«Guerra y Mentira» el control político y militar de nuestras sociedades

Primera parte: el rol de la prensa

por Giulietto Chiesa*

Nuestra
sociedad planetaria vive un cambio histórico sin precedentes. El
control del sistema informativo masivo mundial por una elite muy
poderosa. La mentira y la guerra son sus principales artimañas para
llevarnos adonde no queremos ir. El control del pensamiento y de la
opinión mediante la información mediática es su estrategia. El
experimentado periodista italiano Giulietto Chiesa y actual
eurodiputado nos explica como funciona esta maquinaria.


1. Comunicación y democracia

Son
pocas las personas capaces de esbozar un cuadro de la situación actual
del planeta. Pero eso no quiere decir que no haya nadie que vea dicha
situación. Aquellos que disponen de información tienen más
oportunidades de ver el presente, y también una parte nada desdeñable
del futuro.

De todos modos, es
cierto que la gran mayoría de la población, incluyendo a quienes toman
decisiones y tienen cierto poder, no disponen de dichas informaciones.
¿Por qué? Porque vivimos en un sistema de comunicación, y no sólo de
información, que no da noticia del mundo en que vivimos, que incluso
nos proporciona una imagen completamente falseada y nos impide ver qué
ocurre.

Pongamos un ejemplo. En Italia hemos conocido todos los detalles del crimen de Cogne [1], el de aquella madre que posiblemente mató a su hijo.
Fue
el tema principal de la prensa escrita, de los telediarios, de los
programas de cotilleo y de debates televisados. En fin, ha sido el
acontecimiento más comentado, analizado y discutido por los medios de
información durante los primeros meses del año 2002, y como resultado,
también por el público.

¿Qué hay
en juego en este tema? ¿Tiene alguna influencia sobre la «conciencia»
colectiva? Sin duda alguna ejerce una fuerte influencia en numerosos
aspectos. Pero lo que está en juego salta a la vista inmediatamente: al
ocupar las primeras páginas de la prensa durante todo un mes, la madre
de Cogne (en esto, inocente) ha eclipsado el resto del planeta. El
mundo entero ha desaparecido bajo ese sudario, incluidos los bombardeos
estratégicos estadounidenses que ametrallaban por entonces los valles
de Afganistán.

Casos de ese tipo,
incluso más sorprendentes todavía, son innumerables. Pongamos otro
ejemplo para ilustrar el hecho de que todo el sistema de comunicación e
información por completo está construido y funciona para burlarse de
todos nosotros y llevarnos adonde «ellos» quieren.
A mediados de
noviembre, cuando los tadjik llegaron a Kabul y la «conquistaron», la
prensa escrita y los telediarios italianos más importantes (y también
los menos importantes), la Repubblica, la Stampa, el Corriere della
Sera, [los telediarios] Telegiornale1, Tg2, Tg3, Tg4, Tg5, Tg6 y Tg7
nos informaron de que las mujeres afganas se habían quitado «por fin»
el burka y que los hombres se habían afeitado «por fin» las barbas.

Ahora,
ya lo sabemos, esas noticias eran falsas; pero con eso no queda todo
dicho. Tampoco basta con decir que los que las escribían, las
enunciaban y las publicaban tendrían que haber sabido que se trataba de
noticias falsas. Yo también soy periodista y me ha ocurrido haber dado
una información errónea, llegar demasiado tarde a un hecho,
proporcionar una interpretación falsa, pero eso ocurre una vez y le
ocurre a una sola persona.

¿Es
posible que el conjunto de los periódicos y los medios de comunicación
de masas nos hayan dado por casualidad, por negligencia, por
incomprensión, durante semanas enteras, dos noticias completamente
falsas? No puede haber sido un error.
Los directores de todos los
periódicos y los telediarios han movilizado a sus mejores
editorialistas para que nos cuenten esas dos patrañas durante semanas
enteras.

No es una casualidad. Es
tan sólo la demostración más notoria de que el sistema de comunicación
en su conjunto no funciona sobre la base de la verdad y de la
información correcta, sino con el objetivo de difundir noticias que
proporcionan una cierta interpretación de la realidad o de disimular
ciertas partes de la realidad en beneficio de otras que hacen mejor
servicio a los mecanismos de la dominación y que son más cómodas de
contar.

Se podría argüir que
siempre ha sido así. Pues bien, yo digo que no ha sido siempre así. Lo
que ocurre hoy día en este terreno es muy, muy diferente de lo que
ocurría en el pasado. Actualmente vivimos una nueva época histórica,
nos encontramos en un viraje decisivo de la historia. Eso no ocurre a
menudo. A menudo sucede que durante largos periodos de tiempo no hay
grandes cambios estructurales. En primer lugar, es esencial entender
esto. Y entender, en segundo lugar, que la comunicación y la
información constituyen los instrumentos decisivos de esta mutación estructural histórica, constituyen los cimientos, la base.

Sin
esta base, este cambio no hubiera tenido, y no tendría, tanta
importancia histórica. Es importante entender todo esto, porque o bien
somos capaces de hacerlo (y entonces podríamos defendernos), o bien no
somos capaces, y entonces estaríamos vencidos.

Por
otra parte, como dichos procesos se desarrollan tan rápidamente, hay
que comprender rápido, por así decirlo. El tema de la comunicación, y
el de la democracia en la comunicación, se ha vuelto esencial para
cualquier lucha que intente defender la democracia de nuestro país. O
somos capaz de tratarlo, o perderemos la democracia.

Una
comunicación indecente (es decir, desprovista de valor intelectual, de
decencia, de cultura) y manipulada (es decir, engañosa, bajo las
múltiples formas que pueden inducir al error a aquellos que la reciben)
priva a la población de medios intelectuales para defenderse. Un país
no se puede considerar una democracia si una gran mayaría de su
población está sometida a una comunicación manipulada y a una
información fundamentalmente falsa.

El
cuadro que tenemos ante nuestros ojos nos muestra que están a punto de
robarnos la democracia, aunque no nos impidan ir a votar. Mejor; así
seguiremos yendo a votar sin darnos cuenta (u olvidando) que el
ejercicio de la democracia es algo muy distinto del ejercicio del voto.
Este último no es más que una parte necesaria, pero no suficiente, para
que se pueda calificar a una sociedad de «democrática».

Pero
es evidente que el ejercicio del voto pierde todo su sentido y se
convierte en un procedimiento puramente formal si los votantes ya no
están cualificados para elegir, para ver la diferencia entre las
variantes, entre los programas, entre las opciones. Y la información es
lo que nos permite saber qué nos conviene elegir.

2. El 11 de septiembre y el fin de la soberanía nacional

Respecto
al 11 de septiembre, resumiré la situación del la siguiente forma:
nunca conoceremos la verdad sobre el 11 de septiembre. No la
conoceremos a lo largo de los próximos cien años, como dice Noam
Chomsky.

Pero de lo que podemos
estar seguros por ahora, sin el menor riesgo de error, es de que la
versión que nos han proporcionado es falsa. Incluso lo podemos
demostrar. He reunido toda la información posible, y no ha sido fácil.
No por que hubiera poca, al contrario, había mucha. Pero se encontraba
enmarañada con un montón de estupideces e incoherencias tan numerosas
como manifiestas. Tenía que desenmarañar el enredo de contradicciones
antes de establecer unas circunstancias más bien simples.

Así
fue cómo llegué a la conclusión de que el 11 de septiembre tiene causas
y orígenes muy, muy diferentes a las que conocemos, las que conocéis, y
que el Enemigo, el Satanás del que todos debemos protegernos no es
Osama Bin Laden.
Para ser más exactos, no es sólo Osama Bin Laden.

Este
último probablemente haya participado en la operación, o bien estaba
informado de algún modo, directa o indirectamente. En todo caso, no lo
hizo solo, no desde la gruta afgana donde se encontraba confinado, no
como protagonista, sino, eventualmente, como personaje secundario. Todo
lo que se ha podido reunir para encontrar una explicación indica que el
enemigo no es el Islam, sino algo más complejo, tan complejo que es
difícilmente explicable a los millones de individuos que están
obligados a sufrir las consecuencias y que no lo podrán comprender
jamás [2].

Un
fenómeno típico en las operaciones de terrorismo de estado es su
carácter complejo y la multiplicidad de los personajes que actúan unos
a espaldas de otros pero como concertados, unidos por mil hilos y al
mismo tiempo condicionados por unas estrategias que sólo unas cuantas
personas en la cumbre conocen integralmente. Mientras que, por debajo
de ellos, los subalternos empleados en distintos niveles tienen una
idea parcial, y en el nivel más bajo, los ejecutantes lo ignoran todo
respecto a los propósitos de quienes los dominan y dirigen, pero han
sido convencidos de antemano de actuar por el interés exclusivo de la
causa a la que sirven.

Explicar,
desvelar todos los pasajes, toda la pirámide, es imposible en pocas
palabras. Pero es la emoción lo que vuelve más difícil todavía hacer un
análisis imparcial. Emoción alimentada por explotar y magnificar el
dolor y el miedo reales. Emoción nutrida por la agresividad que se
desencadena contra todos aquellos que intentan discernir lo verdadero
de lo falso y a quienes acusan de blasfemos por no doblegarse a la
versión oficial: la más “evidente”, la más “lógica”, la más “simple”,
pero no por eso la más verdadera.

Nos
han anunciado el comienzo de una guerra que se prolongaría durante toda
una generación. Lo ha dicho Dick Cheney, lo ha dicho Donald Rumsfeld,
lo ha declarado George Bush. Y cuando los escuché pronunciar esas
frases, sentí un estremecimiento de inquietud:

¡Pero
qué diablos! ¿Han perdido la cabeza? Nos están diciendo que moriremos
todos en tiempo de guerra o moriremos todos en estado de guerra. Pero,
¿dónde están mirando estos señores? ¿En una bola de cristal? ¿Puede
creerse alguien que para vencer a Osama Bin Laden haga falta una guerra
que dure toda una generación? ¿Habéis oído alguna vez a un mando
militar llamar a su pueblo a las armas anunciando previamente que no
podrá poner fin a la guerra durante los treinta años siguientes?

Al
inicio, esta guerra fue llamada “Justicia Infinita”. Daos cuenta de que
los atributos infinitos sólo pertenecen a Dios. Así que nos enfrentamos
a discursos religiosos, no políticos. Por lo que parece, estos señores
piensan (o nos quieren hacer creer que piensan) que están investidos de
una misión moral, de un magisterio religioso.

Aquello
no fue un error, fue un lapsus. No sé cuál de las dos cosas es peor:
ese lapsus o el anuncio en paralelo, repetido obsesivamente, de que la
guerra iba a durar “toda una generación”. ¿Y para qué? ¿Contra quién?
¿Para qué se están preparando? ¿Por qué quieren aterrorizarnos? Como
pienso que no están locos, ni borrachos, no puedo pensar otra cosa sino
que están hablando en serio.

Los
hechos lo confirman. Veo al presidente de los Estados Unidos (a quien a
partir de ahora llamaré «Emperador sustituto»), quien a mediados de
noviembre de 2001 emite un decreto anunciando: que el presidente de los
Estados Unidos de América, basándose en informaciones transmitidas por
sus servicios secretos, instituye tribunales militares secretos; que
éstos podrán juzgar (sin obligación de presentar pruebas al acusado, y
menos aún al público) a ciudadanos extranjeros capturados en cualquier
lugar, incluso fuera de los Estados Unidos, que serán juzgados en
cualquier lugar, incluso fuera de los Estados Unidos, sin tener derecho
a elegir un abogado defensor; en fin, que podrán ser condenados sin
apelación a la pena de muerte por el voto de dos jueces militares
estadounidenses de los tres que constituyen dicho tribunal especial.

Yo leo los periódicos estadounidenses y reflexiono [3].
¿Qué se le pasa al Emperador por la cabeza cuando promulga un decreto
de ese tipo que significa, pura y simplemente, el fin de toda legalidad
internacional salvo la del Emperador? Significa que se acabó nuestra
soberanía, la soberanía de Italia, de Francia, de Alemania, de
Pakistán, de Irak, de quien sea. En otras palabras: hemos perdido
nuestra soberanía.

3. El enemigo chino

Si
a alguien la cabe la duda de que allí, en Washington, estén de broma,
que no se haga ilusiones. Intentaré ahora mostraros el cuadro que se me
presenta en toda su evidencia mientras trabajaba en la redacción del
libro La Guerra Infinita [4].
Hasta el momento no he encontrado a nadie que haya podido dar una
reconstrucción, una interpretación a la medida de desmentir mi tesis o
de refutar sus aspectos de fondo. Empecemos con una pregunta esencial.
¿Quién provoca un escándalo por atreverse a poner en cuestión lo que
los bienpensantes consideran como adquirido? ¿Quién es el enemigo?

A finales del año 2002, el Pentágono difundió un documento que llevaba una firma muy importante, la de Donald Rumsfeld [5].
En 2002, Donald Rumsfeld no era todavía ministro de defensa, pero es
importante no perder de vista el hecho de que desde finales de 2002 el
Pentágono calculaba que en 2017 el enemigo principal de Estados Unidos
sería China. Se puede preguntar, ¿por qué en 2017 precisamente?

Respuesta:
porque es el resultado de los cálculos y las extrapolaciones efectuados
por los centros de investigación militar. Basta con introducir en el
ordenador, como seguramente lo habrán hecho los analistas del
Pentágono, los datos de tendencias demográficas, económicas,
tecnológicas y militares de China para constatar que si el crecimiento
de China prosigue al ritmo actual de 7-8% de su producto interior bruto
como media anual (como lleva haciendo durante unas dos décadas), hacia
2017 mil trescientos millones de individuos comenzarán a consumir
“demasiado”. Es decir, que comenzarán a comer tanto pan como nosotros,
a beber tanta agua como nosotros, a poseer tantos coches como nosotros
y a consumir tanta gasolina como nosotros.

Y
nosotros, los ricos (incluso si nosotros no somos todos ricos y
simplemente nos hemos aprovechado de las migajas que han caído de la
mesa de los ricos), que no somos más que mil millones de individuos, ya
hemos dañado gravemente la naturaleza que nos rodea por el tipo de
consumición que vamos arrastrando. Imaginémonos un poco lo que ocurrirá
cuando mil trescientos millones de personas adicionales hagan su
aparición en la economía de mercado para consumir con las mismas
pretensiones de derroche que nosotros. Es evidente que no habrá sitio
para ellos y para nosotros, a no ser que destruyamos el fundamento
mismo de la vida sobre el planeta.

Además,
ya en el día de hoy, un solo país puede tomar decisiones sin pedirle
permiso a los Estados Unidos y a su presidente; ese país se llama
República Popular de China. Para evitar malentendidos, hago la
precisión de que no estoy emitiendo ningún juicio de valor sobre el
régimen político y social que dirige China en este momento. Me limito a
constatar los efectos actuales y potenciales de su desarrollo. Y si las
cosas se encuentran así, no se puede eludir una pregunta: ¿quién
decidirá lo que tiene derecho a consumir China? ¿Y les autorizarán a
consumir tanto como nosotros?

4. La guerra de los ricos

Hay
una enorme tensión social en el mundo, que ha crecido más allá de todo
límite precedente, entre ricos y pobres. El número de ricos se
restringe, mientras se vuelven más y más ricos, y el número de pobres
aumenta, mientras se vuelven más y más pobres. Esto representa el
primer elástico, un elástico terrible que durante los últimos veinte
años se ha tendido más allá de lo soportable.

La
diferencia entre la quinta parte de la población más rica y la de la
población más pobre se ha multiplicado por cuatro puntos y medio
durante los últimos veinte años. Una quinta parte sería el 20% de la
población más rica y la otra quinta parte, el 20 % más pobre. Cuatro
puntos y medio por año. Es decir, que la globalización estadounidense
(la llamo así porque han sido los Estados Unidos quienes han
determinado esta fase de una manera absolutamente predominante) ha
producido una acumulación monstruosa de riqueza a manos de una cantidad
ínfima de personas.

De todos
modos, esto sólo representa una parte del problema. Hay una segunda
parte mucho más importante. Es el hecho de que hemos llegado hoy día a
los límites del desarrollo. Eso tampoco había ocurrido nunca antes.
Hemos conocido un siglo y medio de desarrollo (capitalista y no
capitalista) que ha tenido un fuerte crecimiento en el norte del
planeta y un crecimiento débil o inexistente en el sur.

Sabemos
el modo en que se ha desarrollado la humanidad y lo observamos de forma
distraída. Pero es nuestra vida cotidiana la que nos tendría que hacer
reaccionar. En efecto, en la historia de la humanidad nunca había
ocurrido que los hombres modificaran su entorno. Nosotros hemos llegado
justo a ese estado. Aquí no podemos analizar todas las causas. Una vez
más, me limito a constatar hechos. El límite, el techo de este
desarrollo nuestro, a penas está por encima de nuestras cabezas; si nos
ponemos de puntillas, rozamos el techo.

En
todo el Occidente ya estamos obligados a cerrar nuestras ciudades
porque no podemos respirar. Y ahora mismo, mientras hablamos, hay mil
millones de hombres que no tienen agua para beber. Los cálculos indican
que dentro de diez años habrá dos mil quinientos millones de hombres
que no tendrán agua para beber. La alimentación de tres de los seis mil
millones de habitantes del planeta ya es un problema.

Hoy
día. ¿Qué ocurrirá entonces cuando los mil trescientos millones de
consumidores a los que aludíamos antes entren en escena? A esas
personas que querrán consumir tanto como nosotros, ¿cómo se lo podremos
negar? ¿Y a los otros tres mil millones de personas que viven con un
dólar al día? ¿Y a los millones de niños que mueren de hambre? ¿Cómo
les explicaremos que no tienen derecho?

¿Y
qué presidente de los Estados Unidos se levantará un buen día y
explicará a los doscientos cincuenta millones de estadounidenses:
«Queridos
ciudadanos, no podemos seguir así. Tenemos que cambiar este sistema de
vida, debemos concertar con el resto del monde algún medio para
sobrevivir, tenemos que determinar con ellos nuestros niveles de
consumición, nuestra calidad de vida»?

Eso
supone sentarse todos juntos a la mesa (los representantes de
Occidente, de Europa, de América, de China, de la India, del mundo
árabe, todos juntos), sacarse las pistolas de los bolsillos y dejarlas
a un lado. Supone que comencemos a conversar de igual a igual,
honestamente, sobre el modo en que tenemos que vivir, salvar nuestro
planeta, evitar poner en peligro nuestros glaciares, nuestros recursos;
que nos pongamos a pensar en el futuro de nuestros hijos y de las
generaciones por venir.

Es una de las posibilidades. Desgraciadamente, no es la más probable.
¿Cuál es la alternativa?
La guerra. Por eso vamos a la guerra.

Vamos
a la guerra porque el grupo que dirige los Estados Unidos y todos los
grupos dirigentes occidentales son incapaces de decir la verdad sobre
la situación actual del mundo. Estos hombres no tienen ni las
herramientas culturales, ni la intención de hacerlo. Quizá sea una
tarea demasiado grande, demasiado difícil, incluso peligrosa, ya que si
un presidente de los Estados Unidos se alzara para decir cosas de este
tipo, es probable que lo mataran al día siguiente.

Existen
poderes igualmente fuertes que obtusos, cuyo único interés es seguir
así, como siempre lo han hecho, con la cabeza gacha, en busca de su
propio provecho.
Pero hay que reconocer que en este asunto tampoco existe una alternativa cultural de peso.

El
aspecto esencial es que no se trata sólo de una lucha entre los ricos y
los pobres del mundo. Nos enfrentamos a una lucha completamente inédita
que no puede contrastarse más con las viejas teorías del imperialismo,
sino en términos más bien de supervivencia pura y simple del ser humano.

Habréis
entendido que nos encontramos justo en la meollo de un viraje decisivo
en la historia. Y sólo la complejidad de este terrible viraje puede
explicar que el presidente de los Estados Unidos nos haya anunciado que
entramos en una guerra muy larga, tan larga que durará una generación
entera, incluso más. Es la guerra de los ricos contra los demás.
Quieren llevarnos a esta guerra porque creen que saldrán victoriosos;
no han sabido entender que ni siquiera los ricos resultarán vencedores.
Una guerra sin vencedores.

Y yo os
pregunto y me pregunto: ¿qué podemos hacer nosotros para no entrar en
esta guerra? Personalmente no le veo sentido a ir a hacerse quemar, y
menos aún, ir a hacerse quemar sin razón alguna. Porque precisamente no
estoy convencido en absoluto de que esta guerra (una guerra que implica
la matanza de cientos de millones de hombres) sea de ninguna utilidad
para el destino de la raza humana. Y no nos ayudará tampoco a
salvaguardar los valores occidentales de los que, puestos por escrito,
estamos tan orgullosos.

(Ver partes siguientes de esta publicación en los enlaces arriba.)

Giulietto Chiesa
Parlamentario europeo y periodista. Italia

[1] Pueblo del Valle de Aosta, en Italia (Nota del traductor).

[2]
Tras el periodo de tiempo pasado desde que se pronunciaron estas
palabras, se han reconstruido muchos otros elementos de la situación,
por parte del autor y de otros observadores. Se han publicado numerosos
libros, en Italia como en el extranjero. Todos apoyan la interpretación
que aquí se avanza.

[3]
Conviene señalar que esta noticia a duras penas ha sido difundida por
los periódicos italianos, y que ha pasado completamente en silencio por
parte de las televisiones italianas públicas y privadas.

[4] La Guerra Infinita (Feltrinelli, Milán) se publicó a comienzos del mes de marzo de 2002.

[5]
En realidad, como se ha sabido más tarde, este documento formaba parte
de un estudio mucho más amplio que llevaba la firma, junto con la de
Rumsfeld, de casi todos los miembros más destacados de la actual
administración estadounidense. Se trataba del PNAC (Project for a New
American Century), una especie de manifiesto estratégico de los new
cons, es decir, los que se definen como los «Nuevos conservadores».

Segunda parte del libro «Guerra y Mentira»

por Giulietto Chiesa*

El
asunto del 11 de septiembre tiene el aspecto de haber sido una gran
operación política. Los dirigentes de Estados Unidos se esperaban un
gran enfrentamiento, pero un poco más tarde. Hubo un imprevisto. Y el
imprevisto fue que Estados Unidos se detuvo. Durante veinte años nos
han contado que el modelo estadounidense era el mejor, que la
locomotora estadounidense dominaba el mundo y que lo único que se podía
hacer era imitar a los Estados Unidos, pero las cosas no han sido así…

5. La oposición a la guerra (nuclear) infinita

No
estoy intentando vender esperanzas. Quien vende esperanzas en un
momento semejante no es más que un charlatán. Esperanza no hay más que
una, la de organizarnos para impedir que esta guerra continúe. Es muy
difícil, sobre todo porque tenemos poco tiempo en nuestras manos. La
guerra contra Irak todavía está humeando. Otras guerras vendrán, y
serán guerras asimétricas.

Entre
ellas, las habrá grandes y las habrá menores. Después de Irak le tocará
el turno a Irán. Los planes de Washington lo exigen así porque los
Estados Unidos tienen que eliminar a todo adversario intermedio. A
todos, antes de enfrentarse con China. O mejor dicho, para ser más
precisos, las guerras intermediarias tendrán como función mantener un
estado de tensión permanente que a su vez permitirá a los Estados
Unidos desarrollar un terrorífico programa de rearme.

China
podría convertirse también en un adversario contra el que no se luche,
con la condición de que haya sido puesta previamente en un estado de
inferioridad absoluta y, en cualquier caso, en una situación en que le
sea imposible rivalizar con la potencia militar estadounidense y de
acercarse (incluso de lejos) a unas condiciones de igualdad. De ahí que
la destrucción de los obstáculos intermedios tiene por función el
preparar estratégicamente el gran enfrentamiento: de este modo podrá
ser evitado por la rendición del enemigo potencial. Rendición
preventiva. Para ello hay que derribar Irak e Irán.

El
señor Bush no bromea cuando habla de los responsables del «eje del
mal». Ya los ha designado, enumerado y puesto en su punto de mira.
Ahora se trata de encontrar el medio y los pretextos para liquidarlos,
ya que resulta evidente que la verdadera razón por la que lo harán será
inconfensable.

La nueva doctrina
nuclear de los Estados Unidos lo confirma todo al declarar abiertamente
que las bombas atómicas serán utilizadas como armas convencionales. Nos
lo dijeron en marzo de 2002. La única condición impuesta a su
utilización serán evaluaciones de interés político, evidentemente no
según un criterio militar. Incluso enfrentándose a países que no poseen
tales armas, el uso de las armas atómicas es libre.

Sin
embargo existe una posibilidad para evitar esta guerra. En Italia había
un movimiento importante de la población que no quería entrar en ella.
Y también en Italia el 93% de los diputados, incluidos los de
centro-izquierda, votaron a favor de la guerra contra Afganistán,
cuando todo lo que veo y siento al recorrer el país es que una gran
parte de la población no deseaba esta guerra. Así que podemos sacar la
conclusión de que el parlamento italiano no representa de modo alguno a
la mitad (una mitad abundante) de la Italia real. Hay un enorme vacío
de representación democrática.

Hay
que empezar por ahí con el fin de prepararnos para el futuro. Por
ejemplo, debemos pedir a todos los futuros candidatos de todas las
futuras elecciones, en todos los niveles institucionales (desde el
consejo del barrio hasta el parlamento italiano, y hasta el parlamento
europeo) que nos digan antes de ir a votar qué tienen la intención de
hacer si resultan elegidos, qué compromisos están dispuestos a adoptar
para con nosotros. Y ya que la guerra continuará y se multiplicará,
tendremos que obligarlos a firmar un pacto con nosotros.

Nunca
más a favor de la guerra. A los que no acepten firmar dicho pacto los
consideraremos adversarios políticos, sean cuáles sean los partidos o
las coaliciones a las que pertenezcan. Y tendrán que firmarlo
públicamente, porque tenemos que combatir contra todo aquel que se
declare a favor de la guerra, con todas las fuerzas de las que
dispongamos y con la mayor intransigencia, por el respeto debido a las
reglas democráticas. En fin, dicho de otro modo, tendremos que apoyar a
todo aquel que se comprometa a no defender la guerra. Creo que el tema
de la guerra y de la paz es fundamental, y a partir de ahí debemos
comenzar a construir nuestra defensa. Esta es la primera tarea que se
nos impone.

6. El fin del desarme: el papel de China y de Rusia

Como
protagonista, China. Los chinos han comenzado a rearmarse y lo hacen a
un ritmo bien constante. Construirán centenas de nuevos misiles,
centenas de nuevas ojivas nucleares. Disponen de la tecnología
necesaria, y dentro de diez años será una tecnología muy depurada: por
una parte se desarrollan muy rápidamente, y por otra disponen de los
medios necesarios.

Asistimos a una
nueva carrera de rearme que inaugura una fase totalmente inédita.
Creíamos que aquella época ya había quedado atrás; pues bien, ha vuelto
con todas sus fuerzas. Como segundo protagonista, Rusia junto con
Putin. He definido la guerra en Afganistán de la siguiente forma: un
nuevo gran Yalta asiático del que los estadounidenses han salido
vencedores, sin condiciones, arrebatando de la influencia rusa a nada
más y nada menos que cinco repúblicas de la antigua Unión Soviética.

La
guerra afgana tuvo fin con la conquista estadounidense no tanto de
Afganistán como de bases militares en Asia Central, principalmente la
nueva base estadounidense de Kirguizistán, cerca de su capital,
Bishkek, pero sobre todo no muy lejos de la frontera con China: el
observatorio más próximo a Rusia y China que Estados Unidos haya tenido
nunca en Asia. Es un cambio geopolítico con consecuencias inimaginables
hace todavía un año.

La base de
Kirguizistán servirá sobre todo para repara la interferencia
electrónica de China y controlar todas las comunicaciones. Se están
construyendo dos bases militares más en Uzbekistán y Tayikistán. Parece
que hay otra en construcción, muy en secreto, en Turkmenistán. No tengo
ninguna certeza sobre ello. He intentado varias veces obtener un visado
para Ashgabat, pero nunca me lo han concedido. El secreto es absoluto.

Al
mismo tiempo, otras dos antiguas repúblicas soviéticas han pasado a
estar bajo el control directo de Estados Unidos: Azerbaiyán, con su
parte de explotación del Mar Caspio y su petróleo, y Georgia, donde los
estadounidenses han desplegado por primera vez tropas para armar e
instruir la armada georgiana, así como vigilar la frontera meridional
de Rusia.

Y pensar que todo había
empezado como la gran guerra contra el terrorismo. El resultado ha sido
una geografía política de Asia Central cambiada por completo. Putin se
ha mordido la lengua y, en este sentido, ha sido prudente. No pone el
grito en el cielo porque sabe que es inútil. Pero no hay que
interpretar el silencio ruso como una aprobación. Hay gruñidos
profundes y amenazadores; oírlos será cuestión de tiempo.

En
diciembre de 2001 Putin lanzó el submarino Guepardo, el mayor submarino
de alta tecnología que nunca hayan diseñado los investigadores
militares rusos, es decir, soviéticos. Las mismas fuentes
estadounidenses han escrito que se trataba de una novedad. Lo cual
quiere decir que este submarino nuclear, armado al menos con 120
misiles de cabeza múltiple, se ha vuelto un arma estratégica
extremadamente peligrosa. Desde la caída de la Unión Soviética es la
primera vez que Rusia lanza un submarino nuclear, un año después de la
tragedia del Kursk.

7. El abandono de los continentes pobres

Respecto
a los otros compañeros del mundo, no creo que tengan gran importancia
en este momento. El partido se juega en los términos que acabo de
indicar. África entera cuenta con mil millones de habitantes y 23
guerras en curso. Como mucho, se producirá un aumento de desembarque de
inmigrantes en nuestras costas. Creo que la supersociedad global que se
está construyendo no tiene más que formar regiones marginales.

El
resto del mundo vivirá a un lado. Nosotros somos consumidores de
energía vital, y esos millones, o más bien miles de millones, de
personas contra quienes lucharemos por la energía serán, no sólo
inútiles, sino también nocivas para la sociedad del futuro. No se
necesitará tanta mano de obra y, como consumidores, serán demasiado
pobres para suscitar ningún interés.

Ese
enorme «resto del mundo»”será abandonado a su suerte, y si los 250
millones de estadounidenses (para ser más precisos, el 10% de esos 250
millones) y los otros 800 millones de “ricos” que pueblan el planeta
(los que comen de las migajas, porque los verdaderos ricos y sus
familias no son más que unos sesenta millones) quieren seguir
consumiendo lo que consumen por ahora, el resto del mundo tendrá que
resignarse a consumir mucho menos, o sea, a vegetar o a morir.

Tendrán
que morir muchos, y ya están muriéndose. Según los datos de Naciones
Unidas se había decidido reducir en un 20%, de ahora a 2015, los
millones de personas que pasan hambre. Pero han pasado seis años desde
que comenzó ese programa, y el número de personas muertas de hambre
aumenta. Hoy día más de ochocientos millones de habitantes comen poco y
mal. El resto del mundo ha quedado fuera de juego en esta perspectiva,
en este proyecto.

8. El 11 de septiembre y la crisis económica en Estados Unidos

Así
pues, todo el asunto del 11 de septiembre tiene el aspecto de haber
sido una gran operación política. Los dirigentes de Estados Unidos se
esperaban un gran enfrentamiento, pero un poco más tarde. Hubo un
imprevisto. Y el imprevisto fue que Estados Unidos se detuvo. Durante
veinte años nos han contado que el modelo estadounidense era el mejor,
que la locomotora estadounidense dominaba el mundo y que lo único que
se podía hacer era imitar a los Estados Unidos; lo mejor es que a pesar
de todo continúan repitiéndonoslo.

Pero
ha habido un accidente, Estados Unidos se ha detenido. Nos han hecho
saber oficialmente en noviembre de 2001 que habían entrado en una fase
de recesión, y noviembre, como todo el mundo sabe, viene después de
septiembre. Pero a la vez que anunciaban la buena nueva, nos dijeron
que ellos (los que gobiernan) lo sabían desde abril de 2001, y abril,
como todo el mundo sabe, viene antes de septiembre. Cuando leí esta
noticia me dije: ¡Por Dios, ocho meses para dar al mundo la información
más importante de los últimos veinte años!

Después
me pregunté: aquellos ocho señores que se reunieron en Génova para
formar el G8 en junio de 2001, ¿sabían que Estados Unidos se había
detenido o no? Si lo sabían, nos han contado a todos un montón de
tonterías. Se han reunido sabiendo que Estados Unidos estaba en crisis
y no nos lo han dicho. Si por el contrario lo ignoraban, eso quiere
decir que estos ocho señores pertenecientes a la cúpula directiva del
mundo no poseen las informaciones esenciales sobre la situación
mundial. Pero entonces, ¿quién tiene esas informaciones?

Si
a eso le añadimos que durante aquellos meses fatales, de abril a
noviembre, hemos asistido al hundimiento de una de las mayores
multinacionales del sector energético, Enron Corporation, ¿qué debemos
pensar? 40.000 personas en la calle de golpe; una empresa arruinada;
dos billones de dólares perdidos, arrebatados por un grupo cuyo jefe se
llamaba Kenneth Lay, amigo íntimo de George Bush y que también había
financiado una gran parte de las campañas electorales de Bush, de Dick
Cheney y de Donald Rumsfeld. ¿Todo eso no os parece extraño? Hay
demasiadas coincidencias para pensar que el 11 de septiembre haya
ocurrido por casualidad.

Tras este
acontecimiento hay una gran maniobra. Terminada la época del gran
enemigo ruso, la Unión Soviética ha desaparecido hace diez años y la
globalización se ha detenido. ¿Quién la ha detenido? ¿Hay un culpable?
No puede haber sido Osama Bin Laden, él vino después. Eso quiere decir
entonces que Estados Unidos se ha detenido él solo. Estaban persuadidos
(y habían persuadido al mundo entero) de que su globalización habría de
continuar tal cual por toda la eternidad. La historia había acabado y
ya no tendría por qué haber crisis cíclicas. Pero de pronto la máquina
estadounidense se detuvo. Es decir, que la historia ha vuelto a la vida
según parece. Y siempre se acaba teniendo que rendir cuentas.

Y
henos aquí que un elemento de diversión hace su aparición en el momento
oportuno. Osama Bin Laden ha sido el deus ex machina que ha permitido
desviar la mirada del planeta entero, distraerlo del desastre y poner
en marcha al mismo un tiempo un motor que reemplaza al que ya se había
estropeado.

Había que crearse un
gran enemigo, y este enemigo intermediario ha sido el Islam.
Intermediario y transitorio. Se servirán de él mientras siga probándose
útil. Al verdadero enemigo ya lo describí más arriba y ya sólo me queda
volver a mi punto de partida: el sistema de información funciona para
ofrecernos una versión de los hechos que no se corresponde en absoluto
con la verdad.

Nos impide, pues,
saber qué ocurre, a nosotros y a todos los millones de individuos, de
hombres y mujeres que se conmueven y sufren ante las pantallas de sus
televisores.

Tercera y última parte del libro «Guerra y Mentira»

por Giulietto Chiesa*

¿Cómo
se podía justificar un ataque contra Irak? Había que proporcionar
previamente a la opinión pública internacional la prueba de que Saddam
Hussein estaba en posesión de armas nucleares y biológicas. Con este
fin se fundó en Estados Unidos los que algunos llaman el «gabinete para
la información y la desinformación», en inglés el Department of
Strategic Influence.

9. El sistema de información y la guerra contra Irak

Por
primera vez en la historia de los Estados Unidos es el Pentágono el que
se ocupa de esos asuntos. Antes sí que existía una cosa del mismo tipo,
pero dependía del Departamento de Estado. Ahora el Department of
Strategic Influence está en manos de Donald Rumsfeld [el autor escribió
este texto cuando Donald Rumsfeld era todavía Secretario de Defensa de
los EEUU, hoy en día ya no lo es más. Ha sido remplazado por Robert Gates].

El
Pentágono emite una serie de documentos que el sistema mediático
mundial se encarga de difundir inmediatamente. Preparan a sus amigos,
como ellos dicen. Les preparan (y nos preparan) diciéndoles muchas
cosas de entre las cuales algunas son ciertas, otras son medio ciertas,
y otras son completamente falsas.

Así
resulta muy difícil discernir entre la información y la desinformación.
Y además lo sabemos; la guerra de Vietnam comenzó con una gran
invención, la acusación hecha contra los pérfidos vietnamitas de haber
atacado navíos estadounidenses en el golfo de Tonkín. Sólo bastantes
años después, cuando la guerra ya había acabado, se descubrió que no
había existido tal ataque.

Hacer
la lista de este tipo de manejos exigiría redactar libros enteros. Lo
que nos deja estupefactos es el hecho de que los periodistas (los
italianos los primeros) caigan siempre en la trampa y no aprendan la
lección.

10. La sociedad civil estadounidense

En
lo que respecta a los Estados Unidos, es difícil esperar que los que se
oponen a esta guerra se vuelven los suficientemente numerosos como para
obligar a la administración a que cambie el rumbo. Las razones son
múltiples y profundas, y debemos reflexionar sobre ellas a fondo.
Durante décadas nos han presentado a los Estados Unidos como modelo de
la democracia occidental. ¿Son así las cosas? ¡No! Estados Unidos ya no
es el modelo de la democracia occidental. Hace bastante que dejó de
serlo.

Respecto al desarrollo de
la sociedad civil Europa está mucho más avanzada que los Estados
Unidos. Mirando las cosas detenidamente, incluso el sistema electoral
estadounidense (que hemos intentado copiar sin comprender que cada
democracia tenía su propia historia) se muestra mucho menos democrática
que nuestros escrutinios proporcionales obsoletos. Incluso en los
países europeos donde se practica el escrutinio mayoritario, se trata
de sistemas electorales mucho mejor articulados y menos embalsamados
que el bipartidismo absoluto de los estadounidenses, donde las
diferencias entre los dos partidos son ahora tan imperceptibles que
elegir entre ellos parece desprovisto de todo sentido.

Es
por ello que, con toda lógica, la mayoría ni siquiera va a votar. Por
otra parte, el nivel de formación democrática (y de información
política) del ciudadano estadounidense es muy bajo.

No
se trata de estar en contra o a favor de los Estados Unidos. En cuanto
a mí, yo he vivido y he trabajado allí. Conocí una sociedad dinámica y
muy diversificada, pero también replegada sobre ella misma, reducida a
la adoración del rendimiento y de la carrera profesional y, en la
mayoría de los casos, incapaz de defender sus propios derechos. En todo
caso, desprovista de organizaciones que le den la posibilidad de
defenderse. No es una casualidad que entre todos los países del
Occidente avanzado Estados Unidos sea el único que mantenga la pena de
muerte.

El hecho es que vivimos en
un mundo donde un porcentaje importante de los artículos publicados en
las páginas de nuestros periódicos está consagrado a la exaltación de
la democracia estadounidense. Reflexiones como las que estoy exponiendo
no tendrían lugar en las páginas de un periódico de gran tirada en
Italia.

Unos diez días después del
11 de septiembre, cuando el presidente ha transmitido su mensaje al
pueblo, en todas las cadenas de televisión, no encontró nada mejor que
decir que la siguiente frase: “volved a ir de compras”. Al oírlo sentí
un escalofrío. ¿No tenía nada mejor que hacer que una llamada a llenar
los centros comerciales, los templos del consumismo? Algunos días
después vimos las colas de miles de consumidores estadounidenses que se
habían levantado a las seis de la mañana para ir a las rebajas de fin
de temporada. Anticipadas para la ocasión. Así que, si lo que nos dicen
es verdad, que Estados Unidos nos lleva siempre veinte años de
adelanto, lo que nos arriesgamos a ver en ese espejo es a nosotros
mismos. Horror.

Talvez también los
chinos se reflejan ahí, unidos por la idea de que hay que consumir
siempre más, derrochar siempre más, divertirse siempre más y así del
mismo modo en una especie de compulsión repetitiva. Y la compulsión es
el síntoma de una grave enfermedad mental, por lo que me resulta
difícil no tener la impresión de que millones de estadounidenses han
llegado a un alto nivel de lobotomización. Mirad sus ciudades,
construidas a la medida y en función de los centros comerciales, de los
“malls”. Yo no se va de paseo, se va a comprar algo en los centros
comerciales, se va a visitar los centros comerciales, como antiguamente
se iba a visitar un museo.

Por eso
me parece improbable esperar de parte del pueblo estadounidense una
respuesta masiva y hostil en contra de la guerra. Quien ha sido tocado
por el virus del hiperconsumismo, quien ha recorrido hasta el final el
camino para convertirse en un consumidor impenitente, difícilmente
concibe ni siquiera la existencia de los problemas que tratamos aquí.
Nos lo ve, así de simple. Se ha vuelto ciego. Si bien es verdad (como
lo hemos resumido eficazmente) que durante la última década los
estadounidenses se han enriquecido mientras dormían, ¿cómo hacerles
entender que tienen que despertar? Para ellos es difícil. Para nosotros
también, dentro de poco, será difícil.

También
se ha dicho precisamente que Estados Unidos era el único país del mundo
donde la idea de ahorro ya no existía y donde la gente gasta más de lo
que gana. Es una situación completamente anormal. La deuda de los
Estados Unidos con el resto del mundo se eleva a unos doce billones de
dólares y continúa creciendo a razón de unos mil doscientos o mil
quinientos millones de dólares por mes. ¿Cómo se puede imaginar vivir
en paz en un mundo donde un país de 250 millones de habitantes consume
él solo un tercio de los recursos mundiales, y es el origen de casi un
cuarto de la polución del medioambiente, nuestra casa común?

11. La supersociedad global

La
verdad es que nos dirigimos hacia una supersociedad global dirigida por
una superclase global de súper ricos de todas las partes del mundo, que
vivirán en ciudades reservadas, vigiladas por sus policías privados,
porque los policías nacionales estarán destinados exclusivamente a
controlar a los pobres. Ya asistimos a ese tipo de organización
urbanística. En Johannesburgo, Sudáfrica, las ciudades de ricos
separadas ya existen. En Moscú hay barrios enteros concebidos
expresamente para los ricos, con grandes edificios donde se encuentra
de todo (campo de golf, gimnasios, tiendas, paseos, jardines de
infancia, colegios) con una entrada única vigilada por agentes privados
y muros altísimos. Esa es la imagen del futuro.

Las
élites ya no necesitarán vivir en un solo país, vivirán en el mundo
entero, en los lugares que les estarán reservados. Ya no será posible
mezclar las clases porque será demasiado peligroso para ellas. Así es
la idea que se impone en el mundo hoy día. La idea de los que podrán
consumir, y consumir en abundancia, mientras que el resto, la
aplastante mayoría, permanecerá fuera.

Una
parte relacionada con los servicios indispensable tendrá acceso al
interior y podrá beneficiarse de los restos de ese bienestar. Los otros
podrán palmarla, porque son inútiles. Y la prueba del hecho de que
serán inútiles es una tautología: serán inútiles porque habrán perdido
el tren que lleva al éxito.

Ahora
bien, los que pierdan en esta supersociedad de poderosos ávidos estarán
de todo modos equivocados y ningún capitalismo compasivo vendrá a
ayudarles. Así que, ¿por qué seguir dejándoles impunemente consumir
aire, agua y alimentos?

12. Tras la guerra de Irak

Sabíamos que la sangre iba a correr, mucha sangre: nos la han enseñado, mezclada con el polvo del desierto.
Esta
vez han decidido que las cosas funcionarían mejor así. Ya no se trataba
de una misión humanitaria, que hubiera exigido mayor delicadeza. Iban a
Irak para darles miedo a los réprobos que continúan poblando el mundo.
Era necesario, pues, que la sangre se viera y que estuviera seguida de
un castigo ejemplar, duro, implacable. Una guerra emblemática, una
guerra ejemplar, un aviso.

La
segunda guerra de Irak de los Estados Unidos ha tenido su necesaria
coreografía imperial, previamente reglada, ejecutada con la mayor
precisión.

En realidad ha habido
algún que otro error. Las cadenas imperiales debían contentarse con
instilar el miedo. No se había previsto ningún otro mensaje. Pero las
televisiones árabes han venido a arruinar las fiesta de esta cuarta
guerra del Imperio. Por primera vez en la historia de los medio de
comunicación globales (Kabul no fue más que un modesto preestreno) han
comenzado a contarnos la dolorosa historia de los vencidos.

Peor
todavía: no la de los perdedores ingenuos que entretienen en secreto la
esperanza de David, poder derrumbar a Goliat de una sola pedrada entre
los ojos. No, la televisión árabe nos ha contado la guerra a través de
los ojos de los perdedores que saben que no pueden ganar, que no se
hacen ilusiones; que son conscientes de que en el peor de los casos
morirán como perros, y en el mejor, salvarán sus vidas y las de sus
hijos para vivir esclavizados.

Y
como las televisiones occidentales no podían mostrar gran cosa,
encerrados como estaban en grandes hoteles cuidadosamente alejados del
blanco (aunque, como ya se sabe, hubo algún que otro fallo en el punto
de mira), el mundo entero ha visto durante las dos primeras semanas la
imagen de los perdedores más que la de los vencedores. Eso produjo en
efecto fantástico. Era como asistir a Hiroshima del lado de los
japoneses. Una primicia absoluta, incluso si bajo este punto de vista
el heroísmo de los pilotos de Enola Gay, los que lanzaron la Bomba,
resultaba menos evidente.

Sea como
fuere, resultaba difícil interpretar aquello que teníamos frente a los
ojos como heroísmo. Porque todas aquellas tropas de ataque tan bien
equipadas, con todas aquellas máquinas suspendidas alrededor, con todos
esos aviones arriba y helicópteros a los lados, tenían el especto de
robots programados para llevar una libertad sin manual de instrucciones.

Como
personas que hubieran aterrizado en la Luna completamente equipados
para la plantación de manzanos y perales. Y lo más extraño era
descubrir que, entre las cavidades de la Luna, había gente que
permanecía allí y combatían sin ninguna esperanza de vencer. No querían
aquellos manzanos ni aquellos perales.

¿Podían
haberlo previsto? Ciertamente, George Bush y Tony Blair no lo habían
previsto. Mientras redacto estas líneas finales, el escándalo de las
falsas armas de destrucción masiva, las mentiras proferidas al mundo
entero para declarar la guerra contra Irak, ya han explotado. Ganada en
mayo, la guerra iraquí se transforma en derrota en el mes de agosto. La
guerra en Afganistán continúa. La idea de una paz palestina concebida
como una capitulación de los palestinos ante Sharon se ha desvanecido.
Ya pueden tirar el plan trazado a la basura.

En fin, ninguno de los objetivos declarados por George Bush se ha cumplido.
La
única, la verdadera, la gran guerra emprendida por Bush ha sido la
dirigida contra Europa, dividiéndola (por el rasero de la guerra de
Irak) y preparando los diez caballos que se dispone a hacer entrar en
sus muros. Europa, Troya mal guardada e ignorante del peligro,
albergará muy pronto a diez aqueos más estadounidenses que los Estados
Unidos.

En dicho contexto, el
papel que podría haber representado para frenar la estrategia imperial
estadounidense se vuelve extremadamente problemático. Francia y
Alemania aguantan, pero Bush tiene de su lado a Blair, a Berlusconi y a
Aznar, quienes en la “vieja Europa” representan el papel de aliados de
los “diez aqueos de la nueva Europa”. París y Berlín están aplastados.

Respecto
a la Rusia de Putin, ha perdido antes de empezar. Ejemplo sin
precedentes en la historia de un país que se suicida, ha contemplado su
propia caída sin hacer un gesto. Aceptó la anulación del tratado ABM en
1972 aportando su firma bajo la declaración formal del fin de su poder,
incluso parcial. La ampliación de la OTAN hacia el Este tan sólo le ha
hecho hacer una mueca. Finalmente, ha perdido Asia Central sin
rechistar.

Dentro de quince años
Rusia se verá reducida a menos de cien millones de habitantes y flotará
sobre sus fronteras actuales como las ropas de un gigante sobre las
espaldas de un enano. Quizá tenga todavía misiles, pero ya no le
servirán (como sucede actualmente) para ejercer una presión política
sobre el Emperador, utensilios herrumbrosos e inútiles.

De
China todavía tendremos que hablar durante un largo tiempo. El destino
y la historia le han dado un papel preponderante en el siglo que acaba
de comenzar. China es el verdadero problema de Washington. A China se
consagró el PNAC, el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”. Los
dirigentes chinos lo saben a ciencia cierta. Y ninguna recuperación, o
recuperación parcial, de Wall Street permitirá desembarazarse del
problema, que se opondrá al axioma de Bush, que también fue el de
Reagan: el nivel de vida estadounidense no es negociable.

Muy
pronto ya no habrá sitio en el planeta para dos Américas, una blanca y
otra amarilla. Incluso la hipótesis de englobar a China (como
subalterna de los Estados Unidos, claro está) en el mercado occidental
no resolvería el problema.

Este es
el verdadero perfil de la situación a la que deberán enfrentarse
nuestra generación y la siguiente: hemos llegado al término. El
desarrollo que el mundo ha conocido no se puede prolongar
indefinidamente. Hay que elegir (si se acepta el cuadro que acabo de
trazar) quién puede sobrevivir en un mundo que ya está bastante «en
apuros».

Los que piensan, incluso
en el seno de la izquierda, en términos de «recuperación» del viejo
desarrollo (en el terreno económico) y que creen poder moderar las
pretensiones del Imperio (en el terreno político) están condenados al
estupor y la impotencia ante los trágicos acontecimientos que se
anuncian.

Giulietto Chiesa
Parlamentario europeo y periodista. Italia

… ¿Qué podría enseñarte?

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