Don giovanni ( 1 )

El tañido de una flauta, Nocturno de Bujara,
El desfile del amor, Domar a la Divina Garza, La vida conyugal
y El arte de la
fuga
son algunos de los títulos de Sergio Pitol, uno de nuestros
escritores fundamentales, quien en este ensayo compone unas hermosas
variaciones sobre el tema de Don
Giovanni y su giocoso dramma
.

 

 

 

 

 

http://www.jornada.unam.mx/1998/04/12/sem-pitol.html

 

 

DON GIOVANNI, ESE DRAMMA
GIOCOSO

 

Sergio Pitol

 

El tañido de una flauta, Nocturno
de Bujara, El desfile del amor, Domar a la Divina Garza, La vida conyugal
y El arte de la fuga
son algunos de los títulos de Sergio Pitol, uno de nuestros escritores
fundamentales, quien en este ensayo compone unas hermosas variaciones sobre el
tema de Don Giovanni y su giocoso dramma.

 

 

I

Hacia el final del Don Juan de Molire, doña Elvira se ha
transformado: “Ya no soy aquella doña Elvira que hacía votos contra vos y cuya
alma irritada profería sólo amenazas y sólo respiraba venganza. El Cielo ha
desterrado de mi alma todos esos indignos ardores que sentía yo por vos, todos
esos transportes tumultuosos de una devoción criminal, todos esos arrebatos de
un amor terreno y grosero, y no ha dejado en mi corazón por vos más que una
llama depurada de todo comercio sensual, una ternura muy santa, un amor despegado
de todo, que no obra para sí propio y al que sólo inquieta vuestro interés.”
Pero ¿qué le ha sucedido a esa dama? -exclamas-. ¿De verdad se ha vuelto santa?
Tal transformación no ocurre en elDon Giovanni de Mozart, y a tu juicio
su ópera sale ganando por eso.

II

Hay cuadros que te producen un
placer inmediato, como también ciertos barrios de algunas ciudades, los
primeros y los últimos cuartetos de Beethoven, Venecia entera, todo Matisse,
las óperas de Mozart, y esas películas que una vez y otra, no importa cuántas
las veas, te retrotraen a un placer adolescente inenarrable. ¿Mil noches
pasarías ante El abanico de lady Windermere de Lubitsch, por el mero
placer de presenciar la escena final? La enumeración de todo lo que te suscita
placer sería abrumadora. Pero con las relaciones humanas siempre te ha ocurrido
lo mismo: han sido sólo el presentimiento o la memoria de algo, lo que está por
venir, lo que ya ha pasado. Hace muchos años una italiana te dijo que los
instantes de placer más intensos no pueden despojarse de un grano de
desesperación, porque contienen ya un pregusto de la muerte. Por eso, en el
fondo, no llegarás nunca a comprender el Don Giovanni. Don Juan carece
de pasado y no intuye ni le interesa el futuro. Todo en él es presente. Lo
mismo Cherubino, ese don Juan en ciernes. Tu diferencia con don Juan y
Cherubino estriba en la capacidad de ambos para actuar, mientras que tú, si
acaso sentías el presente, te mantenías ante él en actitud contemplativa.

III

No conoces ninguna biografía de Mozart que logre
desprenderlo del aspecto arcangélico con que lo revistió su niñez prodigiosa.
Hay una obstinación de los siglos en querer confinarlo a esos cuadros donde con
traje de corte y peluca rizada, rebosante de encajes, lazos y hebillas, se
sienta ante un clavecín y sus pies diminutos cuelgan apenas a la altura del
almohadón de su asiento. Todas sus posteriores desdichas están contaminadas por
sus biógrafos de ese hálito seráfico. El azar, de pronto, te lleva a leer el
ensayo de un norteamericano que insinúa que en aquel cuerpo celestial
posiblemente se albergó la ubicua espiroqueta que en los dos siglos pasados
diezmó al ejército de las artes, y que su muerte se atribuye a una cura
mercurial inmoderada (lo que explicaría tantas circunstancias oscuras: la
leyenda de su asesinato por orden de Salieri, la sospecha de una acción también
criminal por parte de algunos integrantes de su logia, la lejanía final de su
mujer, las frases tachadas o raspadas de sus últimas cartas, las confusas
explicaciones familiares sobre su enfermedad, etcétera). La noticia te suena a
profanación, porque también tú eres reacio a despojar a tu héroe de una
atmósfera de romanticismo blando. Pocos días después, al oír La flauta
mágica
te emociona pensar que aquel cuerpo corroído por los males de amor,
abandonado por todos, cuyo féretro tardaría sólo unas semanas en viajar al
cementerio seguido por un único amigo y un perro, haya encontrado aún fuerzas
para componer ese monumento de fe en la salvación del hombre.

IV

Uno de los mayores aciertos de Don Giovanni
es el personaje de doña Elvira, insistes, porque a diferencia de las otras
mujeres que aparecen en la ópera, nada de ella se sabe. Las arias que Mozart
pone en sus labios se vuelven tan enigmáticas como su presencia. Te decides a leer
obras con el tema de don Juan, y a sus comentaristas. Te enteras de que entre El
burlador
de Tirso y el Don Juan de Molière hay cerca de una docena
de dramas con el mismo tema, todos parecidos. La historia de la literatura no
se detiene en ellos, los comentaristas los comentan como meras rarezas; con
toda seguridad, ninguno los ha leído. Se sabe, eso sí, que el éxito de esas
obras dependía siempre del convidado de piedra. El público se estremecía ante
su ceremonioso andar y su voz grave, aún más que de las sacrílegas bravatas del
burlador. Las escenas de seducción y los lamentos de las seducidas pasaban a
segundo término. No logras saber si en alguna de esas obras olvidadas nació el
personaje de Doña Elvira. En la de Molire ella tiene el principal papel
femenino: una monja exclaustrada por obra de don Juan, con quien se casa para
ser abandonada poco después. La táctica de don Juan es siempre la misma: rapto,
matrimonio, abandono. En cambio, en la ópera de Mozart no hay información sobre
su pasado, y en su entorno no aparecen ni amigos ni parientes. Una mujer sola a
la que don Juan se divierte en escarnecer vilmente. Tú la prefieres sobre las
otras protagonistas. Doña Anna es el odio puro; Zerlina, una mezcla de
ingenuidad y picardía. Sólo ella no representa nada, una mujer sin atributos,
sencillamente una mujer. La confusión de sus sentimientos, la pérdida de rumbo
te la hace sentir como un personaje trágico de nuestros días.

V

Quizá lo que más sugestivo te
resulta en Don Giovanni sea su subtítulo de dramma giocoso. ¿Por
qué giocoso?, te preguntas. ¿Es suficiente la presencia de Leporello
para otorgarle al drama ese adjetivo? Pero, entonces, ¿también la de Papageno
podría conferirle el carácter de giocoso a La flauta mágica? ¡De
ninguna manera! Sabes que las cosas no pueden ir por ahí. Quizá lo que de
verdad resulta cómico sea el hecho de que en el transcurso de la obra el
libertino no haya podido seducir a ninguna de las mujeres que pretende. Si
tales han sido en el pasado sus conquistas, bien podría uno imaginar que la
enumeración hecha por Leporello de las conquistas del burlador sea pura
fantasía elaborada por la complicidad de amo y criado. Un seductor castigado,
enloquecido por el olor a hembra que revolotea siempre en torno suyo, sin poder
disfrutar de ninguna de las presas codiciadas. Hay demasiada verbosidad en su
jactancia, esa palabrería innecesaria y arrogante que siempre te sugiere,
cuando la encuentras en la vida real, una exagerada pretensión de virilidad.
Pero no bien acabas de redactar una nota al respecto cuando adviertes que don
Juan infiere a sus mujeres una herida más profunda que la mera violación
corporal. Llega a poseer sus almas. Así, fantasmales, delirantes, agobiadas,
aun cuando sus cuerpos permanezcan sin mancilla, doña Anna, doña Elvira y
Zerlina cruzan la escena, profieren insultos, exhalan suspiros e intentan
reunir voluntades que sostengan su sed de venganza.

VI

¡Tu pobre sabiduría! En un reciente festival
mozartiano te sorprendió la semejanza entre Cherubino y don Juan. De no ser por
la lista en que Leporello enumera las galantes victorias de su amo, nada
conoceríamos de su pasado. Y ese pasado se reduce a cifras: En Italia, 641; en
Alemania, 231; en Turquía, 91; y en España, 1,003; datos sin vida, multitud
femenina carente de rostro. Don Juan transformado en máquina de fornicar y
sumar. Pero, de pronto, Cherubino, ese Adonis-Narciso-de-amor, te ofrece nuevas
luces. He ahí al libertino joven, al don Juan adolescente enamorado únicamente
del amor, para el cual la condesa, Susana y Barbarina ofrecen la misma
tentación, despiertan el mismo deseo, y quien, con astucia angelical, solicita
que le expliquen -¡ellas que lo saben!- qué cosa es el amor. Don Juan adulto ha
olvidado esa fase. Por el contrario de Cherubino que procede bajo la inspiración
del momento y cuyos recursos descansan exclusivamente en su encanto personal,
don Juan engaña, trama, manipula y es implacable con las mujeres en quienes
fija su mirada. Desea y necesita el odio de la hembra a la cual enamora. Tal
vez porque en su pubertad, cuando aún se llamaba Cherubino, fue amado por ellas
de una manera extraña. Las mujeres del palacio de Aguas Frescas pretenden
destruir su virilidad; todas, en algún momento de la obra, desean vestirlo con
prendas femeninas, convertirlo en niña, en un objeto erótico que fuera además
una muñeca, hacer de su cuerpo un juguete de disfrute inofensivo. El festival
de que hablas se clausuró con Don Giovanni. Y sentiste que estabas en lo
cierto cuando en la cena final, los músicos de don Juan le tocan aquel “Non
pi andrai” con que en la ópera anterior Fígaro había celebrado la marcha
forzada de Cherubino al ejército, lleno de regocijo ante la idea de no volver a
tropezar con él por una larga temporada:

Non pi andrai,
farfalone amoroso,

Notte e giorno
d’interno girando,

Delle belle
turbando il riposo,

Narcisetto,
Adoncino d’Amor.

El final de don Juan está
próximo. Lo espera el infierno, no el ejército, y por eso la tonada adquiere
ahí un sesgo macabro. Nunca más volverá a turbar el reposo de las bellas del
mundo aquel marchito Adonis. Feliz con tu descubrimiento, llegaste a tu casa
dispuesto a elaborar un pequeño ensayo sobre esa relación simbiótica entre
Cherubino y don Juan, volviste a oír ambas óperas libreto en mano, abriste
luego el libro de Eric Blom sobre Mozart, buscaste el capítulo dedicado a Las
bodas de Fígaro
, y el primer párrafo en que tus ojos se fijaron decía: Cherubino
points two ways. He is at once the adolescent don Juan and…
. Cerraste el
libro, descorazonado. ¡Eterno descubridor de Mediterráneos! Por supuesto
perdiste todo entusiasmo en trabajar sobre el tema.

VII

Leíste en alguna parte que una representación
perfecta de Don Giovanni es imposible. Por una u otra razón, ninguna
versión ha logrado satisfacer del todo a sus devotos. Algunos estudiosos
atribuyen ese hecho a ciertas anomalías del libreto. Dicen que Da Ponte acumuló
mecánicamente escena tras escena. Las situaciones no fluyen con la misma
naturalidad que en Las bodas de Fígaro. Se te ocurre que Da Ponte somete
a los personajes de Don Giovanni, más que a los de sus otros libretos, a
los cánones de la Comedia del Arte, que por estrechos les resultaron una
verdadera prisión. Don Juan repetirá en cada escena sus cabriolas de gallito en
brama. Doña Anna encarnará siempre el orgullo vejado y la sed de venganza;
Leporello no dejará de ser untuoso, cobarde y servil; don Octavio, tal vez el
personaje menos simpático para Mozart, se conformará con ser el leal enamorado
de la obra; doña Elvira, el dolor de la pasión escarnecida. Masseto y Zerlina,
rústicos, se comportarán como todos los rústicos del siglo. Y esas siete
alegorías andantes transitarán la escena, se encontrarán y desaparecerán,
integrarán dúos, tercetos, cuartetos, quintetos, sin que sus frases ofrezcan
ninguna variación al concepto que encarnan. Pero entonces, ¡y de ahí que Don
Giovanni
sea la obra maestra que es!, la música de Mozart se toma la
revancha y puebla de ambigüedad, de enigmas, de contrasentidos, la conducta de
esos personajes en apariencia de palo. En los momentos de mayor patetismo o de
gran solemnidad irrumpe sorpresivamente un acorde burlón; cuando se espera una
melodía humorística, nos ofrece en cambio otra de lirismo arrebatado. Y eso
vuelve complejo al personaje, lo carga de sentido y permite que en el auditorio
surjan dudas. ¿Será verdad que doña Anna desea realmente vengarse de don Juan
por haber asesinado a su padre? ¿No será que lo hace por haberse escapado
después de despertarla a los sentidos con una violencia que el pusilánime don
Octavio ni siquiera sería capaz de imaginar? ¿Y qué hay con el tiempo? Nunca
sabemos si la acción está regida por un tiempo semejante al nuestro, o si
ocurre en un espacio carente de tal. ¿En un tiempo sin tiempo?, te preguntas.
¿Se inicia, acaso, la obra al romper el alba para concluir en la noche del
mismo día, o bien, en algún momento deberá entenderse que Cronos ha dado el
tajo y entre escena y escena han pasado varios días? En el caso de que la
primera suposición fuera la cierta, como a ti te lo parece, ¿a qué horas, entonces,
sepultaron al Comendador e irguieron su estatua? Se lo preguntas a un amigo,
que acaba de entrar a tu estudio, y él te responde con sonrisa burlona que es
absurdo mantener tales escrúpulos y exigencias con la ópera. Es un género que
uno adora o aborrece, refractario a toda explicación. Que por ese camino
acabarías por exigirle lógica hasta a La forza del destino.
Y a
fin de no discutir…

 

 

Mozart_freedom

Mozart’s Don Giovanni and the Invitation to Full Freedom

Author: Casey, Thomas G.1

Source: New
Blackfriars
, Volume 88, Number 1015, May 2007 , pp. 288-299(12)

Publisher: Blackwell
Publishing

Abstract:

Mozart’s operatic masterpiece Don Giovanni raises
pivotal questions about freedom and society: should freedom be without
constraints? Is absolute freedom possible? In certain key ways these concerns
of Mozart’s culture resonate with issues that preoccupy us today. Composed in
1787, during the final years of the liberal regime introduced by the Habsburg
emperor Joseph II, the opera reflects the shadow side of his “enlightened”
reforms. The serial seducer Don Giovanni represents a liberty that has degenerated
into libertinism. The freedom that Don Giovanni wants to retain at all costs is
merely freedom as the absence of physical constraint. In the contemporary world
many people aspire to a similarly riven freedom: they reject the dictates of
external authority, and docilely submit to the promptings of instinctual
drives. Christianity invites human beings to reach beyond themselves in love.
Marriage exemplifies the self-giving of permanent commitment, and contrasts
starkly with Don Giovanni’s egoistic consumption and hasty disposal of women.
Although the lyrics and plot of Mozart’s opera never evoke the Trinity, the
musical perfection of his work dances on the threshold of Revelation, and opens
its hearers up to the liberating mystery of the freedom of Trinitarian love.

Keywords: Mozart;
opera;
freedom;
marriage;
Trinity

Document Type: Research article

DOI: 10.1111/j.1741-2005.2007.00159.x

Affiliations: 1: Pontifical
Gregorian UniversityPiazza del Pilotta 400187 RomeItaly, Email: casey@unigre.it

This entry was posted in Music. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s