Ruiz Peña,
presidente municipal, busca crear una zona de tolerancia en ese pueblo
de Tlaxcala.

La prostitución es el lugar de mayor opresión y violencia que existe para las mujeres.

Pretender legalizarla es consentir la violencia extrema contra las
mujeres; es “regular” el trabajo que ellas y otros muchos hombres
realizan. Atrás pareciera que está el deseo neoliberal de que paguen
impuestos y certificar que en este país se admite un negocio, donde el
objeto de

compra-venta es el cuerpo de las mujeres.

Se trata sin duda de un asunto polémico. Y no por moralina, sino porque
los perredistas de la Ciudad de México perdieron el rumbo. Hace al
menos tres años que en el Congreso se lucha por la aprobación de una
ley de trata que garantice los derechos humanos de las personas
explotadas sexualmente. ¿Puede un Estado admitir esta explotación, como
lo ha hecho, y dar una salida equivocada?

A frenar la trata, la pornografía infantil, a eso y no a otra cosa
debía dedicarse el trabajo legislativo. Tenemos suficiente información
que hace urgente atender el problema. Si se legaliza, dice Teresa
Ulloa, estarán contentos los negociantes que se embolsan cada año más
de 5 mil millones de pesos por el uso, abuso, tráfico de migrantes y
trata de personas, con fines de explotación sexual.

Un número creciente son niñas y niños. Un negocio del crimen
organizado. Un negocio conocido, estudiado, con focos rojos. Se sabe
que las casi niñas que se prostituyen en la zona centro de la ciudad
precisamente son tratadas desde Tlaxcala. ¿Por qué será que no se puede
ver desde ese lugar terrible de la violencia contra las mujeres el
problema de la prostitución? ¿Por qué, me pregunto, se echa por la
borda una postura abolicionista que ha caracterizado a la historia de
este país?

Me dirán que, entonces, ¿qué hacemos? Y cómo no saberlo: hay que
perseguir a los lenones, desde los de negocio en las calles, de la
trata de mujeres jóvenes, indígenas, cuya ruta estudió hace una década,
en la Ciudad de México, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito
Federal. ¿Porqué no poner freno a la trata? ¿Por qué no blindar la
explotación?

Las mujeres que pintaron una manta con esmalte de uñas, pidiendo a
gritos que no se las confine y no se las excluya, dicen que son
“trabajadoras sexuales libres” de Apizaco y que se oponen con la
sabiduría del ser humano, que sabe que se conspira contra sus
libertades fundamentales.

Y no se trata de una contradicción. Es una demanda de un grupo
organizado que ha eliminado el control y que ejerce la prostitución
libremente, pero advierte que se trata una legalización o
reglamentación hipócrita, que en el fondo quiere confinarlas para
siempre a una actividad “legal”, pero vergonzante para quienes la
legalizan.

Creo que la propuesta no resiste un análisis de Derechos Humanos y, en
cambio, habría que perseguir al crimen organizado que trata con las
mujeres, las niñas y los niños; crear mecanismos de reinserción social
reales que alienten el empleo bien pagado; que prohíba el comercio
sexual en los negocios de unos cuantos; que penalice a los clientes y
los persiga; que evite el secuestro y el mal trato; que realice
programas de buen trato y dignificación de estas mujeres confinadas a
la peor de todas las violencias consentidas por el sistema.

Por qué los señores del PRD no se ponen a trabajar para distribuir el
presupuesto, edificar escuelas y bibliotecas, capacitación a
funcionarios a fondo y no talleres superficiales; en fin, la lista de
acciones que están en la Ley de Acceso a Una Vida sin Violencia para
las Mujeres, es todo un programa que debía ponerse en marcha y no dar
salidas neoliberales y esas sí, de derecha.

Una zona de tolerancia en el Distrito Federal para excluir a las
mujeres que están atrapadas en la prostitución, sin un plan de fondo,
es una medida reaccionaria y contra las mujeres.

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