Working Class Heroes (2/2)

 

 

AQUI ME TOCó JALAR.

 

 

Media hora, tiempo más que suficiente para prepararme una taza de café de grano, el instantáneo me produce agruras. Enciendo la tetera metálica mientras busco el café de Coatepec que me trajo mi hija la última y única vez que me han visitado; ella y sus hijos visitaron el Disney World, “oportunidades como esa, una vez en la vida”, así me dijo, “además el viajecito me lo paga el sindicato, cómo no voy a aprovechar”, eso fue en Septiembre de 2006, si es que la memoria no me traiciona. El silbido de la tetera me avisa que el agua ya está lista. Al darle el primer sorbo a la infusión siento que se me destemplan los dientes. Chin, eso me recuerda que tengo que comprar el cemento para mi dentadura postiza otra vez. Apuremos esto, pues. Salgo al traspatio a buscar a mi perro; mi yerno me recomendó un rottweiler porque es un excelente guardián y poseen una memoria prodigiosa. El mismo le acomodó el Sansón; ahí está el can, echado a la sombra del naranjo. El árbol me lo trajo la Tuxpeña: “esta es tierra de cítricos, se te va a dar bien, ya lo verás.” Al precio que está el galón de gasolina prefiero dejar estacionado mi viejo cougar e irme a pie.

 

En un dos por tres ya estoy en el Dollar’s Nirvana, que es la tienda de a peso de los Coreanitos, pero no alcanzo a entrar, una muchachilla me detiene en seco.

 

_ ¡Hola, qué tal!

No atino a cambiar el switch cerebral por lo que le digo.

_ Hi!

_ No compre aquí, me dice.

_ ¿Porqué? Sólo necesito rollo y pasta dental.

_ Sí, pero mucho de lo que compra aquí se produce en sweatshops.

_ ¡Ah, caray! ¿Qué es eso?

_ Pequeñas fabricas donde se maquilan productos como los que venden aquí, y que pagan bajos salarios a sus trabajadores y sin prestaciones.

_ Sí mijita, pero no traje el carro para ir al Sam’s.

_ Menos, tiendas tan grandotas como esa acaparan al mercado y tienen la economía mundial de cabeza.

_ Bonito tu pendiente de ámbar, le contesto.

_ Lo compré afuera de la Catedral de San Cristobal en Chiapas. Viajé para allá en ’95, cuando intentaron atrapar al Sup.

_ Mire, le dejo este tríptico sobre el comercio alternativo, tenemos una tienda chiquita en la avenida de allá, la dirección está ahí mismo. Déle una leída, y lo esperamos, ok?

_ Ok, mija. Adiós.

Uchales, hasta las ganas de comprar se me quitaron. Mejor más tarde vuelvo. Se me hace tarde y el Víctor debe estar esperando.

_ Te tardaste viejito. ¿Dónde andabas?

_ Me vine a patín.

_ Huh?

_ A pie, y me detuvo una muchacha cuando iba a comprar con los Coreanitos, tú.

_ Ah, ya. ¿Ya te aliviaste de esa tos? Te extrañamos en el fut, perdimos esta vez, pero como quiera terminamos de líderes.

_ ¿Ah, sí? ¿Qué pasó?

_ Les dimos descanso a los titulares, y terminamos 5-6. ¿Quién crees que se puso como poseído?

_ ¿Quién, tú?

_ Mr. Cain. A fuerzas quería meter a los mejores, y estaba en la necedad total. Lo dejamos que metiera a su chavillo y sus cuates, pero los de nosotros no. Y al terminar, como perdió se llevó los uniformes y los balones que nos compró. Ayer me dijo el Willington que renunciaba a ser DT y que se llevaba a sus chavos también.

_ ¿Apoco sí?

_ Sí, nosotros lo dejamos ser, ya no tenemos las camisetas, pero el equipo con los nuestros sigue igual.

_ ¿Y quién va ser el DT?

_ Pues tú, ¿no? ¿O apoco también te vas a rajar?, como dices tú.

_ No, pero tengo una idea mejor.

_ ¿Ya terminaste? Vente vamos a ver a mi amigo Abel, él nos va a ayudar, el hizo campeón a un equipo de beis. Ya lo verás.

 

… to be continued.

 

 
 

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