Russia sends warning to the West

President Vladimir Putin’s decision to suspend Russia’s participation in the Conventional Forces in Europe, or CFE, treaty is a potent political signal.

http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/europe/6898897.stm

Russia sends warning to the West


By Jonathan Marcus BBC diplomatic correspondent

President Vladimir Putin’s decision to suspend Russia’s participation in the Conventional Forces in Europe, or CFE, treaty is a potent political signal.

It is yet another sign of the worsening relationship between Moscow and the West.

It shows that this relationship was not improved in any substantial way by the informal meeting at the start of this month between the US and Russian presidents at the Bush family’s holiday home at Kennebunkport in Maine.

It is another diplomatic warning shot from Mr Putin across the bows of the Bush administration.

And with crucial issues like Iran’s nuclear programme and the political future of Kosovo looming at the United Nations, it raises a new set of questions about how far Russia might go to block initiatives backed by Washington and its key allies.


President Putin’s move will be taken as yet another sign of a more assertive foreign policy – a policy buoyed up by Moscow’s rising income from oil and natural gas

The Russians have been threatening to suspend their participation in the CFE treaty for several months.

An emergency meeting in mid-June to discuss the issue made little if any progress.

The CFE treaty of 1990 was one of the most significant arms control agreements of the Cold War years.

It set strict limits on the number of offensive weapons – tanks, aircraft, artillery and so on – that the members of the Warsaw Pact and Nato could deploy in a broadly-defined Europe, stretching from the Atlantic to the Urals.

In the wake of the collapse of communism, the treaty was revised in 1999, in part to address Russian concerns.

This revised treaty has never been ratified by the Nato countries who first want Russia to withdraw all of its forces from the former Soviet Republics of Georgia and Moldova. Now Russia’s patience has run out.

President Putin’s decree to suspend application of the treaty is not the same as a full-scale withdrawal – that would require a formal notification of the other parties.

This suspension is a unilateral Russian measure and its practical impact will be limited.

Various routine inspections, exchanges of data, and so on will presumably be halted.

Irrelevant?

In many ways the CFE treaty is not hugely relevant today.

The Cold War is over and whatever new tensions there may be between Russia and the West, nobody envisages a return to an armed stand-off on the European continent.

Nonetheless Mr Putin’s decision matters.


It is clearly nonsense to speak of a new Cold War

For a start it raises questions about yet one more arms control treaty at a time when disarmament experts fear that the whole network of arms control treaties established during the Cold War years is increasingly under strain.

The United States pulled out of another key agreement, the Anti-Ballistic Missile treaty, in December 2001.

In a sense Mr Putin is just demonstrating that what the Americans can do in the name of their vital interests, so Russia can also threaten in the name of its national interest.

President Putin’s move will be taken as yet another sign of a more assertive foreign policy – a policy buoyed up by Moscow’s rising income from oil and natural gas.

But analysts wonder if this is really a sign of strength.

For all its energy revenues, Russia remains a shadow of the former Soviet Union in the superpower stakes.

Russian experts argue that Mr Putin realises this.

But in certain key areas, not least missile defence, he wants to be treated by Washington as an equal.


THE CFE TREATY
Cornerstone of European security
Limits amount of key military equipment in designated area
Negotiated by Nato and ex-Warsaw Pact member states
Signed in 1990
Came into force in 1992
Revised 1999 version never ratified by Nato

Russian opposition to US plans to deploy limited missile defence in Poland and the Czech Republic is at the heart of their current disagreements.

But Russia’s ever more muscular noises that it might block a proposed United Nations deal on the political future of Kosovo adds a worrying dimension to what up to now has been largely a rhetorical row.

Add in "local difficulties" like the dispute between London and Moscow over the murder of a former Russian agent living in Britain and there is real danger that relations between Russia and the West could be heading back to the freezer.

It is clearly nonsense to speak of a new Cold War.

But several Russian foreign policy experts have expressed concern that relations could deteriorate significantly.

Mr Putin’s position, they say, is more sophisticated and perhaps more nuanced than some Russian spokesmen’s pronouncements might indicate.

Mr Putin has gone some way, for example, in acknowledging that Iran does represent a potential missile threat. But Mr Putin is drawing on a strong well of anti-Americanism in Russia’s military and foreign policy establishment.

That is why Mr Putin’s whole approach risks sounding, and indeed becoming, blunter and more dogmatic than even he probably wants.

http://www.jornada.unam.mx/2007/07/14/index.php?section=opinion&article=026a1mun

Immanuel Wallerstein

Escudo de defensa con misiles: ¿idea loca u objetivo racional?

George
W. Bush ha estado pujando fuerte para establecer lo que él llama un
escudo de defensa con misiles en la República Checa y en Polonia. Muy
poca gente piensa que eso sea una idea cuerda. Aunque ambos gobiernos
de Europa del este parecen respaldarla con entusiasmo, las encuestas de
opinión pública muestran que sus propias poblaciones están en contra.
Rusia lo ha denunciado abiertamente. Alemania la combate más en
silencio. Irán muestra total indiferencia. Y Joseph Cirincione, quien
ha dedicado su carrera profesional a luchar contra la proliferación de
armas nucleares, dice que Bush está pujando por "una tecnología que no
funciona contra una amenaza que no existe".

Entonces, ¿es ésta
una idea loca solamente, una pieza más de la evidencia de que el
régimen de Bush es irracional y no muy astuto? En realidad no. Hay un
objetivo racional atrás de todo esto, y casi no es secreto. Comencemos
con la explicación aparente. Bush dice que quiere protección contra la
amenaza nuclear por parte de un Estado malhechor (léase Irán) contra
Europa y Estados Unidos.

Rusia afirma que los llamados escudos
defensivos están de hecho apuntados contra ella, a lo cual no sólo se
opone, sino que desplegará misiles contra Europa. Realmente los
gobiernos checo y polaco no parecen alarmarse mucho por la amenaza
iraní, pero sí pensar que existe una amenaza rusa. Entonces, la razón
por la que se entusiasman con la idea es que concuerdan con los rusos
en que esta es una movida contra Rusia. De hecho, ésta es, también en
privado, la posición alemana. Y en privado también es muy probable que
compartan esa visión todos los gobiernos de Europa occidental.

George
W. Bush insiste en que eso no es cierto, que los rusos son amigos, y
que no intenta amenazarlos. El señala que checos y polacos no tienen
que escoger entre Estados Unidos y Rusia. Pueden (y deberían) ser
amigos de ambos. Y tal vez realmente lo piense, en el sentido de que ni
Bush ni los neoconservadores buscan hacer de Rusia ya un otro enemigo
para el siglo XXI. Así, ¿qué ocurre?

Donald Rumsfeld nos dijo lo
que sucede hace mucho tiempo. La política del actual gobierno
estadunidense es utilizar la llamada nueva Europa para constreñir y
limitar el papel político de la llamada vieja Europa -es decir,
utilizar a los gobiernos de Europa del este contra los gobiernos de
Europa occidental. Estados Unidos, especialmente el régimen de Bush, no
quiere ver una Europa fuerte, una que pudiera emprender una serie de
políticas aparte de las de Washington. Y uno podría decir que la
doctrina Rumsfeld ha logrado, hasta ahora, un éxito razonable en ello.
El punto de erigir escudos defensivos con misiles en Europa del este es
para proteger Estados Unidos no de Irán ni de Rusia, sino de Europa
occidental, lo que explica la actitud alemana.

El periodo de la
dominación soviética en Europa del este fue una experiencia muy
negativa para los países satélites y para los estados ex soviéticos,
hoy independientes. Todos viven un síndrome de estrés postraumático.
Las fuerzas del ala derecha, dentro de cada una de esas naciones,
alimentan ese miedo para impulsar agendas propias. Dichas fuerzas
realmente no tienen miedo a la fuerza directa militar rusa, ni siquiera
a la presión política. Tienen miedo a que Europa occidental haga un
nuevo pacto político con Rusia, y que ellos no puedan decir mucho
acerca de los términos de ese convenio.

Eso no es irracional de
su parte. Ha habido muchos pactos así a lo largo de los últimos siglos,
y de nuevo ésta es una posibilidad seria. Por ello los países de Europa
del este proclaman su inextinguible amor por Estados Unidos (desplegado
tan efusivamente como hizo Albania el 11 de junio, durante la visita de
ocho horas de George W. Bush).

El objetivo de esas efusivas
proclamas de amistad es doble: debilitar a los europeos occidentales y
crear una situación en la cual Estados Unidos sea vea forzado a
respaldar a los europeos del este. Esta es la táctica clásica de los
países más débiles en relación con las naciones más fuertes, que
parecen ser sus aliados ideológicos. Cuba y Vietnam la usaron vis-à-vis la Unión Soviética. Corea del Norte la usó vis-à-vis China.

Es
una estrategia que con frecuencia funciona. Pero tiene limitaciones. El
talón de Aquiles de dicha táctica es que depende de las necesidades
continuadas del país más fuerte, en este caso el gobierno de Estados
Unidos, que el juego se juegue. Por el momento, Washington está muy
dispuesto. Pero cuando se retire de Irak y recalibre su postura global
tomando en cuenta su disminuido poderío geopolítico, sostener a los
regímenes polaco y checo puede parecer menos útil, incluso puede
desvanecerse su importancia. En ese punto, los gobiernos de Europa del
este pueden quedarse solos -dependientes en lo económico y en lo
militar de justo las potencias de Europa occidental que ahora desdeñan,
aun cuando, o especialmente, hay acercamientos París-Berlín-Moscú.

Así
que, en el corto plazo, la construcción de un escudo defensivo con
misiles en Europa del este sirve a las necesidades de Estados Unidos y
a las de los gobiernos de dicha región, pero en el largo plazo parece
que los europeos orientales están apostando a un caballo que tal vez no
termine la carrera.

© Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera


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