“…conozco muy pocos que se hayan hecho ricos y no por ser intelectuales.”

http://www.jornada.unam.mx/2007/07/01/index.php?section=opinion&article=018a1pol

Arnaldo Córdova

"Octavio Paz y la izquierda"

Pongo entrecomillado el título porque no es mío, corresponde a un artículo que Enrique Krauze publicó en el periódico Reforma
el 6 de mayo del presente año. En ese artículo, Krauze se lamenta de la
incomprensión de la izquierda hacia Octavio Paz y jura y perjura, como
suele decirse, que Paz siempre estuvo deseoso de entablar un debate de
altura con la izquierda, pero ésta siempre lo esquivó. Paz, dice
Krauze, vivió decepcionado por esa actitud de la izquierda. Conozco a
Krauze desde hace más de treinta años y, aunque no nos frecuentamos,
siempre lo he considerado un amigo. Su respeto hacia mí ha sido
irrestricto como el mío hacia él. Pues desde que lo conozco, en las
contadas veces en que nos hemos visto, todo el tiempo me ha soltado el
mismo lamento.

Siempre le dije a mi amigo liberal que eso no era
cierto, que los que nunca habían querido un debate de altura habían
sido Paz y él. Y tengo muchas pruebas de ello. En 1967 publiqué un
ensayo teórico, "Sociedad y Estado en el mundo moderno", en el que me
pronunciaba por un Estado democrático y respetuoso de las libertades
humanas. En uno de mis primeros encuentros con Krauze le pedí que lo
leyera (ya estaba publicado en un libro de ensayos que salió en 1974).
Jamás supe si lo leyó. Le dije, además, que se lo propusiera a Paz.
Nunca supe nada. Un amigo mío me dijo que José de la Colina, quien
corrigió mi primer librito, La formación del poder político en México (1972), le llevó a Paz mi libro La ideología de la Revolución Mexicana
(1973). El lo vio y, en medio de una sonora carcajada, dijo: "Pero qué
idea tan peregrina: ‘ideología’, ja-ja-ja, ‘de la Revolución
Mexicana’". Acto seguido se lo devolvió a De la Colina y le dijo que no
tenía tiempo para leer tonterías. Confieso que no sé si será cierto
porque yo a José de la Colina nunca lo he tratado, excepto cuando me
dio sus correcciones.

Se lo conté en otra ocasión a Krauze y me
dijo: "¡Ah qué Octavio!, je-je, así es él, ¿sabes?". Octavio Paz no
quería discutir con la izquierda. Tenía un concepto de la izquierda muy
propio y muy conveniente: para él era el conjunto de los seguidores del
Partido Comunista soviético, de Castro o de Mao. No sabía que había un
pensamiento de izquierda, marxista, que era diferente. Ese pensamiento
a él no le interesaba. Quería un enemigo a modo y era a ése al que
siempre estaba retando. Probablemente le habría encantado que Leonid
Brehznev o Fidel Castro se dirigieran a él y lo invitarán a polemizar
como él quería, probablemente en la Plaza Roja o en la Plaza de la
Revolución. Cuando Paz se convirtió en estrella de la televisión con
sus magníficos y muy ilustrativos programas jamás abrió las puertas a
una polémica como él decía que quería con la izquierda.

La única vez que Paz polemizó con un exponente de la izquierda y de su mismo nivel fue cuando, en la revista Proceso,
interpeló a Carlitos Monsiváis por lo que escribía en su divertida
columna "Por mi madre bohemios". Monsi le respondió muy adecuadamente y
la discusión se prolongó por varias semanas. Mi amigo lo puso parejo,
como se dice, y no le dio cuartel. Paz se vio siempre acorralado y en
una ocasión oí decir a Monsi que él le iba siempre a contestar cada vez
que abriera la boca. "Yo no seré el penúltimo que hable", dijo. Y así
fue. Paz se retiró a sus cuarteles y nunca más volvió a discutir con un
izquierdista. Pero no dejó de decir que la izquierda no quería discutir
con él y se dijo "decepcionado", como lo apunta Krauze.

En una
ocasión, habrá sido en 1966, Gerardo Unzueta me llevó a las oficinas de
Prensa Latina, muy cerca de Paseo de la Reforma, donde, por cierto,
conocí a Renato Leduc y, platicando con él y otros, Gerardo nos leyó
una carta dirigida a Paz, en la que le proponía polemizar sobre el
comunismo, como doctrina, y sobre el sistema socialista mundial. Era,
según recuerdo, una carta muy decente, comedida, en la que mi amigo
comunista le decía a Paz que lo admiraba, por su gran poesía y su
magnífica ensayística, y lo retaba a que polemizara con él sobre los
temas que le preocupaban sobre el papel de la izquierda en la historia
moderna. Si Gerardo me lee, no me dejará mentir. Renato Leduc, le dijo:
"¡Uhm! Ese cabrón infatuado, jamás te va a contestar".

Yo también polemicé con mi amigo liberal. Cuando, allá por 1980 se publicó aquel librito Historia para qué,
en el que yo había colaborado y, también, el maestro de Krauze, Luis
González y González, escribió una verdadera diatriba en la que nos
acusaba de ser historiadores "estatistas" (historiadores wigh, fue su expresión). El tory
Krauze alertó a la ciudadanía mexicana sobre los peligros que el libro
representaba, pues se habría dado a leer en las preparatorias y en las
universidades haciendo oficiales los puntos de vista (muy diferentes,
por cierto) que nosotros expresábamos en nuestras colaboraciones. Yo le
respondí en un largo artículo que se publicó en el suplemento Sábado, de Unomásuno,
el mismo en el que él había publicado el suyo, para decirle que nuestro
libro no era lo que él pensaba y que si quería discutir con cada uno de
nosotros lo hiciera y no nos acusara de "estatistas". Krauze me
contestó, pero no refutó ni uno solo de mis argumentos y hasta me dijo
que estábamos de acuerdo en muchas cosas, así que ya no le respondí.
Luego, en una cena, me dijo que habría valido la pena reeditar la
polémica. Yo le dije que cuando quisiera. Nunca ha vuelto al tema.

Krauze, por elección propia, se ha convertido en un señalado vocero de la derecha, si bien él prefiere que se le llame liberal.
Quisiera decirle a mi amigo liberal que no es el único y que hay muchos
que han luchado por la libertad probablemente más y, sobre todo, más
peligrosamente que él. No tiene por qué seguir diciendo que los
izquierdistas no apreciamos la libertad y que todos somos autoritarios
y estalinistas. Tampoco tiene por qué seguir exigiéndonos a todos que
nos arrepintamos de lo que hicieron los dictadores comunistas. Eso es
estúpido. Yo qué carajos tengo que ver con el muro de Berlín o con los
campos del Gulag. Aparte de porque es liberal, sospecho que Krauze
tiene otra razón para ser derechista. En una ocasión (y luego lo dijo
también en público) me confesó que quería ser un intelectual, pero que
no quería depender de nadie y por eso se había dedicado a hacer
negocios y a hacer dinero. Hoy es muy rico. Siempre recordé a Hank
González, para quien un político pobre es un pobre político. Para
Enrique Krauze un intelectual pobre deber ser un pobre intelectual
(¡Puta!). La verdad es que conozco muy pocos que se hayan hecho ricos y
no por ser intelectuales.

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