Está Muerto (1/2)

ESTÁ MUERTO




Cuando ellos lo vieron de lejos,

antes que llegara cerca de ellos,

conspiraron contra él para matarle.


Génesis 37:18 (Casiodoro de Reina, 1569)



Al amanecer del día siguiente, jueves 24, el cadáver de Marina Montoya fue encontrado en un terreno baldío al norte de Bogotá. Estaba casi sentada en la hierba todavía húmeda por una llovizna temprana, recostada contra la cerca de púas y con los brazos extendidos en cruz. El juez 78 de instrucción criminal que hizo el levantamiento la describió como una mujer de unos sesenta años, con abundante cabello plateado, vestido con una sudadera rosada y medias marrones de hombre. Debajo de la sudadera tenía un escapulario con una cruz de plástico. Alguién que había llegado antes que la justicia le había robado los zapatos.


El cadáver tenía la cabeza cubierta por una capucha acartonada por la sangre seca, puesta al revés, con los agujeros de la boca y los ojos en la nuca, y casi desbaratada por los orificios de entraday salida por seis tiros disparados desde más de cincuenta centímetros, pues no habían dejado tatuajes en la tela y en la piel. Las heridas estaban repartidas en el cráneo y el lado izquierdo de la cara, y una muy nítida como un tiro de gracia en la frente. Sin embargo, junto al cuerpo empapado por la hierba silvestre sólo encontraron cinco cápsulas de nueve milímetros. El cuerpo técnico de la policía judicial le había tomado ya cinco juegos de huellas digitales.


Algunos estudiantes del colegio San Carlos, en la acera de enfrente, había merodeado por allí con otros curiosos. Entre los que presenciaron el levantamiento del cuerpo se encontraba una vendedora de flores del Cementerio del Norte, que había madrugado para matricular una hija en una escuela cercana. El cadáver la impresionó por la buena calidad de la ropa interior, por la forma y el cuidado de sus manos y la distinción que se le notaba a pesar del rostro acribillado. Esa tarde, la mayorista de flores que la abastecía en su puesto del Cementerio del Norte –a cinco kilómetros de distancia- la encontró con un fuerte dolor de cabeza y en un estado de depresión alarmante.


_ Usted ni se imagina lo triste que fue ver a esa pobre señora botada en el pasto –le dijo la florista-. Había que ver su ropa interior, su figura de gran dama, su cabello blanco, las manos tan finas con las uñas tan bien arregladas.


La mayorista, alarmada por su postración, le dio un analgésico para el dolor de cabeza, le aconsejó no pensar en cosas tristes y, sobre todo, no sufrir por los problemas ajenos. Ni una ni la otra se daría cuenta hasta una semana después que habían vivido un episodio inverosímil. Pues la mayorista era Marta de Pérez, la esposa de Luis Guillermo Pérez, el hijo de Marina.


GARCÍA MÁRQUEZ, G. Noticia de un secuestro. Editorial Diana. México, D.F. Primera edición. 1996. Págs 155-156.



Gabriel García Márquez (Noticia de un secuestro)



A los ecologistas de la sierra de Guerrero.


Comienzan los cabildeos rumbo a la reunión en la que se debatirá uno de los temas torales en el futuro de la humanidad: el cambio climático antropogénico. ¿Nacerá, en términos prácticos, muerto el protocolo actualizado? La temperatura global seguramente tomará el estrado principal de esta tragedia contemporánea; carbon trading market very likely as one of the main magical solutions for our suffering planet. Precipitación, recarga de acuíferos, reforestación, entre otros, a segundo o tercer plano. ¿A qué cuál de los grupos inerciales de debate se unirá el gobierno mexicano? Who are gonna be trading, pardon me, negotiating for us in Copenhagen?



Existen compas con los que las conciliadoras negociaciones resultan, la mayoría de las veces, infructuosas.


Molesto, colérico, exaltado, llega uno de los batos cercanos a la oficina y, sin plantear realmente un contexto vinculante que nos de una vaga idea de lo que habla, le suelta a mi carnal.


_ Oye, ese pimpón tampiqueño llegó con mi cuate y se la hizo de tos –le suelta frontalmente nuestro conocido a mi pariente.


_ ¿Quién? ¿De qué me hablas? –trata de aclarar mi hermano.


_ Ese loco que mandaron. Llegó y dijo que si ya iba a pasar el camión o qué, que si habían resuelto lo de la cuota, que cuándo lo iba a arreglar, porque el ya se tenía que ir a Tampico. Y mi compadre lo mandó al egg, y le contestó que mejor no le moviera o le llamaba a los de mero arriba para que le bajara de… ganas –intenta convencer en imperativo tono nuestro cuate.


_ ¿Y yo que tengo que ver con eso? Nosotros hicimos nuestro trabajo y nadie mandó a este compa; que quede bien claro: ni yo ni nadie de esta oficina lo envió, y menos a lo que me platicas –ataja mi carnal.


_ Pues, sepa quién lo enviaría, pero ese güey mejor que ni se pare de nuevo por allá, o que se atenga a las consecuencias. Yo no sé, pero si no lo arreglamos, vamos a perder nuestro contacto (¿vamos?, comienza a aparecer el peine) –dispara en el mismo tono nuestro cercano amigo.


El tenor no es distinto la noche del sábado.


_ Ese mi Tony, ¿qué ondas? –me saluda efusivamente el vecino.


_ Nariz, aquí –le replico.


_ ´ira, ven. Te voy a enseñar algo, pero tú pico de cera.


_ ¡Ah, chinga! ¿Pues qué es? –pregunto ingenuamente.


_ Oooh, usté venga, que no le va a pasar nada. Aguanta aquí, por acá la tengo. ¡Mírala! ¿Cómo la ves? –me muestra un arma larga al tiempo que le coloca el cartucho.


_ ¡Ay, güey! ¿Y esa de dónde la sacaste?


_ Me la dieron unos compas. Ya les hice el encarguito de que se ocupen de áquel que te conté. Se la engrosó ya mucho a todos por aquí. ¿Apoco no? Con un levantón va a tener pa´que no vuelva a aparecer –me dice muy determinado, empeñado en aplicar su muy particular self-made justice.


_ Cálmala, ¿pues a qué le andas entrando, bato? No vale la pena lo que le vayas a hacer a ese pobre loco, por más que ya nos haya hecho está más jodido que tú y yo juntos –trato de tranquilizar a nuestro ganoso amigo.


_ Nel, bato; ese pinche vicioso ya tiene sus horas contadas – me contesta mi vecino, sin modificar su estado de ánimo.


_ Ozzz, pues tú mismo me das la razón. Es un vicioso, compa. El pobre está ya bien demacrado; ¿qué no lo ves? No quedan de él más que huesos, mi buen –intento pintarle un cuadro de hueca venganza.


Difícil es determinar que pendientes venganzas le quedan aún a los tres poderes del gobierno mexicano. Un oneroso poder judicial destila inutilidad para con las causas sociales más importantes del país. Un legislativo hipermetalizado, desconectado ya no sólo de las olvidadas promesas electorales, sino además de los más urgentes reclamos sociales. Probablemente el más grave de todos ellos sea el poder ejecutivo. Un titular titubeante, maniatado, pendular -y para colmo rodeado de un frívolo séquito-, no atina a materializar eficientemente una sóla de sus vacuas iniciativas. Cuando muchos opinamos que el sentido común dictaría estar operando políticamente, por lo menos la ley de egresos, el presidente decide embarcarse en una inaplazable gira pambolera; peligrosamente desdeñando las inundaciones en el sureste mexicano, el conflicto de la extinción de LYFC y el preocupante intento de protagonizar una moderna fuente ovejuna mexiquense.



No regrets, paisas! Háganle como quieran pero eso sí, nomás se vuelven a presentar esa clase de tipos (dos expolicías federales entre los delincuentes) en el pueblo y a ver de a cómo nos va, carajo. ¿O qué? ¿Apoco nomás en el municipio más riquillos les sobran de esos? El hartazgo nacional es evidente. Y sin embargo, algunos reservistas permanecen inconformes pero en paz –me informa desde el campo la mujer maravilla.



_ Sí, Marco. Ya era tarde, y tuve que salir para liquidar mis últimos pendientes en Michoacán, pero me sorprendió que hubiera un changarrito abierto. Ya me conoces, me metí a mirujear; encontré unas blusas bien monas, pero de repente me asaltó el nacionalismo, entonces comencé a revisar en las etiquetas el país en que habían sido fabricadas las prendas.


_ Casi tiene puras chinas –observa la mujer maravilla.


_ No, también tengo de Honduras, Singapur, y Tailandia, ahí donde se hacen los Nike –le sugiere el dueño.


_ Sí, pero si compro de esas entonces no apoyo a los fabricantes mexicanos


_ Pues sí, ¿y nosotros quién nos tira el lazo? ¿A mí quién me compra? –trata de justificar el pequeño comerciante.



_ Es que también si le compro de las otras que me ofrece, colaboro a incentivar los salarios de miseria en las maquiladoras de esos países.


_ Tiene usted razón; ya estoy hablando como los de la tele. La comprendo, pero también quiero que sepa que el gobierno está matando al pequeño empresario. Mire, no se crea, la neta sí estoy informado (le muestra una pila grande de procesos y chamuchos) y sé cómo se las gastan todos (apretadamente le describe de memoria las temas más importantes de cada una de las ediciones); pero pus ya ve cómo es la mayoría de la gente, a cualquiera espantan con el petate del muerto mientras los enajenan como las comedias y el fútbol. Usted y yo sin partido somos minoría, pero yo, desde aquí, asisto a los mitines cada que se puede, y estoy puestísimo pa´lo que se necesite, porque no tengo duda que esto tiene que cambiar, aunque la mayoría no entienda cómo. ¡A darle, pues! No tenemos de otra, ¿no cree?



En efecto, mientras la mayoría de la clase política y su avituallamiento mediático describen a una resistencia moribunda, los renegados nos movemos. ¿Recuerdan que les dije que tendríamos que resucitar al país? Nuestro movimiento goza de cabal salud, y puede darse el lujo de apoyar a otras nobles causas.



¿Qué está muerto? A nuestro compa del piso de abajo su patrón lo tiene a medio sueldo, y eso que es oficinista, tramitador, recepcionista, afanador, chofer y lo que se ofrezca. Nos informan nuestras confiables fuentes que la maquiladora de enfrente se va pa´China en diciembre, ya desmontaron los aires acondicionados. El taquero de la calle aledaña de plano no pudo aguantar, por las noches ya no veo su changarrillo encendido más. Aquí mismo se deben sueldos, los servicios de agua, luz y teléfono, y la renta del local. Y la depresión es general.



Indeed, so much is gone with the current unfinished depression. Can someone tell the obstinate praisers (too small to be called apostles) that the Chicago boys doctrine is dead? Los más aterrizados se han adaptado a las nuevas circunstancias, mientras logran definirse con claridad las nuevas reglas del juego. A pesar de las anacrónicas inercias, el ritmo cardiaco, la temperatura basal, y el nivel de plaquetas, entre otros, nos muestran que, aunque no gozamos de cabal salud, todavía resollamos. En contraparte, diariamente las acciones del gobierno federal nos hablan de una muerte cerebral, a ello también habremos de sobreponernos muy pronto todos juntos. AL TIEMPO.



M@RCerebrO;


MATAmoros, TAM(uriéndose);


13/11/09.


Anatomy of casino capitalism


…Don´t push me to the limit!


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