¿Ya leyó EL CONTRATO? (1/3)

¿Ya leyó el contrato?



Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo

a todos, y las ovejas y los bueyes;

y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;

y dijo a los que vendía palomas; Quitad de aquí esto,

y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.

Juan 2:15-16 (Casiodoro de Reina, 1569).



The Interrogator, By Andrew Williams


The untold story of Enigma


Reviewed by Bill Greenwell


Although this is Andrew Williams’s debut novel, he has published two well-regarded military histories. In D-Day To Berlin he explored the 11 months that tend to go missing in the public mind after the Normandy landings. This decent fiction does the same for our perception of code-cracking. We crack the Enigma code; we win the war at sea: that’s the understanding.


Not so. Williams’s novel exposes the very successful German ability to crack our own codes, and the resulting mayhem. The Interrogator is grounded in research, particularly into the interrogation techniques used on captured German sub-mariners, and their incarceration in the Lake District.



"Enigma" (Apted, 2002)


FEBRERO LOCO en la Frontera Tamaulipeca. El clima (en realidad es el tiempo meteorológico, comp@s) parece que se escapa de todo control: que si nos atacan los bochornos, que si se me enfría el… VALOR. ¡Ah, pos qué pelao tan DESCHAVETADO, verdad de Dios!


_ Prende la tele. Mataron como a diez en Reynosa -le dice mi hermano a otro de los compas en la oficina.


Por la tarde me entero que, el operativo conjunto de patrullas de la Policía Local y Tránsito no obedecían a una relampagueante reacción contra el incidente en la ciudad aledaña.


_ ¿Qué era todo ese alboroto de la mañana? -le pregunto al lavacoches.


_ Atropellaron a un tamarindo junto a las vías, Tony.


¡Ah, caray! El llevarse de corbata a los perros parece que se ha convertido en un deporte extremo en Matamoros.


_ ¿Y ustedes qué hicieron, batos?


_ Por dizque alterar el orden. Namás porque le grité a una de las que atienden en Nextel.


_ ¿Y eso?


_ Queríamos ya cerrar el contrato, y le íbamos a pagar hasta la risa.


_ ¡Uy, pus qué fijados! A mi me tienen aquí porque me lleve a un tránsito. Me quería parar el muy, pero NEL.


_ ¿Dónde fue eso?


_ Errr,… este, este, ahí en el cruce de la Sexta y Canales.



Nadie me ordenó meterme en… ‘onde no me llaman, pero pus no puedo sacudirme este… espíritu de Chucho "El Rojo".


_ ¿Quién llama? -le pregunto a uno de mis carnales.


_ Los de NEXTEL.


_ Otra vez. A ver, presta, ya me tienen hasta el copete -le arrebato el teléfono a mi jefe.


_ Bueno, bueno -se escucha del otro lado de la línea.


_ Mire, ya deje que estar… hostigando telefónicamente. Ya les ordenaron que cierren el contrato y no hicieron caso, así que no les vamos a pagar ningún cinco.


_ Aquí tiene un adeudo de más de dos mil pesos en nuestros registros. ¿Ya leyó el contrato?


_ A ustedes ya les pagaron lo que se les debía y también les avisaron que cerraran esa línea, y no lo hicieron. Le voy a colgar tan pronto escuche que vuelva a llamar. ¿Entendido?


A pesar de la violenta amenaza el teléfono vuelve a vibrar.


_ Bueno, ¿el señor Rodolfo Salas?


_ ¿Usted otra vez?


_ ¿Ya leyó el contrato?


_ Adiós.


Ya más en calma, uno de mis carnales me brinda mayor información sobre el caso.


_ Güey, güey. Es que mi papá tiene también la culpa, desde cuando le dijimos que fuera por el ese PIN pa´ cerrar el contrato.


Debí haberlo sabido: hay maneras más sutiles de hacerse oír. Al día siguiente un citatorio nos recuerda que estamos en la mira de… NEXTEL.



_ ¿Ya viste lo que llegó?


_ A ver. ¡Uta madres!, hay que ir a pagarles ya a esos güeyes.


_ ¿Tienes la lana?


_ Yo pongo la mitad, le voy a sacar a mi papá los otros $1400. ¿Vienes o no?


_ ¿Ahorita? No puedo bato, es Jueves, estoy ocupado.


_ Yo me voy solo, ¡pues qué chinga!


_ Aguanta entonces, nomás cierro esto y nos vamos.


La herida todavía supura.


_ ¿Pues qué pasó?, todavía cuando me fui iban iguales, ya cuando llegué a la casa les habían metido uno, y al regresar de correr ya eran dos. No la friegues.


_ Yo ni veo esos partidos. Ayer estaba una señora en la tele diciendo: yo veo los partidos de la selección de fútbol porque ellos reflejan la realidad de México. ¡Yaaa!


Agraciadamente en ese momento llegamos a la sucursal de NEXTEL.


_ ¿Quién nos puede atender? Traemos este citatorio.


_ Permítame verlo -nos contesta el encargado del m módulo de Recepción. Pero este citatorio lo tienen que resolver con nuestro jurídico.


_ No señor, ahí dice que tenemos 24 horas para pagar. ¿No está algún gerente o encargado que nos pueda resolver esto?


_ No, es que ahorita no hay nadie que pueda atender eso, vuelva mañana, por favor.


Mi hermano comienza a perder los estribos, y le cuesta trabajo expresarse.


_ Es que cómo… ¿Cómo?


_ Mira, compa -le digo. Esto no es personal. Yo sé que tú solo percibes un salario, pero es inaceptable que esta empresa se lleve casi tres mil pesos sin mover un dedo, mientras ellos trabajan a veces casi 12 horas diarias. ¿No crees?


_ Aquí tiene un turno para que pague en la caja, y después pasa a la ventanilla de servicios, por favor.


El pago en caja se realiza sin contratiempo. Esperar varios minutos a ser atendidos por la gente de servicio al cliente, comienza a consumir la poca paciencia de mi carnal.


_ Espéreme un momento, yo pensé que íbamos a poder utilizar la computadora de mi supervisora. ¿Cuál es su asunto?


_ Mire señorita, mi papá ya cerró este contrato por teléfono, le dijeron que tenía además venir por un PIN, estuvimos ya aquí por el PIN, no nos lo dieron porque dizque no tenían línea en ese momento, regresamos varias veces, y ahora ya resulta que tenemos que pagar mas de dos mil pesos de recargos. No es justo. Ya pagamos el adeudo, quiero que cerremos el contrato.


_ A ver, déjeme checarlo. Pero, es que este vence mañana de nuevo.


_ ¿Y luego? -pregunta extrañado mi hermano.


_ Es que tienen un nuevo adeudo.


_ ¿Qué? -hasta yo empiezo a perder la paciencia. ¿De cuánto es el nuevo adeudo?


_ Son $634.


_ ¿Traes más dinero, wey?


_ Sí, ya hay que cerrar esto.


_ ¡Ya está!, cierre el contrato mientras pagamos, señorita.


_ Es que no se puede.


_ ¡Ah, caray! ¿Por qué no?


_ Es que tenemos que esperar a mañana porque entonces vence.


_ ¿Cómo?, ¿cómo es posible que tengamos un citatorio de 24 horas para pagar, y usted no pueda cerrar un contrato ahora?, además de que le vamos a pagar ahorita.



_ Aléjese de aquí -le dice mi carnal al guardia (unos minutos después lo acusaría falsamente de amenazarlo de que ya se arreglarían, a lo mejor pensó que mi hermano todavía no había pisado una secu).


_ No se altere, no me alce la voz. Venga mañana y lo podemos resolver.


_ Perdón pero, ¿en qué país vivimos? Le estoy avisando que le vamos a liquidar la deuda, pero que queremos rescindir el contrato. Cierre el maldito contrato, ¿es eso tan difícil?


_ No lo voy a atender mientras no se tranquilice.


_ Oiga señorita, esta no es la escuelita. Yo le pago la deuda y usted cierra el contrato y ya.


_ Venga mañana.


_ No, usted me va a cerrar ese contrato ahorita.


El diálogo entre sordos no pudo proseguir porque veo a los guardianes del orden que se acercan.


_ Vaya, por fin vienen los de la AFI por mi -les digo mientras les muestro mis desnudas muñecas.


_ ¿Así que muy prepotente? Espósalo.


_ ¡Hey!, no me toques, compa.


_ Pues cálmese -me dice uno de los camisas negras.


_ ¿Por qué llamaron? -me pregunta uno de los tiras ya que estoy enganchado a la caja de la troca.


_ Es mudo, pareja. Vas a ver ahorita como va a cantar.

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